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TRIBUNATomas Torres Peral

León XIV y la guerra actual

La guerra —sugiere el Pontífice— no comienza en los campos de batalla, sino en la palabra degradada, en la propaganda que deshumaniza al adversario y en la corrupción moral que convierte la discrepancia política en enemistad irreconciliable

La encíclica Magnifica Humanitas de León XIV constituye, sin duda, uno de los documentos más significativos del magisterio social reciente, no sólo por la atención que dedica de la problemática ética de la inteligencia artificial, sino por la hondura con la que aborda la cuestión de la guerra en el marco de la crisis moral que atraviesan las sociedades contemporáneas.

En Magnifica Humanitas, lejos de limitarse a una reflexión pastoral sobre los conflictos actuales, el Pontífice sitúa la problemática bélica en el corazón mismo del pensamiento cristiano, recordando que la violencia no es únicamente un fenómeno estratégico o geopolítico, sino la expresión última de una degradación espiritual que afecta a la verdad, a la memoria y a la dignidad de la persona humana. En este sentido, León XIV recupera —aunque sin convertirla en eje central del documento— la tradición clásica de la guerra justa, desde San Agustín (León XIV se proclama hijo de San Agustín) hasta Santo Tomás de Aquino, reconoce explícitamente su relevancia como marco moral para comprender la licitud o ilicitud del recurso a la fuerza.

No se trata de una arcaica reivindicación, sino de la constatación de que, en un mundo sometido a la manipulación informativa y a la automatización tecnológica de la violencia, los criterios tradicionales de autoridad legítima, causa justa y recta intención conservan una vigencia que la Iglesia no puede ignorar. La guerra, recuerda el Papa, sólo puede concebirse como ultima ratio, nunca como instrumento ordinario de la política ni como derivación inevitable de la lógica de poder.

La conmemoración del quinto centenario de la Escuela de Salamanca confiere a esta reflexión un trasfondo histórico particularmente elocuente. Aquellos teólogos y juristas españoles —Vitoria, Soto, Cano, Suárez— elaboraron una doctrina intelectual que anticipó buena parte del derecho internacional moderno y que situó la dignidad humana en el centro de toda reflexión sobre el poder, el dominio y la guerra.

León XIV no cita expresamente a estos autores, pero su encíclica se inscribe en esa misma tradición cuando afirma que «no se busca una paz cualquiera, una ausencia de conflicto a cualquier precio, sino esa paz verdadera que nace de la justicia», conectando directamente con Juan XXXIII y Pacem in Terris.

La paz auténtica exige un orden justo, fundado en la verdad y en el reconocimiento de la dignidad de las naciones y de las personas. Uno de los aspectos más penetrantes del documento es la relación que establece entre los conflictos contemporáneos y la erosión deliberada de la memoria histórica. León XIV advierte que numerosas sociedades han sustituido la historia por relatos ideológicos destinados a instrumentalizar el pasado en función de intereses presentes. Allí donde la memoria común se fragmenta y la verdad se somete a la manipulación sistemática, las comunidades políticas se vuelven vulnerables a la polarización, al resentimiento y, en última instancia, a la violencia.

La guerra —sugiere el Pontífice— no comienza en los campos de batalla, sino en la palabra degradada, en la propaganda que deshumaniza al adversario y en la corrupción moral que convierte la discrepancia política en enemistad irreconciliable. Particular gravedad reviste, en la reflexión de León XIV, la automatización tecnológica de la violencia. La aplicación de la inteligencia artificial al ámbito militar introduce una distancia creciente entre la decisión política y la conciencia moral, favoreciendo una peligrosa trivialización del daño infligido.

Cuanto más sofisticados son los sistemas de armas, más fácil resulta para las sociedades contemporáneas anestesiar su sensibilidad ética y delegar en algoritmos decisiones que afectan a la vida y a la muerte. El problema no reside únicamente en el incremento del poder destructivo, sino en la progresiva desaparición de la responsabilidad moral personal. La técnica, cuando se emancipa de la ética, convierte la guerra en un fenómeno casi administrativo, despojado de su gravedad humana y moral. Frente a esta deriva, León XIV propone una reconstrucción de la cultura del entendimiento basada en la verdad, la justicia y la dignidad humana.

No se trata de un diálogo ingenuo, sustentado en la negación de la realidad o en la imposición de consensos ideológicos, sino de un esfuerzo por restablecer los fundamentos morales que permiten a las sociedades convivir sin caer en la lógica del odio. La paz, insiste el Papa, exige límites objetivos, criterios morales firmes y una memoria histórica que no sea rehén de la manipulación política.

Magnifica Humanitas se convierte así en una advertencia severa y, al mismo tiempo, en una llamada a la responsabilidad. En un mundo donde la técnica amenaza con sustituir a la conciencia y donde la verdad se diluye en la propaganda, la Iglesia recuerda que la paz sólo puede edificarse sobre la dignidad humana, la justicia y la verdad. La encíclica no glorifica la guerra, pero tampoco se refugia en un pacifismo retórico: reconoce la tragedia del conflicto, afirma la legitimidad de la legítima defensa y denuncia las condiciones morales que conducen a la violencia. En ello reside su fuerza y su actualidad.

Tomas Torres Peral es Comandante de Caballería y abogado; de la Academia de las Ciencias y Artes Militares

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