17 de agosto de 2022

tribunaGonzalo Ortiz

Grietas tras la cumbre de Madrid

España no ha vuelto al centro de la política europea, como prometió al llegar al poder Rodríguez Zapatero, y la historia de nuestras relaciones con Estados Unidos en los últimos años ha estado marcada por bandazos que van desde la sumisión absoluta a los desaires innecesarios

Una vez que se ha depositado la polvareda que generó la cumbre de la OTAN, es tiempo de mirar al horizonte y ver cómo ha quedado el panorama. Me temo que la realidad queda muy lejos del potente triunfalismo gubernamental. Hay que conceder que la cumbre fue un notable éxito diplomático y que por unos días Madrid y España concitaron la atención internacional. Pero no caigamos en espejismos ni en exageraciones.
1. Compromisos de gastos en Defensa difíciles de sustanciar. Durante los días de la cumbre, Unidas Podemos estuvo desaparecida, e Irene Montero se marchó a Estados Unidos con su grupo de amigas para hacerse unas fotos en Nueva York, y departir en Washington con funcionarios norteamericanos de segundo o tercer nivel. Pero persiste la oposición global de UP al gasto militar y estos compromisos sólo se van a sustanciar en el futuro hasta 2029, quizás con un Gobierno de distinto color político.
Las compras de material de Defensa se dirigirán normalmente a Estados Unidos que proveerá al Ejército español de aviones y misiles de nueva generación. La actual situación presupuestaria no va a mejorar en los próximos ejercicios, y si hay que llegar al 2 por ciento del PIB, estos gastos adicionales en Defensa irán a engrosar el déficit y a la deuda acumulada.
2. Futuros suministros de gas procedente de Rusia y de Argelia. La condena del nuevo «Plan Estratégico» a la agresión rusa compromete el suministro de gas natural de ese origen. Parece que el primer semestre del año en curso las compras españolas del gas ruso han llegado a ser el 25 por ciento del total. En cuanto al gas argelino la situación es comprometida, sin seguridades sobre suministros futuros. Hay dudas sobre si Argelia mantendrá el volumen de dichos suministros y, sobre todo, sobre alzas futuras en el nivel de precios.
Si continúan como esperamos los suministros de gas argelino (Italia acaba de firmar un importante acuerdo al respecto) quizás haya que completarlos con acuerdos con Noruega o con el firmado recientemente por la Unión Europea con Azerbaiyán.
3. No hubo reconocimiento explícito de la españolidad de Ceuta y Melilla. Aunque el «Plan Estratégico» habla de intangibilidad de fronteras, ni el secretario general de la OTAN ni ningún otro participante de la misma (presidentes, primeros ministros, ministros de Asuntos Exteriores o de Defensa) trataron especialmente este tema. Y Ceuta y Melilla no están incluidas en el protocolo de adhesión de España a la OTAN, ni en la carta del presidente del Gobierno español al monarca alauita.
4. Dos destructores antimisiles más en Rota. Antes del inicio de la cumbre, el Gobierno español anunció con gran fanfarria que los Estados Unidos iban a enviar dos destructores antimisiles más de nueva generación en Rota (en la actualidad hay cuatro). En realidad, fueron los Estados Unidos los que habrían pedido esta ampliación y coincidiendo con el inicio de la cumbre el Gobierno español otorgó tal autorización.
En Corea del Sur, la instalación de una batería antimisiles (Thaad) en 2017 produjo una airada reacción china y muchas empresas coreanas se vieron obligadas a abandonar el mercado de la República Popular. Es verdad que, de alguna forma, los dos nuevos destructores consolidan la alianza militar con los Estados Unidos, pero también lo es que con ellos España asume importantes riesgos añadidos.
5. Formulación de objeciones al reconocimiento de Estados Unidos a la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara. Cuando el presidente Trump reconoció, al final de su mandato, la soberanía marroquí sobre el Sáhara, la casi totalidad de los medios españoles criticaron con dureza esta declaración. Pero lo cierto es que no hubo protesta formal y que la carta de Sánchez a Mohamed VI fue en la misma dirección. Parece lógico, pero lamentable, que no se haya aprovechado la cumbre para recordar la doctrina de la ONU con respecto a la descolonización del Sáhara, en una causa, la de los saharauis que el Gobierno ha abandonado, perjudicando de esta forma, seriamente, nuestras relaciones con Argelia.
6. Falsa sensación de que España ha vuelto al centro de la política internacional. España no ha vuelto al centro de la política europea, como prometió al llegar al poder Rodríguez Zapatero, y la historia de nuestras relaciones con Estados Unidos en los últimos años ha estado marcada por bandazos que van desde la sumisión absoluta a los desaires innecesarios.
Lo cierto es que España no cuenta con amigos y aliados firmes en Europa, ni en Iberoamérica, con la profusión reciente de regímenes populistas de izquierda, ni tampoco en horizontes más lejanos. Cuando Biden se reúne con los líderes europeos no convoca al presidente del Gobierno español, y España estuvo extrañamente ausente de la reciente cumbre de las Américas.
7. Falta de iniciativas o avances para parar la guerra de Ucrania. El «Plan Estratégico» señaló a Rusia como el responsable de la agresión a Ucrania y a China como país que tiende a subvertir el actual orden internacional. Parecía, con la presencia de los mandatarios de cuatro grandes países de la cuenca Asia-Pacífico, que la OTAN pretende sumarlas a su alianza estratégica.
Han transcurrido varias semanas desde entonces y la guerra continúa. No se han abierto nuevos caminos para la paz y los informativos de todo el mundo siguen mostrando la terrible estela de odios, muertos y destrucciones en una parte notable del país.
  • Gonzalo Ortiz es embajador de España
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