01 de octubre de 2022

Editorial

Una única Selectividad que premie la responsabilidad y el esfuerzo

Todas las mejoras encaminadas a perfeccionar la prueba de acceso a la Universidad para que mida con rigor los méritos de los estudiantes son bienvenidas. Pero también hacen falta consenso académico y político y uniformidad en la realización y aplicación en todo el Estado

El Gobierno de Pedro Sánchez ha puesto broche a su controvertida reforma educativa con la presentación de un borrador que retoca a fondo la prueba de acceso a la universidad. Básicamente la propuesta condena la memorización y trata de estimular el sentido del análisis y la interpretación del alumnado. Cuesta entender, no obstante, que se puedan ejercitar estas últimas capacidades sin la memoria y que de verdad se logre así reconocer los méritos y la madurez. Que eso, y no otra cosa, ha de buscar la conocida tradicionalmente como Selectividad, en un escenario educativo tan dinámico y cambiante como en el que vivimos.
El tipo de prueba que ha propuesto el Ministerio de Educación de Pilar Alegría rompe por completo con el modelo actual. El espíritu pedagógico del nuevo sistema recorta de manera sustancial el peso de las asignaturas troncales, así como la importancia de los conocimientos memorizados en el bachillerato, en pro de una evaluación del estado madurativo del alumno a partir de su capacidad de comprensión y análisis.
Tanto en la fase transitoria de aplicación de la nueva prueba como a partir del curso 2026-27, fecha en la que entrará plenamente en vigor la Lomloe, el llamado ejercicio general de madurez, la 'estrella' de esta nueva Selectividad, constará de un dossier compuesto por documentos escritos y gráficos sobre un tema respecto al cual el alumno redactará un texto analítico que dé respuesta a las preguntas planteadas. No existe, por lo demás, un cambio en relación a la ponderación de la nota final, un 60 por ciento sobre la nota del expediente de bachillerato y un 40 por ciento que procede de la nota de la prueba de acceso.

Sin un diálogo de amplio espectro y sin un control férreo de las ansias partidistas y sectarias, condiciones que siempre han brillado por su ausencia en todos los debates educativos, cuesta creer que puede alcanzarse un gran acuerdo en torno a la nueva Selectividad

Por otra parte, en el plano exclusivamente administrativo existe el propósito de tender hacia la unificación de la prueba de acceso o, como mínimo, de reducir las actuales diferencias entre las distintas comunidades, de ahí el deseo de pactar este nuevo sistema con los gobiernos autonómicos. Algo imprescindible, sin duda. Lo mismo que establecer un diálogo con todos los sectores de la comunidad educativa y, cómo no, con los grupos políticos de la oposición, con el PP a la cabeza.
Sin este diálogo de amplio espectro y sin un control férreo de las ansias partidistas y sectarias, condiciones que siempre han brillado por su ausencia en todos los debates educativos, cuesta creer que puede alcanzarse un gran acuerdo en torno a la nueva Selectividad. Y éste deberá de girar inevitablemente en torno a dos conceptos fundamentales: la idea del acceso a la Universidad no como un derecho sino como el fruto del reconocimiento de unas capacidades y deseos de saber contrastados y la necesidad de que se premie y aliente la cultura del esfuerzo y la responsabilidad individual.
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