A García Montero se le ve el plumero
El Festival de Cine Español de Málaga de 2016, y con aportaciones de TVE y Canal Sur, incluyó una peli biográfica para promocionar el estilo de vida y obras de nuestro hombre con el apoyo de la zurda cosmopolita: Sabina, Serrat, Ríos, Almudena (su pareja), Garzón, Bardem… y equipo médico habitual
Mientras España se escandaliza de que Nadia Calviño reconozca en su libro Dos mil días en el Gobierno manipulaciones estadísticas, Luis García Montero alaba hasta el pulimento a la autora del fraude, demostrando la pasión por el Gobierno que le regaló el Instituto Cervantes en el verano de 2018, tras vagar sin techo después de forzada renuncia a la universidad y escarceos en política sin probar rosca.
Empezaremos por ver quién es. Y nada como acudir a Wikipedia donde consta que nació en Granada, 1958, dentro de aburguesada familia de clase media andaluza; que estudió en los escolapios y luego Filosofía y Letras en la Universidad de su ciudad, licenciándose en 1980, doctorándose en 1985 (con tesis sobre Alberti del que fue devoto), haciéndose temprano profesor asociado en 1981, más tarde profesor titular y finalmente catedrático, todo por la vía de los concursos, suprimidas que fueron las oposiciones en la docencia superior.
Desde la tierna juventud militó de comunista en IU, en cuyas listas figuró sin éxito para las europeas de 2004. En las generales de 2011 también apoyó a la formación de Llamazares, donde pasó a un cargo clave en octubre de 2012.
En las votaciones de 2015 fue cabeza por Madrid con el fin de presidirla, pero su buscado triunfo quedó en el batacazo de perder los trece representantes anteriores, lo que le indujo a prometer que nunca optaría a cargo público. Un desdén de político vetado popularmente al que rescató PS aupándolo a director del Cervantes con más de cien mil euros y oficinas por todo el orbe entre dietas y viáticos, gastos de representación y otras bicocas. Unos privilegios que pudieron más que su amor propio herido en los comicios, llevando ya siete años enganchado al pezón del Estado; y los que resten, porque este no es de los que conjuga el verbo destetar, solo el de mamar mientras a tirones no lo suelten de la teta.
El Festival de Cine Español de Málaga de 2016, y con aportaciones de TVE y Canal Sur, incluyó una peli biográfica para promocionar el estilo de vida y obras de nuestro hombre con el apoyo de la zurda cosmopolita: Sabina, Serrat, Ríos, Almudena (su pareja), Garzón, Bardem… y equipo médico habitual.
¿Y a cuento de qué dejó la universidad? Le pesó verse condenado en 2008 por injurias graves con publicidad al tildar en El País a otro profesor de tonto indecente y perturbado, además de llamarle (sic en internet) hijo de puta y cabrón en una reunión con miembros del departamento. A ello se suman ciertas polémicas por incidentes en el jurado del Premio Ciudad de Burgos que presidía y postergaciones a la viuda de Alberti, siendo reciente otra impertinencia con el director de la RAE al que dedicó dos exabruptos: no ser filólogo para una función honorífica sin sueldo encomendada por los sufragios del claustro académico que no repara en tal condición, y la de tener un bufete de prestigio como catedrático de Derecho Administrativo por oposición, mérito personal ajeno a las concesiones ideológicas que el ofensor prefiere en su anhelo de politizar la RAE para hacerla de los suyos y mangonear un idioma de consignas.
Con estos antecedentes y presupuestos, el 3 de noviembre dedica su columna en el periódico gubernativo a la recensión del ya citado libro, netamente económico, siendo él solamente un literato sin nociones de economía, más allá de la doméstica en todo caso. Pese a esa carencia, su osadía lo lleva a enjuiciar las memorias donde la colega de ideas confiesa injerencias en la independencia del INE.
Sin embargo, el aprovechado poeta, simulando entender de esto como si fuese Fuentes Quintana o un nobel de la especialidad, se deshace en gratitudes hacia la exministra, a quien, como a toda buena galga, la vanidad le viene de casta y raza. Y así el doctor Montero sostiene —cito casi literal— que el libro demuestra cómo esta experta en las instituciones españolas y europeas ha logrado que la economía española, sometida a mareas de crispación política, ofrezca datos envidiables en un contexto complicado, sin abandonar los rumbos deseados para nuestra sociedad con avances digitales y una dimensión humana definitoria del modo en que Sánchez ha navegado por los mercados financieros la crisis, la pandemia y la dignificación del empleo, los salarios y las pensiones. En resumen, que tres son los triunfos de Calviño según su mentor: el respeto por las personas; dejar las cosas claras en las demagogias desinformativas al servicio de intereses mezquinos que ocultan la verdad de forma manipuladora; y su conciencia feminista para hacerse visible como hembra en la sociedad varonil.
Concluye ensalzando la seguridad en sí misma de esta admirada triunfadora que trabaja por Europa y sus valores democráticos. Y cierra con la guinda de que, además, saca tiempo para leer, ver teatro, oír conciertos y disfrutar del mar en la bahía de Cádiz, silenciando los casi 400.000 € que se embolsa sin deber de residencia ni contar las compensaciones de la munificente UE que permiten vivir sin gastar un real.
Por colofón, una frase para la historia: él, el García Montero pelotillero, que camina mejor a rastras que erguido, ha tenido la suerte de hacerse su amigo. Y hará bien, le digo, en no quebrar esa camaradería de jugosas rentas, lo que acredita cómo de guay le pita al afortunado este enchufe que ni en la docencia ni mediante las urnas consiguió empalmar. Quizá por ser manazas en el emprender por cuenta propia y privada ajena, pero muy apto para el destino a dedo con nómina pública, poco curro —compatible con casi todo— y mucho viaje en avión a todo tren y coche al punto paseando un ancho mundo necesitado de dialectos regionales y exigente de absolución penitencial a nuestros colonizadores por sus desmanes. Que Dios no le oiga. Amén.
- Eduardo Coca Vita pertenece al cuerpo superior de Administradores Civiles de Estado