León XIV desciende del avión tras aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Argel
El Papa reivindica en Argel la vigencia de las Bienaventuranzas: «El futuro pertenece a los hombres y mujeres de paz»
El Santo Padre ha comenzado su viaje apostólico rindiendo homenaje a la historia de un pueblo que ha sabido superar el dolor con «nobleza de espíritu»
En su primera parada del viaje apostólico por África, el Papa León XIV ha visitado el Monumento de los Mártires Maqam Echahid en Argel–, construido en memoria de los combatientes de la guerra de independencia argelina–donde ha rendido homenaje a la historia de una nación marcada por el dolor, pero también por una «nobleza de espíritu» que le ha permitido superar la violencia con valentía.
Ante el recuerdo de quienes lucharon por la soberanía del país, el Pontífice ha lanzado un profundo mensaje sobre la reconciliación, advirtiendo que la verdadera libertad no es un legado estático, sino que «se elige cada día».
El perdón como motor de liberación
Desde este lugar, el Sucesor de Pedro ha recordado que el deseo de Dios para cada nación es una paz integral. Sin embargo, ha vuelto a insistir en un mensaje que ya pronunció en su primera bendición Urbi et Orbi de Pascua: «La paz no es sólo ausencia de conflicto, sino expresión de justicia y de dignidad».
Para el Papa, esta estabilidad solo es alcanzable a través de un camino difícil pero necesario: el perdón. «La lucha verdadera por la liberación será ganada definitivamente sólo cuando la paz se haya conquistado finalmente en los corazones», ha afirmado, insistiendo en la urgencia de romper la cadena de rencores que se arrastra de generación en generación.
La fe, el tesoro de Argelia
León XIV ha destacado la riqueza espiritual del pueblo argelino, un país que ya conocía como «hijo espiritual de san Agustín». Para el Santo Padre, la fe en Dios no es un elemento privado, sino el eje que «ilumina la vida de las personas, sostiene a las familias e inspira el sentido de la fraternidad».
En un mundo marcado por la búsqueda de «riquezas que se desvanecen» y que corrompen el corazón, el Papa ha puesto como ejemplo a los difuntos honrados en el monumento, quienes entregaron su vida por amor a su pueblo.
Como cierre de su alocución, el Papa ha ofrecido las Bienaventuranzas como la hoja de ruta para construir ese futuro que pertenece a los «hombres y mujeres de paz». Ha bendecido especialmente a quienes tienen hambre y sed de justicia y a los que trabajan por la paz, asegurando que, a pesar de las apariencias, «la violencia no tendrá nunca la última palabra».