28 de mayo de 2022

tribunaalfonso ibáñez

El aborto no es un eufemismo

Cuando hablamos de interrupción voluntaria del embarazo, quitamos el foco del bebé, al que dejamos totalmente a oscuras, y lo ponemos en la madre y en su derecho a finalizar un proceso suyo de carácter privativo

La RAE define eufemismo como «manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante».
En el caso de la política, se utiliza habitualmente el eufemismo para esconder una expresión que resulta dura tras una pantalla que en la mayoría de los casos no solo modifica la percepción de lo que se quiere trasmitir, sino que ofrece una visión contraria a la realidad.
Estos días la izquierda española, fiel a su tic de imponer a toda la sociedad el pensamiento único y la condena incluso penal a quien ose pensar diferente, va a aprobar una ley que impide a personas defensoras de la vida manifestarse de ningún modo ante centros abortistas. Evidentemente, no se utiliza la palabra aborto, sino «Interrupción Voluntaria del Embarazo» y aquí tenemos una buena prueba de eufemismo político.
Cuando una mujer aborta, lo que está haciendo es eliminar una vida que hay dentro de ella, una vida independiente, un ser totalmente diferente a la madre. El sujeto pasivo es ese niño o niña al que se le quita la vida. No voy aquí a entrar en cómo se comete este asesinato ni como queda destrozado el bebe no nacido, pero sí me interesa dejar claro que se priva de la vida a un ser humano vivo, se comete un asesinato. No se extirpa un grano, no se amputa un trozo del cuerpo de la madre, se elimina una vida independiente, cierto que 100 por cien dependiente de la madre, pero una vida diferente. Como también es 100 por ciento dependiente un bebé recién nacido pero a la vez es una vida independiente y diferente.
Cuando hablamos de aborto, estamos poniendo el foco en el bebé no nacido y cuando decimos abortar, estamos hablando de quitarle la vida a ese bebé. Pero cuando hablamos de interrupción voluntaria del embarazo, quitamos el foco del bebé, al que dejamos totalmente a oscuras, y lo ponemos en la madre y en su derecho a finalizar un proceso suyo de carácter privativo. Es decir, utilizando un eufemismo, pasamos de cometer un asesinato a defender la libertad de una mujer.
Si aceptamos este perverso juego de palabras, mañana podríamos decidir que está muy bien asesinar a un amigo que ya no es tal y llamarlo «Interrupción Voluntaria de la Amistad», o asesinar a un padre y entonces se denominaría «Interrupción Voluntaria de la Paternidad»… en el caso de los ancianos, su eliminación ya se llama «Derecho a una Muerte Digna», cuando en realidad lo que se esconde es la privación de los cuidados paliativos oportunos.
Vivimos en una sociedad en la que no se ha querido debatir sobre la realidad que existe detrás de un aborto, la acción brutal y salvaje que supone, no se han querido mostrar imágenes objetivas y ciertas de un aborto… se ha escondido dicha realidad detrás de un supuesto derecho, vía un eufemismo. Y esta sociedad egoísta y superficial es capaz de tragar incluso con la eliminación de los más indefensos de su especie. Eso sí, con una oscura venda en los ojos para no ver la realidad porque en el fondo sabe que lo que está haciendo es totalmente antinatural.
Pero en estos tiempos, en los que en España gobiernan las izquierdas al son que toca la extrema izquierda, ya no solo defendemos la salvajada del aborto; ahora también está prohibido defender públicamente la vida y ofrecer a futuras madres que no quieren o pueden tener a sus hijos otras soluciones que no pasen por matarlos. Estamos creando una sociedad fundamentada en la cultura de la muerte en detrimento de la defensa de la vida. 
  • Alfonso Ibáñez es consultor político
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