El Papa saludó a las familias acogidas por la parroquia al final de su reunión con los sacerdotes
El Papa continúa su visita por las parroquias de la periferia de Roma
Francisco ha visitado en la tarde de este jueves una parroquia en la prefectura XVII, que abarca una zona salpicada por la pobreza y la marginación
«¡Cuántos curas!», dijo Francisco al llegar, bajo una ligera lluvia a la parroquia romana de Santa Maria Madre dell'Ospitalità. La comunidad está situada en la periferia de Roma, en la prefectura XVII, que abarca una extensa zona salpicada de pobreza y marginación. Allí, la Iglesia interviene activamente en el tejido social colaborando con los habitantes de los pisos de protección oficial.
Santa María Madre de la Hospitalidad fue construida en 1985. La hospitalidad no sólo está en el nombre, sino también en el ADN de la parroquia. En el barrio –que llaman el pueblo–, situado en una gran zona verde lejos del centro, hay de doce pisos donde viven familias en situación de emergencia habitacional, tanto italianas como extranjeras. Pobres, refugiados o familias que han sufrido un desalojo: «Cuando pierden su casa – ha explicado al Papa el párroco, el padre Rocco Massimiliano Caliandro–, acogemos a toda la familia: madre, padre, hijos. Normalmente, cuando pierden su casa, se separan. Los mantenemos juntos durante uno o dos años, luego se van solos». Al final de la visita, el Pontífice ha saludado a algunas de estas familias, entre ellas refugiados de África y Ucrania.
El Papa Francisco, durante su encuentro en la parroquia de Santa María Madre de la Hospitalidad
El objetivo principal de la visita del obispo de Roma, sin embargo, era encontrarse con los sacerdotes, como parte del ciclo de visitas a las distintas prefecturas de Roma. Este recorrido fue inaugurada el pasado 29 de septiembre en Santa María de la Salud, en el barrio de Primavalle, conocido por el asesinato de dos mujeres, la joven Michelle Caruso y la enfermera Rossella Nappini.
Este jueves, en Santa María Madre de la Hospitalidad había al menos cuarenta sacerdotes, dispuestos en semicírculo a la entrada del gran edificio amarillo. El Papa ha sido presentado por el obispo auxiliar, Riccardo Lamba, y el Papa ha estrechado la mano de cada uno: «¿Los he saludado a todos?», dijo, distribuyendo rosarios. Tras pasar unos minutos con una pareja que celebraba su 50º aniversario de boda, a quienes ha pedido que recen por él, Francisco ha pasado a la capilla del Santísimo Sacramento, donde ha permanecido unos instantes en oración.
Tras un café –«Gracias, así no me duermo», ha bromeado–, el Pontífice se trasladó a una pequeña sala donde, junto a los sacerdotes, recitó la oración al Espíritu Santo elegida para el año pastoral 2023-2024. Desde allí, charló con los sacerdotes que, a su vez, le hicieron preguntas. Sentado ante un escritorio, el Romano Pontífice tomó notas y respondió a cada pregunta.
El Papa, durante su charla con los sacerdotes de la parroquia de la hospitalidad
Entre bromas, indicaciones y reflexiones, el diálogo duró aproximadamente una hora, totalmente centrado en temas pastorales: el trabajo, la Primera Comunión, los sacramentos, la pobreza, la hospitalidad, la asistencia a los grupos socialmente más débiles, la evangelización.
Fue «un diálogo muy abierto, cordial y familiar», cuenta monseñor Lamba. El Papa «animó a todos a continuar con el buen trabajo que ya hacen, a seguir estando entre la gente, a proponer continuamente el Evangelio aunque haya dificultades». Dijo que siguieran teniendo este estilo sinodal en las parroquias, que implica una colaboración continua entre laicos y sacerdotes".
A su salida, mantuvo un encuentro con algunas familias de acogida de la parroquia. Entre ellas, se encontraban unos padres con dos hijos que huyeron de la guerra en Ucrania y hace un mes llegaron a Roma. Después, Francisco estrechó la mano de un joven asiático de 20 años, también en silla de ruedas por tener las piernas amputadas. Con él no hubo palabras, solo una mirada y una sonrisa. «Gracias por esta bienvenida», se despidió el Pontífice.