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TribunaJosé F. Martín Cinto

Repetir los mismos errores

A mí me ha servido mucho lo que decía Santa Teresa de Calcuta: 1. El día más bonito, hoy; 2. El obstáculo más grande, el miedo; 3. La cosa más fácil, equivocarse; 4. El mayor error, hundirse

El motivo de este artículo no es otro que el tratar de entender y aportar algo positivo a lo más terrible de toda la humanidad, que no es otra cosa, salvando las distancias, que repetir los mismos errores, generación tras generación, en prácticamente toda la Tierra.

Desde el Génesis, donde por primera vez, nos sentimos ser nuestro propio dios, no necesitando al Creador, hasta nuestros días, todos los pueblos, naciones y razas, de una forma o de otra, han tratado de imponer siempre la ley del más fuerte, mediante guerras y más guerras que no han dejado nunca y menos hoy en día de provocar dolor y más dolor entre toda la población correspondiente para que, al final, no sirviese para nada a los nuevos vencedores, ya que de manera repetitiva a lo largo de la historia, serán remplazados por nuevos vencedores y con los mismos procedimientos.

Creo importante, hacer hincapié en una virtud esencial para la humanidad, la esperanza, que es la certeza que hemos nacido para no morir más, para disfrutar de la plenitud. La esperanza es invencible porque no es un deseo, es la certeza que caminamos hacia algo, que no desearíamos que fuese, sino que es ya. Como creyente, sé que Dios no defrauda nunca la esperanza, porque no puede renegar de sí mismo. Pensemos que el optimismo puede llegar a defraudar, pero la esperanza, no, siendo lo más divino que existe en el corazón humano.

Dicho esto, creo que como humanidad, estamos obligados, una vez más a llevar a la práctica que las relaciones entre pueblos y estados no tiene que regirse por la fuerza de las armas, sino por los principios del buen juicio, es decir, la verdad, la justicia y la cooperación activa. No hay paz sin justica y no hay justicia sin perdón. Creo llegada la hora de la humanidad en la que se tiene que sustituir la cobardía de las armas, por la valentía de la reconciliación y estoy seguro que es así, porque una autoridad que no practica la verdadera justicia, es simplemente una dictadura.

Además de este inmenso problema de los hombres, de imponer las razones a porrazos, guerras y sufrimientos, tenemos hoy en día un problema mundial añadido como consecuencia de las más de 50 guerras continuas o intermitentes en el mundo, así como el problema de la inmigración que se genera ante estas situaciones límite en tantos países ferozmente explotados por potencias occidentales. De hecho, en estos momentos, no se lleva nunca a la práctica de verdad, que la migración es dos veces un derecho: el derecho a encontrar en el propio país, las condiciones para llevar una existencia digna y el derecho a desplazarse cuando esas condiciones mínimas no existen. No olvidemos que todos los seres humanos sin excepción, o somos hermanos por religión, o somos iguales por creación.

Si destruimos el medio ambiente, en todas las formas en que lo hacemos, no podría haber un mañana que nos sostenga, por eso en la era de la inteligencia artificial, no puedo olvidar, que el amor es indispensable para salvar todo lo humano, ya que la trayectoria personal de cada uno, es la que se realiza desde el corazón y al final de la vida, creo que es lo que contará.

No puedo dejar de expresar que la fe es fundamento de lo que se espera y garantía de lo que no se ve, por eso es mejor ser cristiano sin decirlo que proclamarlo sin serlo. Al final de nuestra existencia, no se nos exigirá que hayamos sido creyentes, sino creíbles.

Todo esto, que evidentemente tiene un enfoque trascendente, me hace afirmar que es precisamente ese enfoque trascendente el que tiene que imperar finalmente en la humanidad, si la actual la queremos salvar de su destrucción, más cercana del final que nunca en la historia por la barbarie tecnológica, enfocada a terribles destrucciones, que impera en estos momentos en el mundo, para tener poder unos sobre otros.

Tenemos que volver a pensar y poner en práctica todas las tradiciones positivas que hemos ido atesorando a lo largo de la historia, como principio para mantener el rumbo, ya que la tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego. A mí me ha servido mucho lo que decía Santa Teresa de Calcuta: 1. El día más bonito, hoy; 2. El obstáculo más grande, el miedo; 3. La cosa más fácil, equivocarse; 4. El mayor error, hundirse.

Si lo pensamos bien, el mundo lo mueven pocas personas en cada época; unos con procedimientos brutales y otros como Jesús, con Palabra y Amor infinito hacia el hombre y su libertad; hablar de esto hoy en día es una temeridad, según parece, ya que se supone que la religión, la que sea, sólo tiene que pertenecer a la esfera privada y no molestar en público a los grandes pensadores, formalmente ateos, que se consideran sus propios dioses y que veo, una y otra vez, que con su desaparición no suelen dejar ningún resto imperecedero que merezca la pena.

Ahora parece que el mundo está dominado por tres o cuatro grandes naciones como EE.UU., China, Unión Europea y Rusia, que sostienen el mundo en una precaria paz, sustentada en guerras convencionales más o menos fijas y otras intermitentes, que permitan de una manera u otra seguir repartiéndose el mundo entre unos pocos privilegiados, mientras que para el resto de los mortales, sólo sufrimiento, dolor, muerte, pobreza o resignación. ¿¡¡Esto es lo bueno!!?

José Fernando Martín Cinto es licenciado en Ciencias Físicas

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