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Mar de Aral

Mar de AralCreative Commons

El suelo del mar de Aral se eleva: cómo la acción humana altera la estructura interna de la Tierra

Este movimiento, lejos de ser instantáneo, sigue manifestándose décadas después del secado de la masa de agua debido al comportamiento viscoelástico del manto superior

La pérdida del mar de Aral se considera uno de los grandes desastres medioambientales de la historia. Sus aguas se formaron durante el Pleistoceno, pero poco queda ya más que polvo y matorrales del que fue el cuarto lago salino más extenso del planeta. Ubicado entre Kazajistán y Uzbekistán, en Asia Central, ya solo cuenta con menos del 10 % de su tamaño original.

El principal factor fue la desviación de dos ríos –el Syr Darya y el Amu Darya– que desembocaban en el mar de Aral en los años 60, una decisión que tomaron las autoridades comunistas de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) para producir algodón en los campos cercanos. Así, construyeron decenas de presas y embalses y una red de canales de más de 30.000 kilómetros de recorrido. Primero desviaron un tercio del caudal, una cantidad que se fue aumentando progresivamente hasta niveles trágicos para el mar de Aral, que dejó de recibir el aporte de estos ríos.

Pero el drama no termina aquí. Un reciente estudio publicado en Nature Geoscience revela que su desaparición progresiva ha desencadenado una respuesta geodinámica profunda en el interior del continente euroasiático. Investigadores chinos y estadounidenses han identificado un ascenso lento pero significativo de la superficie terrestre en la región circundante, provocado por la relajación viscoelástica del manto terrestre a consecuencia del colapso hidrológico de este enorme cuerpo de agua.

Gracias a la tecnología de radar satelital (InSAR), los científicos han podido detectar una elevación de hasta 7 milímetros por año entre 2016 y 2020 en un área que abarca más de un millón de kilómetros cuadrados. Esta deformación superficial, que se extiende radialmente desde la cuenca del Mar de Aral, sugiere que la astenosfera –la capa del manto superior situada por debajo de la litosfera– es mucho más débil en esta zona de lo que se creía hasta ahora.

Alteración de procesos geológicos

Este movimiento, lejos de ser instantáneo, sigue manifestándose décadas después debido al comportamiento viscoelástico del manto superior. Los modelos empleados por los científicos revelaron una astenosfera inesperadamente fluida con valores mucho menores a los observados en otras regiones tectónicamente estables como Groenlandia o Escandinavia.

El estudio también identificó una litosfera rígida que, como una «tapa», controla el patrón de deformación a gran escala. Estas observaciones refuerzan la idea de que la viscosidad del manto varía significativamente según las condiciones locales, incluyendo temperatura, mineralogía y contenido hídrico.

Más allá del hallazgo científico, los autores subrayan el papel transformador de las actividades humanas sobre la dinámica interna del planeta. La desaparición del Mar de Aral no solo tuvo consecuencias ecológicas, sino que también alteró procesos geológicos a decenas de kilómetros de profundidad. Este caso demuestra cómo los cambios hidrológicos inducidos por el ser humano pueden tener efectos geofísicos duraderos, aportando nuevos datos para refinar modelos globales de geodinámica y evolución del paisaje.

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