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Editorial

Begoña Gómez, la vara de medir de Pedro Sánchez

El escandaloso comportamiento de la mujer del presidente define toda la trayectoria de una calamidad para España

La cuarta visita de Begoña Gómez al juzgado, imputada por cinco delitos relativos siempre a la explotación lucrativa de su parentesco con el presidente del Gobierno, resume la excepcionalidad en la que ha sumido Pedro Sánchez a la democracia española.

Porque es inusual que algo tan grave no tenga consecuencias inmediatas para su marido. Y es simplemente inaceptable que, además de negarse a dar explicaciones y a asumir responsabilidades, convierta el asunto en una conspiración política para acabar con él e impulse una agenda legislativa autoritaria para evitarlo.

La realidad está expresada en los autos del juez Peinado y de la Audiencia Provincial de Madrid, en la que se detalla el comportamiento de Begoña Gómez para crearse una cátedra instrumental, asociarla a multinacionales y empresarios inalcanzables para una ciudadana anónima y, según el razonamiento judicial, servirse de su posición para engrasar todo el montaje.

Todo esto debe demostrarse y, mientras, ha de pesar la presunción de inocencia en el ámbito legal, pero nunca en el político: es incompatible ser presidente y tener en casa a alguien que hace negocios conectados con sus funciones.

Y es un hecho que eso ocurrió y que Gómez se dedicó a captar fondos, a atraer a multinacionales, a recomendar a empresarios, a viajar con patrocinadores rescatados luego con dinero público y a usar La Moncloa como una oficina particular, cargándole al erario el coste de una ayudante para sus asuntos privados.

Acaben como acaben sus causas, el repudio es inevitable para esta frívola catedrática y para su esposo, que la ha ayudado por acción u omisión, se ha beneficiado de sus actividades y ha desatado una cacería contra el Estado de derecho para dotarse de impunidad.

En todo caso, lo de Gómez es más la vara de medir moral de Sánchez que una triste excepción. Los ejemplos de Ábalos, Cerdán o García Ortiz van en la misma dirección y dibujan el ecosistema natural de Sánchez, que explica toda su carrera política.

Esto es, una combinación de amoralidad, intereses espurios, codicia política y económica y un ataque frontal a los contrapoderes democráticos del Estado para evitar pagar el precio que tanta ignominia junta exige. Qué vergüenza.

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