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27 de febrero de 2024

Abecedario filosóficoGregorio Luri

De Churchill a Claridad

Actualizada 08:45

Churchill
H.G. Wells se encontró con Winston Churchill y le preguntó sobre la marcha de la guerra.
- Estamos llevando adelante nuestro plan -dijo Churchill.
- ¿Tienes un plan? -preguntó Wells.
- Si, claro que sí!
- ¿Cuál!
- ¡Continuar con nuestra política general!
- ¿Tienes una política general?
- ¡Evidentemente! ¡La política I.S.A.!
- ¿Y en qué consiste la política I.S.A.?
- En esto: en Intentar Salir del Atolladero.
Cicerón
Sobre la república
- Entonces: cuando te irritas, ¿permites a la ira que domine tu ánimo?
- No, ¡vive dios!, sino que imito al famoso Arquitas de Tarento, quien, al llegar una vez a su finca y encontrarse con todo al revés de como él lo había dispuesto, dijo al mayoral: «Feliz de ti, que, si no fuera porque estoy irritado, ya te habría matado a palos».
Cicuta
Lev Shestov, En la balanza de Job: «La cicuta es más fuerte que la sabiduría, y el rústico soldado aniquila a Arquímedes y sus planos».
Cielo
Los cristianos hemos pintado con gran detalle los tormentos del infierno, mientras hemos dejado el cielo en una vaporosa indefinición. Algún notable teólogo, temiéndose el tedio de la eternidad, se imaginó que en el cielo habría palcos para distraernos contemplando los tormentos de los pecadores.
Sion embargo el Edén lo pintamos como un paraíso sensual lleno de exuberancia, desnudez y tiempo libre que ofrecía la posibilidad de salida con un mordisco a una manzana. No era, pues, una cárcel de oro. Si tenemos en cuenta los «paraísos políticos» que hemos creado los humanos, hay que reconocer que el Dios bíblico es moralmente muy superior a los dictadores, ya que no nos condena a vivir en el paraíso.
Ciencia
La entrevista más breve que hizo Horace Freeland Judson fue la del virólogo y premio Nobel de medicina Renato Dulbecco. “Cuando llegué a su oficina, me hizo pasar, cerró la puerta, se sentó en su escritorio y dijo que no iba a hablar conmigo. Sorprendido, pero respetándolo al menos por no haber impuesto a su secretario la tarea de rechazarme, dije algo sobre la importancia de hacer llegar el trabajo científico al público en general. Dulbecco respondió: «No hacemos ciencia para el público en general. La hacemos el uno por el otro. Buen día».
Horace Freeland Judson, Reweaving the Web of Discovery.
Ciencias humanas
En las ciencias humanas no parece posible que un científico honesto no oculte un moralista, ni un moralista que no vea la realidad como el indisciplinado cortejo de una idea.
Cínico
Diderot escribe en la Encyclopédie que el cinismo es propio de aquellos filósofos cuya singularidad «consistía principalmente en transportar al medio de la sociedad las costumbres del estado de naturaleza».
En el primer siglo de nuestra era los cínicos llegaron a ser una de las principales sectas filosóficas y, posiblemente, la más popular. Vestían una túnica sencilla, iban descalzos, llevaban barba, báculo (a veces sustituido por una maza como la de Hércules), alforja y manta y, como buenos cosmopolitas, recorrían las ciudades del imperio jactándose de su libertad de palabra (con frecuencia inconfundible de la impertinencia). Por ello fueron perseguidos sañudamente. Vespasiano mandó crucificarlos.
Cioran
«Lo interesante del amor es la imposibilidad», decía Cioran. Leyéndolo uno tiene con frecuencia la sensación de que la vida era para él una sórdida tarde de domingo y que buscaba en el amor la quimera de hacerla soportable. Era asiduo a los burdeles y admiraba al poeta venezolano Juan Sánchez Peláez, que el mismo día de su boda salió a la calle a buscar amor de pago. Aseguraba que él habría hecho lo mismo. Conoció a una prostituta que, cada vez que tenía relaciones sexuales veía el cadáver de su marido junto a ella.
- Veo que te sucede lo mismo a mí- le dijo a Cioran.
Habiendo experimentado esto, ¿es posible hablar de amor?
Le oí esta desoladora historia a Roland Jacquard, suicida vocacional, y me resulta imposible olvidarla.
Ciudadano
Si entiendo bien a Hegel, ser ciudadano es ser cristiano, ya que el cristianismo es nuestra manera de ser griegos.
Ciudadanía
Para los revolucionarios franceses, la libertad y la igualdad serán el fundamento de la ciudadanía. En diciembre de 1790 Robespierre propuso añadir la fraternidad, por considerarla el fundamento de la virtud republicana.
Ciudad de los cerdos
Cuando Sócrates se propone, en la República de Platón, la tarea de pensar una ciudad justa, se pregunta en primer lugar por la posibilidad de contentarnos con la justicia sencilla y fácil de la austeridad autosuficiente. Pero pronto descubre que las ciudades reales son el lugar en que lo posible pugna por hacerse realidad, que, en definitiva, «todos queremos más». Toda utopía es el sueño de un deseo colmado y reconciliado con lo real.
Civilización
El hispanista J. B. Trend, ante unos olivos, unas cabras, un camino pedregoso y una viña en pérgola en Mallorca: «¡He aquí la civilización!»
Claridad
Insistía Ortega en que tenemos el imperativo de la claridad asentado en la raíz misma de nuestra constitución. Por eso me pregunto yo qué demonios pretendía Lacan al pontificar que el pene es la raíz cuadrada de menos 1.
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