04 de diciembre de 2021

Pedro Sánchez cancela la Historia

Se abre la puerta a la libre y absoluta manipulación ideológica y se niega a todos los españoles el derecho, y el deber, de conocer la historia de nuestra nación que es el pegamento que une los territorios de España

Dice el Gobierno que va a descentralizar la Historia. Tras la moda de estudiarla en inglés, que afortunadamente está quedando en el olvido, ahora toca deconstruirla a lo Ferrán Adriá, fragmentarla en cachitos que creen, al unirse de nuevo, un nuevo relato al gusto del poder.
Y es que en el borrador que se ha filtrado a los medios, el Gobierno propone, en lo que a la materia de Geografía e Historia de la ESO se refiere, un disparate que sería divertido sino fuese por el mal que inoculará en los españoles de las próximas generaciones.
Hasta ahora las diferentes leyes, que ya eran pésimas, enunciaban una serie de contenidos mínimos que debían impartirse en todo el Estado, lo que no ha impedido, como bien hemos sufrido en las últimas décadas, que las comunidades autónomas regidas por partidos independentistas hayan tergiversado y prostituido la materia con el claro objetivo de adoctrinar a los votantes del futuro.
Ya no será obligatorio tratar en clase, al menos superficialmente, la historia de Roma y Grecia, la conquista de América o la Revolución Industrial, para «no incurrir en enfoques exclusivamente academicistas». Claro, ¿por qué caer en el academicismo cuando podemos caer, simple y llanamente, en la mera manipulación ideológica?
El Gobierno plantea un temario abstracto, sin orden cronológico ni secuenciación por cursos, con unos epígrafes que son más bien una guía de pensamiento progre o el guion de una docuserie de Netflix, cualquier cosa menos una disciplina académica: la «desigualdad social y la disputa por el poder», la «marginación, segregación, control y sumisión en la historia de la Humanidad», «la familia, el linaje y la casta», «el papel de la religión en la organización social», «la transformación política de los seres humanos de la servidumbre a la ciudadanía»...

Lu Tolstova

Como no queda claro qué puede impartirse dentro de esos epígrafes, en los que cabe todo, se deja el desarrollo de los mismos a las comunidades autónomas y a los centros, con lo que se conseguirá realizar algo verdaderamente mágico: la Historia será diferente, ya no en cada comunidad autónoma, sino en cada instituto. Suponemos que se refieren a esto cuando hablan de descentralizar.
Cumpliéndose la profecía de Orwell, los Gobiernos tiránicos tendrán con esta ley la libre potestad de tergiversar la historia de la humanidad, seleccionando los contenidos que sean de su interés para promocionar y justificar sus ideologías. Lejos de buscar el fomento del pensamiento crítico, la libertad al fin y al cabo, la misión de la enseñanza de la Historia será la de adoctrinar a los jóvenes según las últimas ideas del pensamiento «woke» y la cultura de la cancelación, puestos a disposición del cabestro de turno.
Con este planteamiento, podríamos tener niños que dediquen varios cursos a estudiar las «nuevas subordinaciones económicas y culturales», pero que no toquen, en cuatro años de estudio, la romanización o la II Guerra Mundial. En el texto gubernativo se hacen referencias constantes a las «identidades múltiples», pero no alude a las comunidades autónomas, ni a Iberoamérica. Los Objetivos del Desarrollo Sostenible aparecen en el texto nueve veces, las mismas que la palabra España.
Por si esto no fuese ya suficiente dislate, los profesores profundizarán en los temas «en función del nivel del aula», obviando que llevamos décadas asumiendo, y reclamando, que la educación, para ser inclusiva, debe ser un proceso individualizado. Las aulas no tienen un único nivel, aunque las convirtamos en guetos en las que acumulemos a los alumnos con más dificultades. Si hacemos esto, destruimos la capacidad de la educación para hacer de ascensor social, la más democrática, y prácticamente única forma, que tiene una persona que proviene de una familia con pocos ingresos de mejorar su vida. Si no lo hacemos, el alumno brillante tendrá que acomodarse a esa bajada generalizada de nivel. Otro envite más a la democracia.
Para el Gobierno, según se recoge en el proyecto de Presupuestos Generales del Estado, lo importante del currículo no es lo que se explica, sino que sea competencial, centrado en el «aprendizaje más que en la enseñanza» y que permita aumentar los índices «de acceso y finalización de todos los niveles de la educación». Cómo no se nos habrá ocurrido antes. Para solucionar el fracaso escolar sólo había que dejarlos pasar de curso sin exigirles nada a cambio.
Salvo varios artículos en prensa, la idea que de la enseñanza de la Historia tiene el Gobierno, dentro del contexto de la ley educativa más ideologizada de nuestra democracia, ha pasado inadvertida. Se abre la puerta a la libre y absoluta manipulación ideológica y se niega a todos los españoles el derecho, y el deber, de conocer la historia de nuestra nación, que es el pegamento que une los territorios de España. No se puede amar lo que no se conoce. La enseñanza de la Historia es, para cualquier nación, un instrumento básico de supervivencia. 
  • Cristóbal Villalobos es historiador y escritor

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