Cartas al director
Desvíeme usted la atención
Hablar hablamos siempre, cuando tenemos la barriga llena, o al menos media llena, en vez de hacerlo del dinero que garantiza la comida lo hacemos de los principios que protegen la moral lo cual indica que este país, aunque no va demasiado bien, tampoco va demasiado mal desde el momento en que los problemas se nos acumulan más en la cabeza que en la barriga. La maquinaria opositora hace su trabajo para opositar algún día al poder centrándose en buscar problemas, y cuando el trabajo aumenta y la economía emerge con más fuerza en España que en otros países europeos, los busca en la ética pero en vez de exponerlos en su justa medida lo hace de una forma tremendista para que la sociedad los digiera como un anticipo del apocalipsis.
Los problemas con los que despertamos últimamente nacen de la naturaleza ambiciosa del ser humano y por lo tanto, tarde o temprano, serán inherentes a cualquier gobierno sea cual sea su condición política. A la falta de comida la sociedad no puede hacerle frente sin ayuda gubernamental que dirija sus pasos, a la falta de principios sí, con ayuda de su propia reflexión y si de esa reflexión concluye con que bien comidos seremos fuertes para asimilar sin necesidad de harakiris cierta decadencia en el Congreso de los Diputados. No olvidemos tan rápido que cuando nuestra conciencia pida cuentas, podrá cargar con el peso de miles de pobres pero no con el de cientos de muertos.