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En primera líneaEduardo Coca Vita

Erre que erre con la reducción de jornada

Campeones de Europa también en competiciones masculinas y femeninas de tiro al empleador austero, sobrio y sencillo tenido por ladrón y ratero. Porque —se oye insistentemente— no hay que vivir para el trabajo, solo para disfrutar más bregando menos sin que te exploten y expriman

La torrentera de hechos y sucesos noticiables del día a día logra que no pocos de importancia desborden a la prensa, quedando en un inmerecido segundo plano. Así el recorte de jornada, que se aplaza y aplaza pero no se archiva. Entre otros motivos por la reticencia del ministro de Economía que actúa como opositor a su superiora, no sé si por convicción o estrategia frente a su caída en peso y popularidad que le llevó a decir que no era nada mantener los cinco minutos hora del sistema actual.

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Quienes por media hora al día libran batalla también dicen que treinta minutos de mordida no son nada. Y claro que no son mucho para cada trabajador, pero pueden arruinar la empresa pequeña o mediana, acelerar la inflación y afectar al paro como ocurrencia precipitada sin acuerdo de todas las partes. La rubia mal vestida —estilo cacatúa empeorado— no busca el bien laboral. Persigue perpetuar gangas: un atuendo cada día si no dos, el goce de 500 m.2 de estancia equipada y mayor cohorte que los reyes preconstitucionales. Un vivir a lo grande con viandas, servidumbre y vigilancia cargadas a los que habitan cuchitriles o comparten habitación, cocina y váter. Poco sufre Yoli el coste de vida, las cuotas sociales, las retenciones fiscales, el alza del alquiler, las cuestas de enero y julio... Ella duerme en Pikolín. Su caravana de lacayos le tienen todo en orden y a pedir de boca, IVA incluido, en antojos y bicocas. Le sobran días para viajar con más pelotilleros y gorrones que escoltas, súbditos y chivatos en el palacio de su majestad imperial don Pedro el Tenaz, Begoña la Tenaza y el longevo favorito 'Tenazos', ducal valido de la coba y el lamido.

Lo que pretende la rubia de ondeada melena flotante —que haría ministra a una limpiadora y ministro a un albañil, pero no viceversa— es colar un gol en saque directo a quienes la hincan dando el callo para seguir ella de cabecilla sin que le chorree el sudor de autónoma en el campo o la montaña, el taller o la mar, la excavadora o el camión, la tienda de barrio o la caseta ferial, donde ni estirando los cuatro picos alcanza el modesto patrono la jubilación de gobernantes y parlamentarios con sabrosa retribución, el más laso descontrol horario, unas amplias vacaciones y esa anticipada pensión de bastante menos aportación que base de cálculo.

Qué lumbrera esta dama de lengua trabada y nariz pegada que maltrata aliados y aliadas y a la que se le indisciplinan los afiliados y afiliadas mientras el votante la soslaya. Ver para creer que una sujeta así —pájara en jerigonza de su mentor— considere el irresponsable gasto y escandaloso despilfarro, sin presupuesto aprobado, un modelo de gestión y bandera de las féminas humildes, un tutelaje de las desventuradas sumisas que se aplican al tajo, la oficina o el hogar y atienden por mil y pico al mes a gente como ella. Vaya paladina de liberación femenina cubriendo a Errejón, Monedero y los de su reata, rebajando la trena por violación sin frenar la descomposición nacional ni con la reiterada bendición papal frente a frente para rédito político de su incredulidad.

Por lo demás, hay que tener rostro y figura al mostrarse tan jovial como se puso en aquella foto no lejana —¿2023?— donde, mirando a Pumpido, apretuja expresivamente al fiscal de aniñada faz, no sinónima de inocencia ni vista a través de su gafita dieciochesca a lo Albares, rotos de risa los tres mientras jueces insultados indagan a media familia y media secta entre zancadillas y latigazos confiando en su retiro.

No sé si el ministro de Economía es listo, tonto o mitad y cuarto; si es persona buena o mala, benefactora, malvada o de en comedio; si con sus reparos le hace el juego o la puñeta a Yolanda o le baila el agua. Sostengo que el que colabora con PS no puede ser solvente, decente ni inteligente. Y afirmo, junto a muchísimos, que la ministra apoltronada necesita el golpe de la media hora para montar en su comedor una velada con camarero y cocinero de marca, mandar criados a por cigalas y ofrecer el banquete de cierre a Unai, el de camiseta exterior blanca e interior roja, y a Pepe, el de la bufanda por corbata y la negociación por montera, para celebrar, más que el pregonado mayor descanso, la consagración de privilegios, exenciones y ventajas de quienes no pierden el sueño por la clase obrera y lo tienen más profundo a barriga llena. Espero que no se pasen de copas ni taponazos en los hurras al Estado progre, disoluto y vago mangoneado por un gobierno que a tantos útiles roba y a más inútiles paga, aunque, como no les llega, de vez en cuando algo choricean o enjuagan.

Moraleja: subir salarios, bajar cuadrantes, aliviar escalafones (salvo los de amores, amoríos y favores), facilitar las ausencias y restar productividad para que la patria mutilada se deshaga de su aflicción y las masas canten el alirón. Por fin sabemos que para arreglar España nada como fomentar la holganza, tolerar el absentismo y generalizar la baja temporal. Agarrarse tarde y dar de mano pronto. Campeones de Europa también en competiciones masculinas y femeninas de tiro al empleador austero, sobrio y sencillo tenido por ladrón y ratero. Porque —se oye insistentemente— no hay que vivir para el trabajo, solo para disfrutar más bregando menos sin que te exploten y expriman. Una idea colectivista excelente si te tocan los gajos del lucro y no los huesos y pepitas del curro. Yo renuncio a entenderlo porque la plataforma de mi educación fue cimentada con otro material y principios: los ideales de ahorro, entrega y servicio. Y a observarlos invito.

Eduardo Coca Vita pertenece al cuerpo superior de Administradores Civiles del Estado

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