Después de la pandemia se ha fortalecido la costumbre de visitar a los seres queridos que han partido a la otra vida
¿En qué se diferencia la resurrección de la reencarnación?
En la Escritura se dice que «está establecido que los hombres mueran una sola vez y después de esto, el Juicio» (Hb 9, 27), atendiendo al valor sagrado de la vida de cada persona creada por Dios
El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) en su segunda sección trata la profesión de la fe donde desglosa y explica las distintas afirmaciones del Credo. En este sentido titula el artículo 11 «Creo en la resurrección de la carne».
Así, el punto 990 del CIC determina que «La 'resurrección de la carne' significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros 'cuerpos mortales' volverán a tener vida»
Por tanto, tras la Parusía resucitarán en cuerpo y alma «los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación» (998 CIC).
Reencarnación no es Resurrección
Puede darse la posibilidad de que alguien confunda esta resurrección de la carne con una reencarnación, sin embargo, están muy lejos una de otra.
La fe en la reencarnación cree que el alma vuelve a un cuerpo mortal, mejor o peor, dependiendo de su vida anterior.
La fe cristiana cree en la Resurrección. Tras la muerte, el alma se separa del cuerpo, que se corrompe, y el alma se encuentra con Dios. Y al final de los tiempos, «Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible, uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la Resurrección de Jesús».
Existe, por tanto, una clara e irreconciliable diferencia entre ambas; una cree en un «ciclo eterno» de vida terrenal y corruptible, mientras que la fe cristiana cree en una vida eterna con un cuerpo incorruptible.
Esta resurrección de la carne se dará en nuestro propio cuerpo ya incorrupto, como hizo Cristo: «Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo» (Lc 24, 39). Así, según el punto 999 del CIC: «Todos resucitarán con su propio cuerpo, del que ahora están revestidos, pero este cuerpo será transfigurado en cuerpo de gloria».
La muerte ha sido transformada
Con su muerte y resurrección Cristo ha vencido a la muerte que ya no tiene poder sobre el bautizado que «por el Bautismo, está ya sacramentalmente 'muerto con Cristo', para vivir una vida nueva; y si morimos en la gracia de Cristo, la muerte física consuma este 'morir con Cristo' y perfecciona así nuestra incorporación a Él en su acto redentor» (1010 CIC).
Para el cristiano la muerte no es más que el encuentro con el Creador, con Cristo resucitado, por tanto, la muerte es un motivo de alegría; en este sentido, el punto 1011 apunta que «el cristiano puede experimentar hacia la muerte un deseo semejante al de san Pablo: Deseo partir y estar con Cristo».
La fe cristiana, a diferencia de las religiones que creen en la reencarnación, cree que solo existe una vida terrena y que la muerte es «el fin de la peregrinación terrena del hombre» y que «cuando ha tenido fin el único curso de nuestra vida terrena, ya no volveremos a otras vidas terrenas. [...] No hay reencarnación después de la muerte» (1013 CIC).