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DivisaderoAntonio Pérez Henares

¡Viva la corrupción!

La sociedad española enfrenta y soporta a una parva descomunal de mentirosos compulsivos, criados y crecidos a imagen y semejanza de su number one e inspirados en «San ZP» que mienten a sabiendas y con fruición y, tras haberse antes tapado un poco, lo hacen ahora a calzón quitado

Es ya el grito que les queda por dar, aunque en los hechos lo están dando ya. ¿Caricatura y exageración? No. Lo que es delirante, repugnante y vomitivo es el denigrante espectáculo al que estamos asistiendo todos los días y que nos quieren colar como esencias progresistas y democráticas cuando no son sino aguas fecales de la inmensa cloaca creada por el sanchismo, su partido y su gobierno en conjunción.

¿Qué es sino gritar un implícito ¡viva la corrupción! el apoyar a capa y espada a un tipo al que le han pillado, cual pirata con parche en la ceja, un botín de joyas metido en un cofre y que haya pasado un mes sin que diga ni mu de dónde, cómo y cuándo las pilló? ¿O es otra cosa jalear a un hermano de presidencia y cuadrilla al que todos hemos visto no saber decir ni en qué consistía su trabajo ni dónde iba a trabajar? ¿O tenerlo alojado en la Moncloa, antes como imputado y ahora ya como reo condenado, viviendo a cuerpo de rey tras haber cobrado un pastón que no tendrá que devolver porque ni la Fiscalía de su hermano mayor ni la Diputación del cómplice de prevaricación lo han solicitado? ¿O no hemos oído a la tal Leire proclamar con todo descaro sus guarrerías, conchaveos y pillajes con todo el organigrama gubernamental e incluso con la mandamás de la Guardia Civil?

Y así hasta una decena de casos y ya casi 130 «compañeros y compañeras» entre imputados, procesados y condenados por más de una treintena de jueces, desde los de 1ª Instancia hasta el Tribunal Supremo, y de las más variadas sensibilidades, pero todos aplicando, en la mayoría de los casos hasta por unanimidad, estrictamente la ley. Y si alguien cree lo contrario, que recurra o que denuncie donde se deba hacerlo en vez de insultar a toda la profesión en general por todos los altavoces y pretender imponer el vocerío a la verdad.

La sociedad española enfrenta y soporta a una parva descomunal de mentirosos compulsivos, criados y crecidos a imagen y semejanza de su number one e inspirados en «San ZP», que mienten a sabiendas y con fruición y, tras haberse antes tapado un poco, lo hacen ahora a calzón quitado y con sinvergonzonería sin igual.

Los suele encabezar, dando coces, que es lo único que se le da bien, Óscar Puente, y lo secundan por tierra, mar y aire todo el coro ministerial, los sótanos de Ferraz, las tropas de rufianes auxiliares y las bandadas de papagayos del comando Agitprop en prensa, radio, redes y televisión.

Para lograr sus objetivos, han dado con la metodología que más se ajusta a sus intereses y su situación. Más vieja que la tos y que no se ha dejado de aplicar a todos los delincuentes y corruptos que en el mundo han sido. La mafia norteamericana la llevó incluso a su más cinematográfico esplendor. Estos son mucho más zafios y grotescos, pero siguen el mismo patrón y las dos pautas esenciales, amén de la de la omertá. 1) Corromper, comprando o chantajeando, las dos cosas a la vez o cualquier otra que se pueda encontrar, a quienes puedan destapar o impedir sus acciones y convertirlos en parte de la trama, la cloaca y el alcantarillado de la banda. 2) Acusar a quienes no se han dejado llevar del ramal de todos los delitos que ellos mismos han ido cometiendo, amén de enfangar, mentir, ocultar-propalar bulos y calumnias, y por los que han sido procesados y condenados, a quienes les han descubierto, investigado, publicado y aplicado la ley. Esto es, a policías, guardias civiles, periodistas y jueces. Los enemigos a batir, siempre ha sido así, de toda organización criminal.

Es en ello en lo que, y cada vez más a la desesperada, están. Pero no les va a valer. Están pillados y bien pillados. Y cada vez van a ser más, más firmes las pruebas, más evidentes los delitos y, al cabo, a todos la Justicia les alcanzará. Manténgase la esperanza y el apoyo a quienes la tienen que aplicar. Firmeza y tranquilidad.

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