Snus
Así ha logrado Suecia reducir el tabaquismo al 3,7 % y por qué España podría echar por tierra ese éxito
Suecia se ha convertido en el primer país del mundo con fumadores diarios por debajo del 4 % gracias a sustituir el cigarrillo por nicotina sin combustión, justo cuando la UE estudia una directiva que equipara todos los productos y puede alimentar el mercado ilícito
Suecia acaba de alcanzar un hito que ningún otro país ha logrado. El país del norte de Europa ha situado el tabaquismo diario por debajo del 4 % y ha logrado entrar en la categoría de nación 'libre de humo' según los criterios internacionales. Los datos oficiales de 2025 son que solo el 3,7 % de la población adulta fuma a diario y el 7 % lo hace en total, sumando consumo diario y ocasional. Se trata de cifras sin precedentes a escala nacional y que contrastan con la realidad de la mayor parte de Europa, donde muchos Estados siguen por encima del 15 % de fumadores, e incluso por encima del 20 % en territorios como Cataluña.
El caso sueco, sin embargo, descoloca a quienes identifican automáticamente menos tabaco con menos nicotina. En Suecia no ha desaparecido la nicotina, ha desaparecido el cigarrillo. El descenso del tabaquismo se explica por la sustitución masiva del cigarrillo combustible por productos de nicotina sin combustión, como el tradicional snus prohibido en el resto de la UE— y, más recientemente, las bolsas de nicotina. Es decir, se ha cambiado la forma de consumir, desplazando la combustión, que es el principal origen del daño sanitario.
La experiencia está ampliamente documentada en la literatura científica. Amplios estudios han mostrado que la transición del cigarrillo al snus ha sido un motor clave para dejar de fumar, al elevar las tasas de cesación y reducir la iniciación entre jóvenes. Un trabajo publicado en Harm Reduction Journal en 2024 calcula que alrededor de 3.000 muertes anuales atribuibles al tabaquismo se han evitado en Suecia gracias a la disponibilidad de snus y bolsas de nicotina, al comparar escenarios con y sin acceso a estos productos.
Menos mortalidad
Las cifras de salud pública encajan con este patrón. Suecia registra las tasas más bajas de cáncer de pulmón de la Unión (en torno a un 40 % menos que la media comunitaria) y la menor mortalidad atribuible al tabaquismo, sobre todo entre hombres. Los investigadores subrayan que esta diferencia no se debe a que los suecos hayan consumido menos nicotina históricamente, sino a que han eliminado casi por completo el humo.
Suecia registra las tasas más bajas de cáncer de pulmón de la Unión Europea
El siguiente país en la carrera hacia el estatus smoke free es Nueva Zelanda, aunque aún no ha cruzado el umbral técnico del 5 %. Allí, la prevalencia de fumadores diarios ha caído hasta el 6,8 % de la población adulta, desde más del 16 % hace poco más de una década, mientras el vapeo diario se sitúa ya entre el 11 y el 12 %, superando claramente al cigarrillo. Las autoridades sanitarias neozelandesas apostaron explícitamente por las alternativas sin combustión como herramienta para combatir el tabaquismo, y el vapeo se ha consolidado como la principal vía de sustitución del cigarrillo entre fumadores adultos con más dificultades para dejarlo por métodos tradicionales. Aunque las series oficiales insisten en que no prueban una causalidad directa, la coincidencia entre el desplome del tabaquismo y el auge del vapeo es difícil de ignorar.
Caja con bolsitas de snus
Frente a estos ejemplos, la Unión Europea parece encaminarse hacia una respuesta regulatoria paradójica. La revisión en curso de la Directiva de Productos del Tabaco apunta a una equiparación prácticamente total entre productos combustibles y no combustibles (desde cigarrillos y picadura hasta tabaco calentado, cigarrillos electrónicos y bolsas de nicotina) bajo un enfoque centrado exclusivamente en la nicotina, no en la combustión. El riesgo, alertan diversos expertos, es debilitar precisamente las categorías de productos que han permitido a Suecia reducir el tabaquismo diario al 3,7 % y acercan a Nueva Zelanda al objetivo del 5 %, mientras buena parte de Europa sigue anclada en cifras de doble dígito de fumadores.
Prohibicionismo europeo
A esta paradoja se suma la experiencia de países que han optado por la vía más prohibicionista. La evidencia en salud pública recuerda que, en entornos de prohibición o restricciones extremas, el consumo no desaparece, sino que se desplaza a canales ilícitos. Es lo que ha ocurrido en Francia, con empaquetado genérico obligatorio y una de las fiscalidades más altas del continente, los últimos estudios sitúan el consumo ilícito de cigarrillos en torno al 37–38 % del total, el porcentaje más elevado de la UE.
Algo parecido sucede en Alemania con las bolsas de nicotina, directamente no autorizadas. Pese a la prohibición, investigaciones recientes señalan que estos productos se venden de forma ilegal en alrededor del 16 % de los puntos de venta inspeccionados, y que aproximadamente un tercio de las unidades analizadas son falsificaciones sin control sanitario ni de calidad. En la práctica, la demanda se ha desviado a circuitos no regulados, con más riesgos para el consumidor, menos recaudación fiscal y menos capacidad de supervisión pública.
La comparación entre Suecia, Nueva Zelanda y los modelos más restrictivos deja una conclusión incómoda para el debate europeo. Allí donde se ha apostado por sustituir el cigarrillo por alternativas sustancialmente menos nocivas, reduciendo la combustión, el tabaquismo y sus enfermedades asociadas caen con rapidez. Por el contrario, los enfoques centrados en prohibir o asfixiar todas las formas de nicotina tienden a reducir peor la carga de enfermedad y, además, alimentan mercados ilícitos que multiplican los problemas: peor control de los productos, más criminalidad y menos ingresos públicos para financiar la sanidad.
La UE se encuentra ahora ante una decisión de gran calado: seguir el camino de los datos, o el de las buenas intenciones que chocan con la realidad del mercado y del comportamiento humano.