«En ese día están abiertas todas las compuertas divinas», le dijo Jesús a santa Faustina"
El «segundo bautismo» que Jesús prometió: por qué el próximo domingo es tu oportunidad de 'empezar de cero' con Dios
Una semana después de la Pascua, la Iglesia celebra la Fiesta de la Divina Misericordia, un día en el que «están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias»
El Domingo de Resurrección marca el cénit del año litúrgico, pero la octava de Pascua esconde un regalo extraordinario que Cristo confió a una humilde monja polaca. Se trata de la Fiesta de la Divina Misericordia, una cita que no es una devoción más, sino una oportunidad de renovación espiritual absoluta. Según el Diario de santa Faustina Kowalska (1905-1938), Jesús prometió en este día una gracia singular: el perdón total de las culpas y de las penas. Es, en esencia, la posibilidad de 'estrenar' alma de nuevo, recuperando la pureza recibida en el Bautismo.
El origen de una promesa
Para entender este regalo hay que viajar a las visiones de santa Faustina, quien registró fielmente las locuciones de Jesús en su Diario. Él pidió expresamente que «el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia» (Diario, 299). Ese día —como explica— «están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias».
Diario n.º 699
San Juan Pablo II, gran impulsor de este mensaje, definió este Diario como el «Evangelio de la misericordia» escrito para el siglo XX. En el año 2000, el Papa polaco extendió esta celebración a toda la Iglesia universal durante la canonización de Kowalska. Esta fiesta no introduce un nuevo dogma, sino que subraya el eje central del Evangelio: el amor infinito de Dios hacia el hombre.
Confesión y comunión: claves esenciales
La promesa es de un calado inmenso, pues ofrece una limpieza completa del alma comparable a un «segundo bautismo», como lo han definido algunos teólogos. Cristo aseguró que ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Para 'acceder' a este perdón, el fiel debe cumplir dos condiciones esenciales: la confesión sacramental previa y la comunión eucarística en ese día. Es una invitación a sumergirse en un mar de gracias que renuevan la vida desde su raíz.
Aunque la fiesta es el domingo, la Iglesia propone una preparación que arranca el Viernes Santo con el inicio de la novena. Rezar la Coronilla durante estos nueve días ayuda a disponer el corazón para recibir este gran regalo. La imagen de la Divina Misericordia y la oración de la Coronilla son hoy prácticas comunes que sostienen la devoción de miles de fieles en todo el mundo.
Participar en esta fiesta es responder al deseo expreso de Jesús para consolar a una humanidad necesitada de redención. Es la oportunidad de experimentar que, para Dios, nunca es tarde para empezar de nuevo con un alma limpia.