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MAÑANA ES DOMINGOJesús Higueras

«Solo una cosa es necesaria»

La hiperactividad exterior puede ocultar un vacío interior. La paz interior es más importante que la eficacia exterior. La eficacia sin paz se vuelve una carga

Este domingo, el Evangelio nos regala una escena entrañable y profundamente reveladora: la visita de Jesús a la casa de Marta y María en Betania. Allí encontramos a Marta, atareada con los muchos quehaceres propios de la hospitalidad, mientras que María, en cambio, se sienta tranquilamente a los pies de Jesús, escuchándole. La reacción de Jesús es del todo desconcertante: no alaba la eficacia de Marta ni su incansable servicio, sino que pone como ejemplo la actitud contemplativa de María.

Este pasaje nos recuerda una verdad esencial del cristianismo: para Jesús es más importante el ser que el hacer. En un mundo donde todo parece medirse en términos de productividad y resultados, la mirada de Cristo nos desarma. Él no desprecia las tareas cotidianas ni el trabajo bien hecho —y la Iglesia siempre ha valorado el servicio humilde—, pero nos enseña que, antes que nada, debemos cultivar la dimensión espiritual y dejar que nuestra acción brote de un corazón lleno de amor. Lo que más importa no es cuánto hacemos, sino quiénes somos delante de Dios y cuánto dejamos que Él nos transforme.

El riesgo, si no cultivamos este ser, es claro: que nuestro corazón se llene de muchas otras cosas que, siendo valiosas e importantes, no nos conducen a la verdadera felicidad. Cuando no dejamos que las palabras limpias y bondadosas de Jesús resuenen en nosotros, terminamos alimentando nuestras emociones con preocupaciones, resentimientos, juicios y vanidades. La hiperactividad exterior puede ocultar un vacío interior. Por eso Jesús advierte a Marta: «Andas inquieta y nerviosa con tantas cosas, y solo una es necesaria». ¿Qué es esa única cosa? Sentarse a escuchar la Palabra, dejarse mirar y amar por Él.

María, en su silencio, nos ofrece la clave: se coloca a los pies del Maestro porque entiende que la paz interior es más importante que la eficacia exterior. En la serenidad de su alma, María enseña que la verdadera hospitalidad no consiste en servir platos con las manos inquietas, sino en abrir el corazón para acoger al Huésped que nos trae la vida eterna. La eficacia sin paz se vuelve una carga; la paz interior, en cambio, da sentido y belleza incluso a las tareas más sencillas.

Jesús no rechaza el trabajo, pero sí nos advierte de la dispersión. Marta y María no son dos actitudes opuestas o irreconciliables, sino dos dimensiones que deben integrarse: primero la escucha, después el servicio. Solo quien sabe detenerse ante Jesús podrá servir con amor y no con tensión o ansiedad. Así, nuestra vida será fecunda, no por lo que producimos, sino por la paz y el amor que entregamos.

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