La última bala
Incapaces de afrontar en siete años los problemas reales de España como la desigualdad, la vivienda, la corrupción o la financiación de las pensiones, quieren remover los odios de hace casi un siglo como último recurso para ganar unas elecciones
España está sufriendo un grave proceso de regresión en la vida política y en la convivencia ciudadana desde que Zapatero llegó al poder, que se ha agravado con la presidencia de Pedro Sánchez. Desde las elecciones de 1977, los dirigentes políticos de uno y otro partido marcaron una frontera que nunca traspasaron: no recuperar ni avivar los odios en un país que estuvo dividido y enfrentado durante siglo y medio con cuatro guerras civiles, más de un centenar de intentonas golpistas y siete Constituciones. Ese era el eje del mal al que no había que regresar, porque sabían a donde nos podía llevar. Y al hacerlo recogían un deseo, un estado de ánimo de la mayoría de los españoles que no querían volver a las andadas. Fue una pulsión serena, pacífica y firme que emergía de lo más hondo de la sociedad española, llegó hasta la cúpula del Estado y del gobierno y se tradujo en una reconciliación sin precedentes en nuestra historia.
Los políticos de entonces recogieron el guante e hicieron suyo este mandato; los que lo rechazaron vieron cómo los votos de los españoles los marginaron de la vida política para siempre. La frase que mejor refleja lo que entonces ocurrió la pronunció Adolfo Suárez en los albores de la Transición: «Hay que elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal». Recogía con estas palabras un mandato de los españoles de su tiempo. Estaba reclamando que el cambio económico y social que se había producido en los últimos quince años del régimen de Franco, se tradujera en un cambio político en las instituciones del Estado. Desde entonces y hasta 2004 los españoles sólo nos hemos enfrentado por los problemas que genera la ordinaria gobernación del Estado.
Pero desde que Zapatero llegó a la Moncloa, y muy especialmente con Pedro Sánchez, la política española está viviendo un camino inverso, una estrategia de regresión. Ahora el gobierno y su partido están generando una pulsión descendente que va desde el poder hasta la raíz de la sociedad española para inyectar en la ciudadanía la división, el enfrentamiento, los odios y rencores de hace un siglo.
La España abierta y reconciliada de los setenta, ochenta y noventa del siglo XX nos parece ahora una realidad enraizada desde siempre en nuestro pasado. Pero no hay que engañarse. Fue una excepción en siglo y medio. Fue uno de los momentos estelares de nuestra historia, porque veníamos de la división y el enfrentamiento. Hasta entonces la violencia, el exilio, la cárcel y la muerte habían sido las compañeras inseparables de la confrontación política. No hay que olvidar que nuestro pasado fratricida no arrancó en la guerra civil de 1936; venía de un siglo atrás. En 1977 los españoles, por primera vez en siglo y medio, miraron hacia atrás sin ira. Y no nos ha ido mal.
En 2008 se produjo un hecho aparentemente menor aunque premonitorio. Al terminar la entrevista electoral que Iñaki Gabilondo hizo en televisión a José Luis Rodríguez Zapatero, creyendo que los micrófonos estaban desconectados, el entonces presidente del gobierno afirmó: «Nos conviene que haya tensión».
Esas palabras fueron el comienzo de un proyecto de más calado, el gozne sobre el que la vida política española dio un giro radical. Fue el comienzo de una estrategia de involución de la convivencia. Porque para crear tensión había que dividir de nuevo a los españoles, y el entonces presidente y los suyos eligieron el camino del pasado que los había enfrentado entre 1936 y 1939 y varios decenios después. Se aprobaron las llamadas leyes de memoria democrática, y se resucitaron los rencores de la Guerra Civil.
Aquella estrategia comenzó a dar sus frutos ¿Recuerdan la «guerra de las esquelas» en los años de la presidencia de Zapatero cuando los hijos y nietos de los asesinados recordaban los crímenes que se cometieron en el bando republicano hacía 70 años? Algo que nunca había ocurrido. Luego han venido la «fachosfera», el «muro» y recuperar del pasado a Franco, que murió hace medio siglo. Hasta entonces no había habido muros; sólo líneas ideológicas divisorias como las líneas blancas que en los campos de fútbol separan a un equipo de otro, pero que se pueden traspasar sin que te señalen falta.
Esta estrategia de división, y de miedo al otro, oculta la incompetencia para resolver los problemas reales de España como la desigualdad, la corrupción, la vivienda, la inmensa deuda pública y la financiación sostenible de las pensiones en un país sin Presupuestos, que un día acabarán dando la cara. Es la última bala que les queda.
Emilio Contreras es periodista