El sistema electrónico de la chimenea ya está instalado en la Capilla Sixtina_más luz
¿Cómo se logra el humo blanco de la fumata papal?
Este será el segundo cónclave en que el método tradicional será sustituido por un sistema electrónico conectado a la chimenea de la Capilla Sixtina
La «fumata blanca» es una de las imágenes más icónicas de la elección de un nuevo Papa: Justo antes del «Habemus papam», las papeletas, en las que dos tercios de los cardenales han escrito el mismo nombre (el de quien será el nuevo Pontífice), son introducidas y quemadas en una pequeña estufa colocada en el interior de la Capilla Sixtina. El humo blanco que sale por la chimenea da a conocer la noticia al mundo: el mundo tiene un nuevo Sucesor de Pedro.
Pero, ¿cómo se logra que el humo salga blanco tras la elección, y negro cuando no hay un acuerdo?
El antiguo sistema «analógico»
Durante siglos, la fórmula tradicional con que se conseguía ese efecto era «analógica».
Así, cuando, después de una votación en la que no se alcanzaba un acuerdo, se quemaban las papeletas, el humo que salía por la chimenea era, lógicamente, de color negro.
Para lograr el «humo blanco» que hacía saber a los fieles congregados en la Plaza de San Pedro que ya se había producido la elección, junto a las papeletas se introducía un manojo de paja humedecida.
Con ese sencillo truco, el vapor del agua y la combustión de la paja lograban que la fumarada se aclarase y se produjese la famosa «fumata blanca».
Una imprecisión «histórica»
Sin embargo, este sistema no era absolutamente preciso. Al contacto con la atmósfera exterior, el humo negro tendía a aclararse ligeramente, especialmente si hacía viento o lluvia, aunque no solía dar lugar a equívocos.
Diferente era el caso en que el humo debía salir blanco: en ocasiones el vapor no era lo suficientemente denso y daba lugar a la duda. Sobre todo, cuando la elección se producía en el escrutinio de la mañana, cuando la luz solar podía jugar una mala pasada.
Justo lo que ocurrió en la elección de Benedicto XVI, en 2005, tras el cónclave que siguió a la muerte de Juan Pablo II. Aquel 19 de abril de hace 20 años, en mitad de una expectación mundial después de uno de los pontificados más largos de la historia, la elección del Papa se produjo después del escrutinio de la mañana, cuando una atmósfera plomiza y un cielo nublado cubría la Ciudad Eterna.
La luz brumosa creó un efecto óptico confuso, y durante los primeros compases de ese momento histórico se generó una imprecisión tal que no permitía advertir si los cardenales habían llegado o no a un acuerdo. Sólo el inmediato repique de las campanas vaticanas despejó la duda definitivamente.
El cambio de sistema
Nada que ver aquella estampa con el humo nítidamente blanco que se recortó sobre el oscuro cielo romano en la elección de Francisco. Y no sólo porque su elección se produjese por la tarde (y varias semanas antes, además, del cambio de hora, lo que propició una mayor negrura del firmamento que caía sobre Roma), sino porque el sistema para lograr el humo blanco... había cambiado.
Tras los problemas derivados de su elección, Benedicto XVI estableció un nuevo método para avisar al mundo. En concreto, permitió el uso conjunto del sistema tradicional, junto a otro mecanismo electrónico, que activa una mezcla de productos químicos similares a los de una bengala. Naturalmente, en dos colores: negro carbón o blanco papal.
El sistema ya ha sido instalado dentro del centenario recinto de la Capilla Sixtina, y sus creadores han explicado para el canal France 24 los detalles de su funcionamiento.
A prueba de errores humanos
Conectado a la misma chimenea que traslada el humo de las papeletas, este nuevo mecanismo enfatiza tanto el volumen, la velocidad y la intensidad de las volutas, como el color, en ambos casos: con el humo negro y con el de color blanco que sólo se activa en la fumata papal.
Para alterar el color, y evitar al máximo posibles errores humanos, el mecanismo activa, por defecto, el humo negro. Para poner en marcha el mecanismo que hace salir el humo blanco, es necesario hacer girar una llave y pulsar un botón específico y claramente diferenciado.
Todo para poder anunciar al mundo que, dos mil años después, en la silla de Pedro hay un nuevo hombre dispuesto a capitanear, en nombre de Dios, la barca de la Iglesia.