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Peter Adamsky celebrando la Santa Misa

Peter Adamsky celebrando la Santa Misa

Era un alto ejecutivo; las últimas palabras de su esposa lo llevaron al sacerdocio: «Ahora eres mío»

Peter Adamsky, actual párroco en Connecticut, relata cómo la advertencia de su mujer sobre el dinero, una dolorosa enfermedad vivida a la luz de la Cruz y una promesa final le devolvieron la vocación que pausó a los 19 años

Hoy, a sus 70 años de edad, el padre Peter Adamsky celebra la Santa Misa en la iglesia de St. James, en la localidad de Stratford, Connecticut. Fue ordenado sacerdote a los 66 años. Sin embargo, su camino hacia el altar no siguió el curso habitual; estuvo marcado por una exitosa carrera en el mundo de las finanzas internacionales, un matrimonio de cuatro décadas y el doloroso misterio del sufrimiento que transformó su vida por completo.

En su adolescencia, Adamsky ya sentía una fuerte inclinación vocacional. Solía acudir a la rectoría parroquial los fines de semana para discernir la llamada que sentía al sacerdocio. Sin embargo, a los 19 años, la dirección de su vida cambió cuando conoció en la universidad a Kathy, una joven de rizada cabellera pelirroja de la que se enamoró a primera vista. Menos de dos años después, contrajeron matrimonio.

La advertencia sobre el dinero y el éxito corporativo

Tal y como ha relatado en una entrevista concedida a Ewtn News, a los 26 años, Peter se incorporó a la multinacional farmacéutica Johnson & Johnson. Su talento para los negocios lo llevó rápidamente a la oficina del tesorero corporativo, donde se encargaba de cerrar acuerdos globales por decenas y cientos de millones de dólares. El éxito trajo consigo grandes riquezas y un estilo de vida acomodado que terminó por relegar su vida espiritual. Aunque nunca faltó a su obligación de asistir a la misa dominical, su oración y su frecuencia a los sacramentos diarios decayeron drásticamente.

Fue su esposa Kathy quien, con valentía, lo confrontó en su propia oficina. «Peter, no puedes servir a Dios y al dinero, y tu carrera corporativa es tu dinero. Estás poniendo en peligro este matrimonio; necesitas reequilibrar tu vida», le advirtió. Adamsky reconoce hoy que ella tenía absoluta razón: la ambición de escalar la estructura corporativa lo había dominado. Aquella llamada de atención salvó su matrimonio, reorientó sus prioridades hacia la fe y de esa unión nació su único hijo, John.

El Alzhéimer: un «largo adiós» vivido junto a la Cruz

La aparente tranquilidad familiar se truncó años después cuando a Kathy le diagnosticaron Alzhéimer de inicio temprano y, posteriormente, siete tipos de cáncer, además de una enfermedad renal que requirió un trasplante. El diagnóstico de Alzhéimer, recibido cuando ella tenía 61 años, fue el golpe más duro para la familia: el inicio de lo que Peter define como el «largo adiós».

Con el paso de los años, Kathy comenzó a perder recuerdos significativos, como el lugar donde se habían casado. Peter asumió plenamente el rol de cuidador, llegando a tener que dejar notas manuscritas por toda la casa —en el sofá, la cocina y el espejo del baño— simplemente para avisarle que salía a pasear a los perros y evitar que ella entrara en pánico.

A pesar de ver desvanecerse lentamente a la mujer de su vida, Adamsky asegura que nunca cuestionó a Dios ni le reclamó por el sufrimiento. En lugar de ello, encontró la fuerza en la contemplación de Cristo: «Míralo a Él en la cruz, lo que hizo por nosotros en esa cruz; eso es amor sacrificial».

«Ahora eres mío»: del duelo al seminario

El 10 de octubre de 2014, Kathy falleció en su hogar, arropada en los brazos de su esposo mientras este le acariciaba el cabello, le agradecía por los años compartidos y recitaba el Padrenuestro. Apenas tres días antes de morir, al escuchar que Peter contemplaba el sacerdocio, ella pronunció sus últimas palabras: «Peter, ve a por ello; y si hay alguna manera, te consolaré».

Tras el fallecimiento de su esposa, Adamsky experimentó de manera nítida la voz del Señor en su interior: «Ahora eres mío». Sin dudarlo, decidió deshacerse de todos sus bienes de lujo, propiedades y vehículos que antes representaban su éxito financiero. El desapego material le otorgó una libertad absoluta. Ingresó al seminario y fue ordenado sacerdote cuatro años después.

A sus 70 años, el padre Peter confiesa que su vida sacerdotal es una experiencia de profunda alegría y plenitud. Sostiene con firmeza que sus 40 años de vida matrimonial lo han convertido en un mejor sacerdote para comprender el sufrimiento y las realidades familiares de sus fieles.

No obstante, Adamsky se opone a la idea del clero casado, argumentando que ambos ministerios exigen una entrega absoluta que no se puede dividir. Su hijo John, que hoy tiene 39 años, asiste con frecuencia a las misas que oficia su padre, quien continúa ejerciendo su labor pastoral llevando siempre consigo, en el corazón y en el bolsillo, el retrato de su querida Kathy.

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