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La procesión con la custodia durante la peregrinación del Rosario

La procesión con la custodia durante la peregrinación del RosarioSantuario de Lourdes

El santuario de Lourdes bate un récord inalterado desde 1908

La peregrinación de Nuestra Señora del Rosario congregó a miles de personas en un evento organizado por los dominicos

La fiesta de Nuestra Señora del Rosario, que cada año se celebra el 7 de octubre, es un día especial para los dominicos, la orden religiosa estrechamente vinculada a esta devoción mariana. Desde 1908, la Orden de Predicadores –fundada por el español santo Domingo de Guzmán– organiza en el santuario de Lourdes (Francia) un multitudinario rezo del rosario. Este año, la peregrinación ha tenido lugar entre el 2 y el 4 de octubre, y ha batido un récord que se mantenía inalterado desde la primera vez que se convocó, hace casi 120 años.

Alrededor de 17.000 personas se dieron cita en el santuario francés para recorrer la explanada mientras desgranaban las cuentas de su rosario, según recoge OSV News. Entre los peregrinos había 200 dominicos, 3.000 jóvenes y niños y alrededor de 2.700 sanitarios, que atendieron a casi 1.000 enfermos y discapacitados.

La peregrinación de este año tuvo además una nota muy especial: el recuerdo a los mártires por la fe en Argelia, antigua colonia francesa. El cardenal dominico francés Jean-Paul Vesco, arzobispo de Argel, que adquirió la nacionalidad argelina en 2023, llegó a Lourdes con 30 musulmanes argelinos para participar en el evento. «Como cristianos en Argelia, llevamos una vida especial y muy compleja», reconoció el purpurado.

Los mártires de Tibhirine

Durante los dos días de estancia en Lourdes hubo un recuerdo muy especial para los siete monjes trapenses de Tibhirine que fueron secuestrados la noche del 26 al 27 de marzo de 1996 en el país africano. Sus captores, fundamentalistas islámicos, les cortaron la garganta; sus cabezas decapitadas fueron encontradas a finales de mayo de ese año.

El cardenal Vesco se refirió al célebre Testamento espiritual del padre Christian de Chergé, superior de los monjes de Tibhirine. Presintiendo el peligro de ser asesinado por un extremista islámico, le escribió una carta a su hermano menor diciéndole que «entregaba su vida a Dios y a este país». En este texto, se dirigía a su futuro atacante, llamándolo «el amigo del último minuto, que no se habrá enterado de lo que hacía».

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