25 de septiembre de 2022

Alfonso Bullón de Mendoza Mons. Bernardito Cleopas Auza y Kris Alan Mauren.

Alfonso Bullón de Mendoza Mons. Bernardito Cleopas Auza y Kris Alan Mauren.CEU

Congreso interreligioso en el CEU

Reuven Firestone: «España ofrece lo mejor y lo peor de las relaciones entre cristianos, judíos y musulmanes»

El arranque del congreso Relaciones abrahámicas: historia, retos y perspectivas abordó en la Universidad CEU San Pablo los vínculos y desacuerdos históricos entre las tres grandes religiones monoteístas

La relación entre cristianos, judíos y musulmanes a lo largo de la historia está marcada por encuentros y desencuentros. Para desentrañar la maraña de acercamientos, conflictos y trasvases, el Centro de Estudios, Formación y Análisis Social (CEFAS) de la Universidad CEU San Pablo organizó este lunes el congreso Relaciones abrahámicas: historia, retos y perspectivas, celebrado en el Colegio Mayor Universitario de San Pablo.

Escucha y diálogo

Durante la inauguración del acto, el presidente de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y del CEU, Alfonso Bullón de Mendoza, destacó el valor del evento como un «acto de escucha», y deseó que sirva para realizar un verdadero «diálogo desde el corazón». También introdujeron el congreso el cofundador y presidente del Instituto Acton -co-organizadores del evento-, Kris Alan Mauren, y el Nuncio Apostólico en España Bernardito Cleopas Auza, quien llamó a «no separarnos de nuestros hermanos y ayudarles a elevar la mirada al Cielo en la oración».

Conflicto y convivencia en Al-Andalus

La intervención que abrió el congreso corrió a cargo de la profesora María Jesús Viguera, de la Universidad Complutense de Madrid, que no pudo estar presente. En su lugar, el medievalista de la Universidad CEU San Pablo Alejandro Rodríguez de la Peña leyó la intervención de Viguera, en la que analizó las relaciones entre las tres religiones abrahámicas durante el periodo de Al-Andalus.
«Aunque la convivencia no siempre fue pacífica, hubo una evidente situación jurídica que permitió aplicar diferentes códigos legales –de base religiosa– para los diversos grupos de población», destacaba la ponencia de Viguera. La profesora destacó el régimen de la dimma –el contrato según el cual cristianos y judíos se subordinaban a los gobernantes musulmanes–, y dijo que fue un sistema «más tolerante» que otros sistemas medievales.

La solución «no es abandonar las fes fuertes», sino aprender del pasado para alcanzar un «entendimiento más compasivo»Reuven Firestone

No obstante, Viguera reconocía en su intervención que el sistema fue más o menos hostil con los no musulmanes según la época. «No hay que idealizar el paraíso andalusí como un lugar donde se produjo una tolerancia y convivencia como dato permanente», añadía Rodríguez de la Peña, y señalaba que es necesario «precisar mucho la cronología», distinguiendo entre -por ejemplo- la colaboración fructífera entre credos que se dio en los reinos taifas y el sometimiento y las deportaciones impulsadas por los almorávides y almoades.

«Lo mejor y lo peor»

España es el lugar que ofrece lo mejor y lo peor en las relaciones entre judíos, cristianos y musulmanes, señaló durante una de las primeras ponencias del acto el profesor Reuven Firestone, que enseña judaísmo medieval e islam en el Hebrew Union College-Jewish Institute of Religion de Los Angeles. Para Firestone, la historia ha enseñado que «la fricción histórica entre las tres religiones no ha llevado a la victoria de una sobre las otras, sino solo a miedo y destrucción».
El ponente analizó la complicada red de relaciones teológicas, políticas, económicas o intelectuales entre las tres religiones abrahámicas. Exploró cómo empezaron como cultos y ganaron popularidad «contra todo pronóstico». También apuntó que las tres escrituras sagradas «tienen cosas muy negativas que decir de las religiones precedentes, y también de las nuevas religiones que aparezcan».
Firestone concluyó señalando que la solución «no es abandonar las fes fuertes», sino aprender del pasado para alcanzar un «entendimiento más compasivo». Defendió enseñar una fe cuya verdad «no dependa de la exclusividad», y que sea capaz de reconocer «que nuestros interlocutores son personas listas, con una gran tradición intelectual, y pueden enseñarnos algo».
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