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Cartas al director

Sociedad acelerada

Se acabó el verano. Vuelven las clases, el trabajo y los despertadores que nos arrancan del descanso para devolvernos a la rutina. Septiembre transcurre a caballo entre el final del verano y el inicio del otoño.

Pero mientras tratamos de recuperar el ritmo, los supermercados ya exhiben turrones y la lotería de Navidad. Todo se adelanta en una sociedad atrapada en el vértigo del consumo, donde el tiempo parece correr más deprisa que nuestras propias vidas.

La economía de las familias, sin embargo, no acompaña esa velocidad. Los datos del verano muestran un freno en la retirada de depósitos, y la cesta de la compra sigue encareciéndose, lo que empuja a muchos a recurrir cada vez más a las marcas blancas. La macroeconomía presume de crecimiento, pero la economía real de los hogares muestra grietas cada vez más hondas.

Mientras tanto, la salud de los ciudadanos –física y mental– se deteriora, desgastada no solo por la presión cotidiana, sino también por el incesante juego político, más pendiente de disputas externas que de los problemas internos.

Vivimos deprisa, consumimos deprisa, agotamos deprisa. ¿Con estos mimbres, qué futuro nos espera? Quizá haya llegado el momento de frenar, mirar alrededor y preguntarnos si este es realmente el camino de bienestar que queremos seguir. Porque, al fin y al cabo, ¿dónde está la sostenibilidad de nuestra sociedad? Y, si lo pensamos bien, ¿No guarda todo esto un inquietante paralelismo con el cambio climático?

Pedro Marín Usón

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