El padre Tadeusz con su 'instrumento de evangelización': una Kawasaki Vulcan 1700 Vaquero
El párroco motorista de Castel Gandolfo: «Dios me dio esta afición para ponerla al servicio del apostolado»
Pocos conocen tan de cerca el pulso espiritual de Castel Gandolfo como el padre Tadeusz Rozmus, salesiano polaco que acompaña la vida de sus feligreses y de los numerosos peregrinos que estos días han llegado atraídos por la presencia del Santo Padre
Desde que el Papa León decidió veranear dos semanas en Castel Gandolfo, el pequeño pueblo a orillas del lago Albano se ha transformado en un hervidero de peregrinos, fieles y turistas entusiasmados.
Quien ha vivido todo esto en primerísima persona es el padre Tadeusz Rozmus, salesiano polaco, más conocido por todos como Don Bike (don bicicleta) por su afición a las motos. Es el párroco de la iglesia de Santo Tomás de Villanueva, en el corazón del pueblo, donde atiende a una comunidad de unos 9 mil habitantes, además de los muchos peregrinos que pasan por allí cada día.
En conversación con El Debate, comparte cómo la presencia del Papa ha encendido un «aire de fiesta» en la localidad, y cómo sus feligreses están viviendo este tiempo con una mezcla de alegría, gratitud y esperanza renovada.
La moto como instrumento pastoral
«Ha sido un tiempo rico en gracia, con mucho movimiento de personas que han venido aquí gracias al Papa, que es muy activo y ha tenido numerosos encuentros estos días», dice con una sonrisa el padre Tadeusz Rozmus, mientras repasa los días vividos en Castel Gandolfo desde que León XIV se instaló allí, del 6 al 22 de julio. Pero lo que más impresiona es la sencillez con la que todo esto ocurre. «Se siente el aire de una gran fiesta», resume el párroco.
Rozmus no es un sacerdote cualquiera. Nacido en Polonia, fue misionero en Egipto y Uganda, provincial salesiano en Cracovia y responsable de Europa en el Consejo General Salesiano en Roma. Desde 2021 es párroco de Castel Gandolfo, donde vive junto a cuatro hermanos salesianos. Y además de su sotana, no deja de lado su casco: apasionado de las motos–él tiene una Kawasaki Vulcan 1700 Vaquero–se ha ganado el apodo de Don Bike.
«La pastoral de hoy necesita ser activa, salir al encuentro de quienes nunca pondrán un pie en una iglesia, pero que igualmente desean conocer a Dios», afirma con convicción el padre Rozmus.
Para él, la moto no es solo una afición, sino una verdadera herramienta pastoral. «Es un instrumento de evangelización: a través de ella puedo acercarme a muchas personas que no veo en la iglesia, pero que necesitan a un sacerdote», explica. Y añade con sencillez: «Esta afición es algo que Dios me ha dado, y me ha pedido que la ponga al servicio del apostolado».
Un Papa con gran capacidad de escucha
Estos días en Castel Gandolfo han tenido un aire especial. A la habitual tranquilidad del pueblo se ha sumado un bullicio inusual: cantos en las calles, peregrinos que van y vienen y numerosos encuentros. El Papa se ha asomado con frecuencia, de forma espontánea, al balcón para saludar, y su cercanía no pasa desapercibida. «No se queda encerrado, da mucho espacio a la gente. Ha habido una cercanía muy sincera», asegura el padre Rozmus.
Sobre León XIV, no escatima palabras cálidas: «No es solo un predicador que quiere enseñar, sino que realmente es un gran oyente. Presta gran atención a las personas que se acercan a él. Su mirada, su sonrisa cálida…», dice con tono agradecido. «No habla demasiado, pero lo que dice lo dice bien. Tiene una gran capacidad de escucha», asevera.
San Juan Pablo II y León XIV
Cuando se le pregunta si ha notado una diferencia con otros tiempos, especialmente respecto al Papa Francisco, el párroco es prudente, pero claro: «Es normal que cada persona sea distinta. Yo personalmente veo muchas semejanzas entre León y san Juan Pablo II: su manera de afrontar las situaciones, su sonrisa, su apertura, su forma de estar con la gente».
No es casual que lo diga. Rozmus, polaco como Juan Pablo II, lo conoció personalmente, explica con una mezcla de orgullo y afecto. En él, los recuerdos del Papa Wojtyła están vivos y sirven de referencia para leer el presente con esperanza.
Entre los muchos gestos que le han tocado el corazón en estos días, el padre Rozmus destaca la ayuda de un grupo de numerarias del Opus Dei, a las que define como bravissime. Se ofrecieron voluntarias para colaborar en la limpieza de la iglesia, con una actitud que no le pasó desapercibida.
«Les estoy muy agradecido. Se presentaron aquí con tanta alegría y entusiasmo», asevera. «A través de ellas he descubierto la fuerza del carisma de san Josemaría Escrivá», comenta impresionado. «Algunas de ellas trabajan en Rusia, en Austria, en distintos países. Ha sido un don increíble», añade. Y concluye con gratitud: «Su presencia ha sido un verdadero regalo de Dios».
León XIV en la residencia de las Hermanas de Santa Marta, en Castelgandolfo
Entre las muchas celebraciones de estos días, el padre Rozmus destaca especialmente la misa del pasado domingo en Albano: «Bellísima, con muchísima gente», recuerda. También menciona otras celebraciones significativas, como la misa del Papa con los Carabinieri —las fuerzas armadas italianas— o su visita a la residencia de las Hermanas de Santa Marta. «Un encuentro precioso, muy fraterno», añade con emoción.
En el fondo, lo que transmite este sacerdote con alma misionera —y también motorista— es que la presencia del Papa León no ha provocado un cambio espectacular en el pueblo, sino algo más profundo: una forma sencilla y cercana de hacer presente a Dios en las miradas, en las sonrisas y en la alegría de saberse hijos suyos.