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El presidente de la Conferencia Episcopal alemana, Georg

El presidente de la Conferencia Episcopal alemana, Georg Bätzing

El presidente de los obispos alemanes evita «una batalla» sobre el aborto: prefiere «el equilibrio» actual

Monseñor Georg Bätzing lamenta el «daño» causado a la candidata del Tribunal Constitucional Federal, Frauke Brosius‑Gersdorf, y llama a no alimentar una «guerra cultural»

han sido unas declaraciones que no han pasado desapercibidas. El presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, monseñor Georg Bätzing, ha expresado su rechazo a las críticas surgidas en torno a la candidatura de la jurista Frauke Brosius‑Gersdorf al Tribunal Constitucional Federal, a pesar de que esta ha cuestionado abiertamente la dignidad humana antes del nacimiento.

En una entrevista concedida al diario Augsburger Allgemeine, Bätzing se desmarcó del tono adoptado por algunos de otros obispos en el episcopado y lamentó el «daño» infligido a la candidata. «Esta mujer no merece haber sido dañada de esta manera, eso lo tengo claro», afirmó el prelado, subrayando su decisión deliberada de no pronunciarse personalmente sobre el nombramiento, a pesar de que obispos como Stefan Oster (Passau) y Rudolf Voderholzer (Ratisbona) llegaron a calificar las posiciones de Brosius-Gersdorf como un «ataque radical» a la Constitución.

Mantener un «equilibrio inteligente»

Monseñor Bätzing reconoció la gravedad del debate sobre el aborto y recordó que la Iglesia sí se pronunció a través del Comisariado Episcopal Alemán en Berlín, adoptando «una posición muy clara», pero instó a no desatar una nueva polarización social: «¿Por qué debemos disolver una situación pacífica, el compromiso políticamente posible en los años noventa, y provocar una nueva batalla social sobre esta cuestión?», se preguntó.

En ese sentido, defendió la regulación actual del artículo 218 del Código Penal alemán, que considera el aborto ilegal en principio, pero no punible bajo ciertas condiciones: «Debe tenerse en cuenta la situación de las mujeres que han quedado embarazadas sin querer; es decir, su derecho a la autodeterminación», afirmó el prelado.

Según insistió, «la Iglesia dice: ¡mantengamos este inteligente equilibrio!», una fórmula que, al menos para él, expresaría la necesidad de proteger tanto el derecho a la vida del no nacido como como la libertad de decisión de la mujer.

Como ejemplo de este «equilibrio», señaló que «los niños no nacidos no pueden protegerse a sí mismos; no pueden contratar un abogado; necesitan un abogado penalista». Eso sí —matizó acto seguido—, también es necesario «abordar la situación de las mujeres individualmente mediante asesoramiento para que puedan tomar decisiones informadas».

«No quiero echar más leña al fuego»

Respecto a las declaraciones pasadas de Brosius-Gersdorf —quien ha sugerido que la dignidad humana, desde una perspectiva constitucional, comienza con el nacimiento—, Bätzing fue cauto: reconoció la existencia de un «dilema», pero evitó una crítica frontal. «No quiero echar más leña al fuego del debate. Porque este no es un tema para una guerra cultural», advirtió, en alusión a lo que describió como una creciente instrumentalización del caso.

Bätzing concluyó con un llamamiento a la prudencia y a la responsabilidad institucional: «Mucha gente —el Parlamento, los partidos, el comité de selección— ha salido perjudicada. Esto podría haberse evitado si hubiéramos actuado con más cautela. Y podemos adivinar quiénes son los verdaderos beneficiarios de esta situación».

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