20 de mayo de 2022

Portada del libro biográfico sobre Isabel Zendal

Imagen de portada del libro biográfico sobre Isabel Zendal escrito por Antonio López Mariño. Es un detalle del cuadro Edward Jenner vacuna a un niño (1884), del francés Eugène Ernest HillermarcherCesión de Antonio López Mariño


Isabel Zendal: pobre, madre soltera, analfabeta... y heroína mundial

Una biografía ahonda en la figura de la primera enfermera en misión internacional. La firma Antonio López Mariño, la persona que más sabe sobre la única mujer de la real expedición de la vacuna de 1803

La primera campaña transcontinental de salud pública fue promovida por un monarca español, Carlos IV: la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (REFV). Todo un hito por el que habría que sacar más pecho, puesto que «la vacuna es un invento inglés, pero la vacunación es una invención española», como dice el escritor Javier Moro, autor de un libro sobre este hito. Los protagonistas de esa histórica campaña sanitaria zarparon del puerto coruñés el 30 de noviembre de 1803. A bordo de la corbeta María Pita que llevó la vacuna de la viruela a América viajaron 58 personas: el capitán Pedro del Barco y su tripulación (26), el doctor Francisco Javier Balmis y su equipo médico (10), niños expósitos (21) e Isabel Zendal, la única mujer de la singladura.
Casi coincidiendo con el Día Internacional de la Enfermera, que se celebró el pasado jueves, se ha publicado una espléndida monografía dedicada a Isabel Zendal Gómez. El libro, que lleva la firma del que más sabe sobre ella, Antonio López Mariño, solo se puede comprar por internet, en la página web de Teófilo Edicións.

En busca de los apellidos

Es López Mariño quien más ha hecho por divulgar la figura de esta pionera española. Para empezar, fue el que le puso apellidos tras más de doscientos años de equívocos. En ese tiempo apareció referida como «Sendala», «Sendales», «Sendalla», «Cendala», «Zendala Gómez», «Sendales Gómez», «Gómez Cendala», «Gómez Sandalla», «López Gandalla», «Sandalla Gómez» o «López Gandalia», que es como estaba rotulada hasta hace unos años la calle coruñesa dedicada a la enfermera. De ella se había dicho que era vasca o irlandesa. Pues nada de eso. La epifanía se produjo una mañana en el Archivo Histórico Municipal coruñés. Sabemos la fecha: 8 de marzo de 2013. El autor de esta biografía encontró en un libro (uno que recoge las altas y bajas de enfermos del Hospital de la Caridad) la respuesta a tantos años de preguntas: la única mujer que llevó la vacuna de la viruela a América se llamaba Isabel Zendal Gómez y era natural de la provincia coruñesa.
A partir de ahí construyó la biografía de la enfermera. Lo hizo a base de muchas horas de trabajo. Cuando uno acude al Archivo Histórico Municipal coruñés, es raro no encontrarse al autor de Isabel Zendal. La madre de todas las vacunas en la segunda fila de las mesas de consulta, dando la espalda a la puerta de entrada. Gracias a él, hoy sabemos mucho más de la vida y obra de esta ilustre mujer.
Antonio López Mariño posa junto a una estatua dedicada a Isabel Zendal levantada en los terrenos donde estaba la Casa de Expósitos de la que fue directora

Antonio López Mariño posa junto a una estatua dedicada a Isabel Zendal levantada en los terrenos donde estaba la Casa de Expósitos coruñesa de la que fue directoraNovo

Pobre de solemnidad

Nace en Santa Mariña da Parada, una parroquia que entonces estaba bajo el señorío del conde de Altamira y hoy pertenece al Ayuntamiento de Ordes. Seguramente ese alumbramiento se produzca en 1771.
Las familias de la feligresía están agrupadas en 53 fuegos (casas habitadas) que suman 252 vecinos. Isabel es hija de Ignacia y de Jacobo, ambos pobres de solemnidad. Tiene ocho hermanos, tres de los cuales fallecen al poco de nacer, lo que es de lo más común, puesto que la tasa de mortalidad prematura (menores de dos años) de su parroquia es del 29,7 %.

Sirviente en una casa rica

Tras pasar su infancia y mucha hambre en Santa Mariña da Parada, de adolescente entra a trabajar como criada en la casa del hombre más rico de la ciudad coruñesa, Gerónimo Hijosa, situada en el número 36 de la calle Real. Qué contraste: criada en la aldea por una familia de labradores pobres y sirvienta en una casa rica de la urbe. Tanto dinero se mueve en esa casa que el señor hasta cuenta con un esclavo (en concreto, originario del Congo), lo que es habitual en el caso de los capitanes de los buques que van al Caribe, en las familias pudientes que regresan de América o, como es el caso, en los comerciantes acaudalados.
«De nueve hermanos, tres mueren de pequeñitos. De los que sobreviven, dos se quedan al frente de las tierras que cultivaba la familia Zendal, una se casa en la aldea (Santa Mariña de Parada), Bernarda, y las otras tres tienen que emigrar a Coruña y se dedican a labores domésticas: Isabel, María Antonia y Francisca», detalla López Mariño.
Vista de Santa Mariña de la Parada, localidad natal de Isabel Zendal

Vista de Santa Mariña de la Parada, localidad natal de Isabel ZendalJosé Caruncho

El 31 julio de 1796, la vida de Isabel da un giro decisivo: nace su hijo Benito. Es madre soltera, lo que es de dominio público en una ciudad habitada por 15.000 personas en la que todo el mundo se conoce. No está mal visto: para muchas solteras, tener descendencia es la única garantía de poder contar con cuidados cuando llegue la vejez.
En marzo de 1800, nuevo gran cambio: es nombrada rectora de la Casa de Expósitos de la ciudad, que se ubica en el Hospital de la Caridad fundado por otra mujer, Teresa Herrera. Cada semana, dos nuevas criaturas son acogidas bajo el amparo de la inclusa coruñesa. Entre su apertura en 1773 y 1803 (año de la marcha de Isabel a América), 1.081 críos pasan por la inclusa.
Trabaja tres años como rectora, con parco salario. Gana 50 reales (y una libra diaria de pan), menos que el capellán (150), el encargado de compras (100), la lavandera (100) y el acarreador de agua (80). Solo la tornera-cocinera cobra menos: 24 reales.

La expedición

Y, de repente, llega el golpe de timón definitivo. El doctor Balmis, al mando de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna impulsada por orden de Carlos IV, elige la ciudad coruñesa como punto de partida de su singladura. Lo hace por dos motivos: porque es un territorio con baja incidencia de la viruela y por su sobresaliente pedigrí marinero (desde 1764 es base de los Correos Marítimos).
Embarca a 21 expósitos, que serán los encargados de transportar mediante una cadena de trasvases de brazo a brazo, cada diez días, el pus vacunal, fresco y activo.
Son críos de entre 2 y 9 años que, por supuesto, jamás han realizado una travesía. Balmis sabe que serán indomables, salvo que los coloques bajo la supervisión de alguien que tenga mano para manejar a tan peculiar grupo. Esa es Isabel Zendal, la única mujer de la expedición. Obviamente, se lleva a su hijo, que es uno de los niños vacuníferos.
Grabados 'El torno de los expósitos' (Anónimo) y 'Alejándose del torno', de Gustavo Dore.

Grabados 'El torno de los expósitos' (Anónimo) y 'Alejándose del torno', de Gustavo Dore.Cesión de Antonio López Mariño

La expedición llegará a América y después se bifurcará en varias rutas. Una de ellas llevará a Isabel a Manila. Después regresará a Acapulco. Lo hace el 14 agosto 1807. Que sepamos, ya permanecerá en México toda su vida.

Últimas revelaciones

Antonio López Mariño apunta que José Tuells, el mayor experto mundial en la REFV y una referencia mundial en vacunología, ofreció el pasado 7 de marzo una conferencia en la que ofreció nuevos datos sobre la enfermera y su hijo Benito.
Presentó un documento que acredita que Isabel no sabía ni firmar en 1811, ya con 40 años (por lo que se da por hecho que sería analfabeta toda su vida), y otro que confirma que el hombre que la dejó embarazada se llamaba Esteban Vales.
De Benito reveló que finalmente se marchó a California y que allí tuvo un hijo. Un apunte: el vástago de Isabel tiene mucho protagonismo en El mar recordará nuestros nombres (Planeta Cómic), la magnífica novela gráfica que Javier de Isusi publicó el pasado año sobre la REFV.
Por su parte, López Mariño rescata en su libro un desconocido testimonio de un nieto de Francisco Antonio de Cossio, uno de los críos gallegos que portó la vacuna. Este niño expósito, natural de Santa María de Sada (A Coruña), llegó a ser catedrático en México (en concreto, Catedrático Propietario de Mínimos y Menores, Filosofía y Artes en el Real y Primitivo Colegio de San Juan de Letrán).

Una emigrante

Todas estas últimas novedades, junto a muchas otras procedentes de su extensa investigación, las ha incorporado López Mariño en Isabel Zendal. La madre de todas las vacunas. ¿Cómo resume la vida de la enfermera quien mejor la conoce?: «La veo como una emigrante que no quiere nunca más volver a pasar las penalidades que sufrió en la aldea como hija de una familia de pobres de solemnidad que no tienen ni un metro de tierra propia para caerse muertos. Así que se va a agarrar a las oportunidades laborales que pasan por su puerta y va a trabajar a plena satisfacción de sus patrones, sea como rectora de expósitos o como enfermera en la expedición de la vacuna. Trabaja hasta quemar totalmente su salud, como dice Balmis en su informe firmado en Macao», se extiende el autor.
Partida de la 'María Pita' del puerto coruñés en 1803, acuarela realizada por Miguel Camarero en 2016

Partida de la 'María Pita' del puerto coruñés en 1803, acuarela realizada por Miguel Camarero en 2016Cesión de Antonio López Mariño

Tras tantos años siguiéndole la pista, está autorizado a aventurar una hipótesis vital sobre «Isabel», como la llama en todo momento: «Ella se fue para no volver. Todos los miembros de la expedición firman documentos ante notario en los que transfieren entre el 50 y 60 % de sus ingresos a las familias que quedan aquí en España. Isabel eso no lo hizo. Se fue para allá con la idea de montarse la vida al otro lado del mundo».
López Mariño reivindica que Zendal es una figura fundamental en la historia de este país. «La expedición de la vacuna fue un hito en la historia de la medicina. Y seguramente se trate de la mejor aportación de España a la historia de la sanidad pública. Que los pilares sean Isabel, que procede de donde procede, y unos expósitos, que son el escalón más desfavorecido de la sociedad, tiene mucha miga. Estamos hablando de niños de entre dos y nueve años. Y de una mujer analfabeta que viene de la más absoluta de las pobrezas. Ella es la mejor mano izquierda que encontró la historia de la sanidad pública», concluye.
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