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En primera líneaMartín-Miguel Rubio Esteban

Brindis por Luis Alberto de Cuenca

Los grandes poetas alemanes constituyen el Walhalla privado del poeta, después de los clásicos grecorromanos. Sólo cuando los hombres han comido y bebido, sólo cuando están al amparo del frío, sólo entonces, y alrededor de un fuego protector, oyen cómo el chamán cuenta las gestas del héroe primigenio de la tribu

Las imágenes de la alta literatura clásica emergen en la poesía moderna del gran poeta Luis Alberto de Cuenca. Pero desde que tú te fuiste me saben a rancio los epítetos de Aquiles y Héctor en la Ilíada, Pêleídês y Korythaíolos. Es luna llena y hay lobos aullando en sus volcanes apagados. El poeta metabolizó a Píndaro y a su agua, y de este modo se cumplió aquello de que en el pasado hay que buscar las soluciones a las miserias de nuestro presente. Lo mejor, efectivamente, es el agua para disolver los fantasmas de la ebriedad, y como Lorca, Luis Alberto de Cuenca es un poeta del agua, y como Paul Claudel no cree en el tópico despiadado de que el deber del hombre es ser feliz.

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El Debate (asistido por IA)

Los grandes poetas alemanes constituyen el Walhalla privado del poeta, después de los clásicos grecorromanos. Sólo cuando los hombres han comido y bebido, sólo cuando están al amparo del frío, sólo entonces, y alrededor de un fuego protector, oyen cómo el chamán cuenta las gestas del héroe primigenio de la tribu, el héroe fundador. Hay ruinas más grandiosas y más monumentales, como las de Grecia, Roma y Bizancio, que los modernos edificios sin historia.

Enrico Dandolo destruyó los grandes córpora de la lírica griega, y gracias a su vesania nos quedaron sólo las ruinas y los fragmentos que han abonado la lírica occidental moderna. Y es que Safó y Alceo ganan mucho en estado ruinoso o fragmentario. Todas nuestras madres son la Gran Madre, y la madre Rusia tiene el añejo sabor de la madera del inhóspito e infinito bosque del Medievo. La Madre Rusia que es Europa. La gran madre de las madres, La Madre de Julio López, en Valdepeñas. Y emerge con fuerza, de pronto, el gran Góngora y Argote, Don Luis, volviendo la hermana Marica en forma de Barbolilla. Toda buena poesía sale en horas de penumbra en el palacio feérico de Alcínoo. Y es terrible llegar a la vejez y seguir recordando, como verdes anacreontes, con los ojos del recuerdo, los tobillos de Nausícaa, la rosa inmarchitable del recuerdo. Coincidimos con el bardo de Ursaria en que se bebe mejor el divertido brebaje de Luciano de Samosata que el de Platón. Aunque los amantes creen conocerse mejor que sus padres los conocen a ellos, hay algo que los amantes nunca sabrán del uno del otro, eso inexpugnable, eso inasible, y nunca los sabrán por miedo a saber. Lo más hermoso será siempre morir bello y joven por conquistar el fantasma tramposo de Helena.

Y es hasta la única manera decente de morir. Debemos huir de los turbios sueños de paraguas metamorfoseados en murciélagos que baten sus alas membranosas en el templo barroco de nuestro corazón. ¿Por qué seguir vivo en este mundo, donde no hay más que idiotas y tarados que han prohibido los mitos y los héroes? Y precisamente ese desasosiego pertinaz que preside nuestro viaje a la nada es la vida. Luis Alberto de Cuenca en un solo verso resume todo un libro de Fernando Pessoa. El Capitán Trueno y El Jabato prepararon en su infancia el camino a la epopeya homérica. Conocí a nuestro poeta comiendo en compañía de su mujer en la velazqueña La Penela, donde las tortillas ártabras tienen el sabor luminoso de Lug, y me lo presentó con su constante lirismo apasionado mi amigo Toni Simón, el mejor logógrafo que ha tenido el PP, hoy abrazado a la más chabacana retórica, y el poeta, al saber que uno ha vivido la vida entera embriagado de las lenguas clásicas, como aquellos cristianos, Gleúkous memestôménoi, Musto pleni, me citó al divino Horacio: «Nunc itaque et versus et cetera ludicra pono».

Tras recibir el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, todavía no es miembro de la RAE, porque aunque hoy ha ganado a su egregio competidor, le han faltado cuatro votos para llegar a la mitad+1. Dice Toni que deberá ser auxiliado desde el más allá por la familia Romanones. La verdad es que, sin embargo, pocos poetas han sido tan merecedores de este reconocimiento cultural como Luis Alberto. Helenista pop se balancea entre la Alta Cultura y la cultura popular. Su bibliofilia vitalicia le ha hecho poseedor de una de las mejores bibliotecas privadas de Madrid, sobre todo en primeras ediciones. Y cómo recuerda su amor constante al libro la figura portentosa del gran santanderino: «Yo guardo con amor un libro viejo, / de mal papel y tipos revesados, / vestido de rugoso pergamino:/ de sus hojas doquier, por vario modo, /de diez generaciones escolares/ a la censoria férula sujetas,/ vese la dura huella señalada.» Marcelino no tenía el oído de tísico de Rubén para trasvasar a su alma española los ritmos y métrica clásica, la melopeya antigua, pero tuvo la intuición erudita de que ningún gran poeta se puede desarrollar ajeno a los aires de la eterna poesía clásica. Y Luis Alberto es un hijo del Mediterráneo con las mismas ensoñaciones nórdicas que tenían los ausonios del Imperio.

Martín-Miguel Rubio Esteban es escritor

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