León XIV clama, desde Tenerife, contra «quien especula con la desesperación» de los inmigrantes
En una clara alusión a las mafias que trafican con personas, denuncia a quienes les someten a un «viaje generalmente expuesto a peligros y violencias inenarrables»
Tenerife también se ha volcado en acoger al Papa
No es León XIV un Papa que aporte soluciones que buscan el aplauso fácil y contentar a todos con propuestas ambiguas y biensonantes que no comprometen a nada. En su última etapa del viaje apostólico a España -la canaria-, el foco estaba puesto sobre la respuesta que da la Iglesia a la inmigración ilegal, secundada por mafias que explotan la desesperación de miles de seres humanos que buscan un futuro mejor.
La actitud que debe mostrar el creyente la ha vuelto a dejar clara el Santo Padre en la homilía que ha celebrado al mediodía de este viernes en el puerto de Santa Cruz de Tenerife: «Como cristianos no sólo podemos ofrecer un reflejo del Señor que dice: 'Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré' (Mt 11,28). La gracia más grande es que nos dejemos evangelizar por aquellos a quienes socorremos, que reconozcamos la misteriosa sabiduría de Dios escrita en su misma carne».
El cristiano, por tanto, debe acoger a las personas inmigrantes, frente a aquel que «especula con la desesperación» y las somete a un «viaje generalmente expuesto a peligros y violencias inenarrables». Ha supuesto, por tanto, una continuidad con el contundente mensaje que había dado apenas un par de horas antes en la plaza del Cristo de San Cristóbal de La Laguna: «Conviértanse;las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios»
Sumergirse en el corazón de Cristo
Pero León XIV también ha encomendado otras tareas a los cristianos de las islas: «Presten atención a los adolescentes y a los jóvenes, a los ricos y a los pobres, a los residentes y a los huéspedes: todos ellos necesitan ser conocidos con una mirada que ve más allá de las apariencias y reconoce la profundidad de sus corazones inquietos, que no pocas veces ya está orientado, quizás inconscientemente, hacia el Reino de Dios y su justicia».
Es decir, la caridad de Cristo se debe orientar hacia todos, al margen de cualquier otra consideración: «Que se respire entre ustedes que 'Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él' (1 Jn 4,16)». «Este es el corazón del Evangelio, el corazón de Cristo. Quien se sumerge en él ya no vive para sí mismo. ¡Abran a todos este mar de amor! Es mi deseo y mi oración para ustedes y para todos aquellos que encuentren en su camino», ha enfatizado el Papa ante las más de 35.000 personas que asistían a la misa.
«No reducir todo a comercio y beneficio»
La Iglesia celebra hoy, precisamente, la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que «nos revela cómo no perdernos en un dinamismo estéril». «Hay vida cuando se da vida. De otro modo, se gira en el vacío», ha sentenciado el Santo Padre. «¿Qué busca el corazón humano? ¿Cómo responder a su sed de manera no engañosa?», ha preguntado posteriormente León XIV, para, a continuación, responder: «Qué importante es, especialmente para quien se deja orientar por el Evangelio, no reducir todo a comercio y beneficio».
«¡Abran a todos este mar de amor! Es mi deseo y mi oración para ustedes y para todos aquellos que encuentren en su camino», ha concluido el Santo Padre en su último encuentro multitudinario antes de tomar el avión que le llevaría de regreso a Roma.