Cartas al director
Un conocido mío
Hace ya unos años, conocí a un sujeto (iba a escribir señor, pero lo descarto), que ha resultado ser un embustero redomado, un mentiroso patológico, un farsante y un fullero, un ególatra enfermizo pagado de sí mismo hasta lo inimaginable, un egoísta, un aprovechado de los demás, que no le importan lo más mínimo; los usa y los tira como pañuelitos de papel. Además, es un engreído, pese a tratarse de un grullo con ínfulas. Es un trepa, un mindundi sin mérito académico ni profesional alguno, falso como una moneda con doble cara (como él mismo), un matón con los débiles y un cobarde con los que sabe que valen más que él, por ejemplo, con los justos. Alguien le debió llamar guapo y se lo creyó, de ahí sus andares tumbándose a un lado y al otro (como hacía Paul Newman, pero en exagerado), aunque en realidad es una copia del gran Mario Moreno caracterizado como 'Cantinflas'. Es alto, eso sí, pero se encoge ante los que lo son más que él. Es capaz de afirmar una cosa y la contraria, pero no en años, meses, días u horas; no, no, a la vez. Presuntuoso hasta lo indecible, presume de lo que hace y de lo que no hace y, ayer mismo, ya es el colmo, pude comprobar que también es capaz de presumir de lo que dice que hace y no hace, o de lo que no hace y dice que hace.
Pero hay algo en la vida que es mucho peor que ser embustero, mentiroso compulsivo, farsante, fullero, ególatra, egoísta, aprovechado, engreído, trepa, mindundi, matón, cobarde o presuntuoso, y es lo que en español académico conocemos como ser un 'mierda'. A veces son realmente peligrosos.
Y hay algo aún peor, que es ser un 'mierdecilla'.