Cartas al director
Ni genocidio ni tortura
La izquierda siempre tiene la misma manera de intentar imponer su relato: tomar una palabra o una frase corta y repetirla hasta la saciedad. Es decir, por saturación. Además, le da igual que coincida o no con la definición correcta del término o la veracidad de la frase o del relato.
Lo hemos visto en los últimos meses con el conflicto de Gaza. Declarado oficialmente como genocidio, genocidio y genocidio hasta la saciedad, sin tener en cuenta lo que esta palabra supone y significa. Lo peor del asunto es que si llega un genocidio de verdad no lo sabremos identificar correctamente.
Lo de Gaza ha sido un crimen de Lesa Humanidad, donde se han pisoteado y violado los derechos humanos más fundamentales. La diferencia con aquel forma parte de una política de un Estado, en este caso Israel, y va dirigido contra la población civil. En cambio, un genocidio es un crimen en el que se busca la aniquilación de un grupo étnico, racial o religioso.
Ahora nos encontramos con otro relato que intentan imponer repitiendo el mismo mantra: tortura, tortura, tortura no paran de decir los que se han paseado por el Mediterráneo escoltados por un buque de la Armada. Lo malo es que lo dicen con un gesto impostado de no creérselo ni ellos mismos. No se les ve un moratón o un ojo negro. Ni siquiera un arañazo en los brazos o en las piernas.
Solo nos basta con ver la imagen de uno de los rehenes de Hamás para comprobar lo que es tortura de verdad: inocentes retenidos contra su voluntad y semienterrados en un túnel bajo tierra, con cara de no haber comido en muchos días y con más ganas de morir que de vivir de esa manera.