Según el diario Tagesschau, en 2023 400.000 personas abandonaron la Iglesia católica
Cada vez hay menos cristianos en Alemania: «Ahora hay que explicar por qué uno sigue en la Iglesia»
El número de católicos baja un año más en el país germánico: se registran 550.000 creyentes menos que en 2024
La Conferencia Episcopal Alemana publicó el lunes las estadísticas eclesiales preliminares de 2025. «Cada vez hay menos cristianos en Alemania, lo cual no nos impide —con las medidas necesarias que eso conlleva— dar testimonio de nuestra fe con gran compromiso personal», resumió monseñor Heiner Wilmer, obispo de Hildesheim, recién estrenado como presidente de la Conferencia Episcopal Alemana. Efectivamente, la Iglesia católica pierde 550.000 feligreses (en 2024 fueron 575.000). Son las cifras más altas registradas desde el máximo alcanzado en 2022.
En Alemania hay 19.219.601 católicos (el 23% de la población total). En 2024 eran 19.769.327 y, un año antes, 20.345.872. Este descenso se explica en parte por los fallecimientos, que casi duplican los nacimientos (203.496 funerales religiosos frente a 109.028 bautizos). Pero no sólo por eso: mientras que hubo sólo 2.269 conversiones y otros 5.443 miembros fueron readmitidos en la Iglesia, en total 307.117 personas renunciaron a la fe. Son menos que el año pasado (321.659), pero sigue siendo una cifra muy alta.
Monseñor Heiner Wilmer, obispo de Hildesheim y nuevo presidente de los obispos alemanes
En la Iglesia evangélica (protestante), que también publicó ayer sus estadísticas anuales, el número de apostasías es levemente mayor (unos 350.000) y los bautizos también bajan frente a las defunciones. En total, las dos iglesias mayoritarias en Alemania pierden conjuntamente un total de 1,13 millones de creyentes, en un país de 84 millones de habitantes. Las vocaciones tampoco atraviesan su mejor momento: en todo el país se ordenaron 25 sacerdotes en la Iglesia católica durante el año.
¿Por qué hay cada vez más renuncias?
Los motivos para que un tan alto número de personas decida apostatar son diversos. Entre ellos suelen citarse los escándalos en el seno de la Iglesia, los casos de abuso y la forma en que se han gestionado y, sobre todo, el deseo de ahorrarse el impuesto eclesiástico. «Imaginad que los militantes de un partido político en Alemania tuvieran que pagar una cuota obligatoria del 8 o el 9% de los ingresos», afirma por ejemplo Thomas Jansen hoy en un artículo de opinión del Frankfurter Allgemeine Zeitung titulado 'Buena nueva'. «¿Cuántos quedarían?», pregunta Jansen. Y el periodista de Aquisgrán celebra como casi un milagro que todavía «más de treinta millones de adultos se niegan a dejar de pertenecer a una de las dos iglesias, a pesar del impuesto eclesiástico y de la creciente presión por justificar» esta pertenencia.
Sin embargo, los estudios que se han hecho al respecto descartan que el impuesto eclesiástico sea la causa principal de la pérdida de feligreses. Una exhaustiva encuesta realizada por la Iglesia Evangélica de Alemania hace tres años detallaba que sólo un tercio de los cristianos afirmaba no estar considerando abandonar la fe (protestante, en este caso). La explicación mayoritaria tenía más que ver con la secularización y la cada vez menor implicación familiar. La fe ya no se transmite, según el estudio, de generación en generación como antes. Su conclusión era que, sin la práctica religiosa, sin la pertenencia a una congregación, la creencia en Dios se desvanece rápidamente en la mayoría de los casos. O ni tan siquiera llega a desarrollarse.
Dejar la Iglesia ya no es «un tabú»
«Cuando la gran mayoría ya no pertenece a la iglesia, abandonarla se vuelve menos tabú», declaró recientemente el sociólogo de la religión Detlef Pollack en una entrevista con el semanario Die Zeit. «Antes, había que explicar por qué uno se iba. Ahora hay que explicar por qué se sigue en la iglesia», añadió. Para él, incluso, el hecho de que haya valores compartidos, como la caridad, hace que haya gente que sigue yendo a la iglesia incluso tras haber perdido la fe. Pero advierte también: «Si se pierden los valores cristianos, como el concepto de amor al prójimo, creo que las interacciones sociales cambiarán gradualmente». Y pone como ejemplo el tono irrespetuoso en el actual debate político.
Las iglesias ya no son el centro de la vida social ni, tanto como antes, el lugar en el que ocurrían los principales eventos sociales. Las bodas católicas, por ejemplo, fueron el año pasado 19.478, frente a las 22.513 del año anterior. Y, para recibir los sacramentos, hay que estar adscrito a la Iglesia y suscribir el impuesto eclesiástico. Hubo también 152.357 primeras comuniones y 105.334 confirmaciones. En ambos casos, la cifra se mantiene estable respecto a 2024, algo que el obispo Wilmer destaca como «una señal positiva». Y no es la única.
Las bodas católicas, como esta en Neu-Ulm (Baviera), ya no superan los 20.000 en Alemania
La gente sigue yendo a la iglesia
La Iglesia compite ahora con otras cosmovisiones y estilos de vida. Ante eso, algunos investigadores consideran incluso sorprendente que tanta gente siga asistiendo a misa. De hecho, se mantiene la cantidad de feligreses que lo hacen. De media, 1.304.000 católicos oyeron misa cada domingo el año pasado (sin contar la participación digital), lo que representa aproximadamente el 6,8 % del total de católicos.
La cifra no es excesiva, pero sí que es suficiente para que no se vean las imágenes, habituales en otros países, de iglesias prácticamente vacías durante la homilía del domingo. También es verdad que el número de parroquias, debido a medidas estructurales de las diócesis, descendió de 9.291 a 8.997. En la Iglesia evangélica, la cifra de feligreses que asiste a los servicios religiosos el fin de semana no llega al medio millón.
Sentencia del Tribunal de Justicia de la UE
La Iglesia es, además, uno de los principales empleadores de Alemania. Sólo Cáritas da trabajo directamente a más de 600.000 personas (aparte de los voluntarios), de un total de 1,8 millones de empleados por las iglesias, según los sindicatos. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha determinado hoy que una institución católica no puede despedir a un empleado únicamente por haber abandonado la Iglesia, salvo que sea un puesto específico en que se requiera la adscripción religiosa. La demandante era una empleada de un centro para embarazadas de Cáritas en Wiesbaden. Habrá que esperar al año que viene para ver si esta sentencia hace que se profundice más la tendencia a perder feligreses.
El obispo Wilmer, mientras tanto, aprovechó la publicación del informe estadístico anual para expresar su gratitud precisamente «a todos los voluntarios de nuestra Iglesia que no están incluidos en las estadísticas». «Son unas 600.000 personas que se ocupan de que la Iglesia, con su diversidad de ofertas, sea posible en nuestra sociedad; a pesar de todas estas convulsiones, animo a no esconder la cabeza bajo la arena, sino a mirar hacia adelante y, juntos —también en unidad ecuménica—, buscar maneras en que ser cristiano pueda conducir a una mayor aceptación en la sociedad actual», concluye.