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En primera líneaAntonio Hernández Mancha

Groenlandia: Tierra de nadie

Groenlandia sería mucho más rica con Estados Unidos, que con la Unión Europea, y sorprende que ahora Europa se preocupe por Groenlandia cuando no le ha hecho caso en toda su historia. Solo cuando Trump se ha fijado en ella

Donald Trump tiene toda la razón en su afán por garantizar la seguridad de la Isla de Hielo y sorprendentemente en Europa se considera esta pretensión una agresión directa de EEUU.

Nada más lejos de la realidad.

La anexión por Marruecos del Sáhara Occidental es mucho más grave desde el punto de vista del Derecho Internacional que la pretensión americana y sin embargo Europa, empezando por España, apoya tan arbitraria decisión.

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El Debate (asistido por IA)

Groenlandia constituye una res nullius una 'tierra de nadie' porque en 1985, prefirió la soledad, al separarse de lo que hoy constituye la Unión Europea cuando vio peligrar sus derechos de pesca que son la base de su economía. Desde entonces solo conserva un delgado cordón umbilical con Dinamarca que viene constituido por los 600 millones de euros anuales con los que la metrópoli cubre su déficit.

Dinamarca, por su parte, dice ostentar la soberanía sobre Groenlandia pero resulta incapaz no ya de defenderla frente a posibles agresiones, sino que tampoco se encuentra en condiciones humanas, tecnológicas o económicas de aprovechar para sí los prometedores recursos naturales de su subsuelo.

Podemos decir que Dinamarca tiene los títulos de propiedad, porque en 1953, lo que era hasta entonces una colonia fue convertido en territorio de soberanía danesa. Pero esa soberanía carece del imprescindible sustrato material de la posesión efectiva de la isla que, además, de otras dificultades se encuentra menos lejos de Washington que de Copenhague.

La excolonia tiene solamente 56.000 personas, concentrados en la capital Nuuk, y un territorio despoblado de gente, constituido en más del 80% por hielo perpetuo, que cuadriplica la extensión de España. Nótese que la ciudad de Gibraltar, en el reducidísimo territorio del Peñón y parte del itsmo, tiene 40.000 habitantes.

Por su parte toda Dinamarca tiene casi 6 millones de habitantes, con lo que enviar población a la isla desde la metrópoli, a parte de la crueldad del clima, es de todo punto imposible.

Europa, en suma, no puede sentirse agredida por Trump, porque Groenlandia, como Inglaterra, no forma parte de la Unión Europea, y porque la titularidad de Dinamarca sobre la isla es irreal, basada en meros protocolos formales carentes de virtualidad práctica.

La soberanía danesa que se alega es tan ficticia como cuando en la época de los descubrimientos españoles y portugueses la Iglesia nombraba obispos in partibus infidelium en territorios que aún no se habían descubierto ni colonizado.

Así pues, en Groenlandia no se enfrentan Europa y EE.UU. El enfrentamiento es entre EEUU de un lado, y China y Rusia de otro. Únicas potencias que tiene capacidad para hacer en Groenlandia lo que ni Europa, ni mucho menos Dinamarca, se encuentran en condiciones de hacer.

Imaginemos la posición en la que quedaría emparedada Europa con Rusia a la derecha mirando el mapa, y con Rusia a la izquierda mirando Groenlandia.

Groenlandia sería mucho más rica con Estados Unidos, que con la Unión Europea, y sorprende que ahora Europa se preocupe por Groenlandia cuando no le ha hecho caso en toda su historia.

Solo cuando Trump se ha fijado en ella.

Europa, si tuviera una voz única, que no la tiene y bien que la necesita, estoy pensando en Mario Draghi, tendría que pronunciarse sobre de qué lado prefiere que caiga la balanza.

Si a favor de Trump o a favor de Putin

Lo demás son cuentos.

Antonio Hernández Mancha es abogado del Estado y fue presidente de Alianza Popular

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