Anestesia
Debemos exigir de nuestros representantes políticos, requisitos tan importantes como cumplir lo comprometido en campaña, tener una profesión previa, que demuestre que no están en política para medrar y enriquecerse y una formación específica para desempeñar los cargos políticos que ocupen
La política global está peligrosamente desquiciada.
Además, una horda ingente de medios de manipulación, cada vez más agresivos, se ha puesto al mando, aliada con poderes sin escrúpulos. Intentan que algoritmos informáticos sustituyan y anulen el cerebro humano. Mediante la mal llamada IA, pretenden invalidar por completo la reflexión intelectual, el recuerdo, la identidad y la imaginación. Aparentemente con respuestas inmediatas y omniscientes. Para implantar su verdad y sus intereses en nuestros cerebros, como si fueran moldes huecos, que pueden rellenar y vaciar a su antojo. Para que nos domine la amnesia.
Amnesia era la negación de Mnemosine, que, en la Mitología griega, representaba la memoria, el recuerdo. Según órficos y pitagóricos, los difuntos debían beber las aguas de la laguna Lete, para olvidar su vida anterior, antes de reencarnarse en otro ser. Por otra parte, Aletheia, la Verdad, procede de Lete y etimológicamente significa «sin olvido»; es lo que conoce la mente humana. Algunos pensadores helenos entendieron «la verdad» como algo que hay que investigar. El profundo sentido de los mitos griegos, afianza la importancia de la verdad y del recuerdo como seña de identidad del hombre. Nos transmiten una filosofía humanista, que nunca fue un sistema de gobierno, sino un ideal de moral que sirviera de garante de la convivencia en razonable armonía.
Sin perder esto de vista, vemos que, dentro de nuestras fronteras, todo se pudre en contacto con los manejos ocultos de unos políticos, gobernantes y coaligados, de ética amorfa, que se aferran con fiereza a unos privilegios, que nunca habrían obtenido por su trabajo. Si es que lo hubieran tenido. Intentan anestesiarnos con consignas gregarias, críticas y opiniones personales, vertidas como si fueran verdades absolutas. Es el imperio de lo pseudo, ψεῦδος, de lo falso: entre la amnesia y la anestesia, entre el rechazo de la verdad, el olvido y la inconsciencia.
Precisamente, anestesia es un término representativo para las siniestras intenciones de esta caterva. Proviene del griego αν-, «sin», y de αἰσθάνομαι, «darse cuenta». Es decir, en su infinita estulticia, creen que los ciudadanos somos inhábiles mentales y no somos conscientes de su hipocresía, de su corrupción, de los ominosos escándalos crónicos y de su pavoroso miedo a caer de un poder que adquirieron mediante pactos de dudosa consideración democrática. Porque «lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad», como afirmaba el filósofo latino Séneca, en el s. I. Y determinadas coaliciones pueden ser legales, pero no morales.
Unos mandantes, con una exaltación tan cargante de ciertos contravalores y abordaje de los poderes del Estado, que transmuta cualquier intento de salvar la decencia debida al votante.
Y realmente, nuestra democracia permite, de facto, entregar un cheque casi en blanco al que consiga formar gobierno. Por ello, la población ha quedado indefensa ante acciones incongruentes y palabras distorsionadas. Muchos ciudadanos son incapaces de ver que los hechos no se corresponden con lo dicho. Son gente acrítica que le da más importancia al mensajero que al mensaje. No ven que la intención es configurar un sistema de súbditos, más que ciudadanos.
Por ello, urge un cambio de paradigma: debemos exigir de nuestros representantes políticos, requisitos tan importantes como cumplir lo comprometido en campaña, tener una profesión previa, que demuestre que no están en política para medrar y enriquecerse y una formación específica para desempeñar los cargos políticos que ocupen (mostrando los títulos universitarios correspondientes). Implantar leyes electorales justas, que limiten los años de mandato y que impidan que grupúsculos minoritarios y antidemocráticos unidos, gobiernen sobre la mayoría, a cambio de favores al gobernante. Leyes que permitan revocar del poder al mandatario que atente contra el principio de igualdad entre los ciudadanos o incurra en nepotismo.
Estos comportamientos irrespetuosos y autocráticos ya están recogidos por los autores griegos. En la comedia Los Caballeros, de Aristófanes, en el s. V a. C., la figura del demagogo aparece bien descrita. En esta obra se desarrolla una discusión entre dos personajes viles, groseros y chillones, un morcillero y un guarnicionero fanfarrón, para convencer a Demo (el pueblo) acerca de quién de ellos puede ser el mejor líder. Previamente, el charcutero le había preguntado a otro personaje: «Pero, ¿cómo seré yo capaz de gobernar al pueblo, si no tengo formación?» A lo que el otro le responde: «…eso es tarea facilísima. Haz cabalmente lo que haces: revuelve todos los asuntos, hazlos morcilla y congráciate siempre con el pueblo, halagándole los oídos con frasecillas aduladoras e insultos al oponente. Las demás condiciones del liderazgo las reúnes: lenguaje indecente, eres un granuja ruin y sabes crear conflictos. Tienes todo lo necesario para la política.».
Nos lo advirtieron los griegos…
- Mª Dolores Muñoz Fernández es helenista, conferenciante y escritora