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Un oso polar del sureste de Groenlandia sobre un glaciar, o hielo de agua dulce, a 61 grados norte

Oso polarEuropa Press

La cualidad de los osos polares que evita que se congelen, según la ciencia

El pelaje del oso polar no solo lo protege del frío, sino que también influye en su caza

Un estudio publicado en Science Advances ha revelado que el secreto de la resistencia del pelaje del oso polar al hielo radica en una capa de sebo que recubre cada uno de sus pelos. Esta sustancia, compuesta principalmente por lípidos específicos, reduce la adhesión del hielo y permite que el animal se mantenga seco incluso en temperaturas extremas del Ártico.

Investigadores de la Universidad de Bergen y el Trinity College Dublin analizaron muestras de pelo de seis osos polares salvajes. Descubrieron que la fuerza de adhesión del hielo a su pelaje es de aproximadamente 50 kilopascales (kPa), por debajo del umbral de 100 kPa que define un material como «icefóbico». Sin embargo, cuando el sebo fue eliminado con detergente, la adhesión se incrementó a más de 150 kPa, confirmando su papel clave en la protección contra el hielo.

«Medimos la fuerza de adhesión del hielo, que es una medida útil de qué tan bien se adhiere el hielo al pelaje; la hidrofobicidad, que determina si el agua puede desprenderse antes de que se congele; y el tiempo de retardo de congelación, que simplemente muestra cuánto tiempo tarda una gota de agua en congelarse a ciertas temperaturas en una superficie dada», explica Julian Carolan, uno de los expertos del estudio.

Mediante cromatografía de gases y resonancia magnética nuclear, los científicos identificaron que el sebo está compuesto por colesterol, diacilglicéridos y ácidos grasos ramificados. Un hallazgo relevante fue la ausencia de escualeno, un compuesto común en el sebo de mamíferos acuáticos como las nutrias y los leones marinos. Modelos teóricos sugieren que el escualeno favorece la adhesión del hielo, por lo que su ausencia en los osos polares podría ser una adaptación evolutiva para minimizar este problema.

«El sebo se destacó rápidamente como el componente clave que proporciona este efecto antihielo, ya que descubrimos que la fuerza de adhesión se veía muy afectada cuando se lavaba el cabello. El cabello sin lavar y grasiento hacía que fuera mucho más difícil que el hielo se adhiriera», subraya Carolan.

El pelaje del oso polar no solo lo protege del frío, sino que también influye en su caza. Estos animales suelen esperar inmóviles junto a agujeros en el hielo para sorprender a sus presas. La baja adhesión del hielo a su pelaje les permite moverse con sigilo, un factor crucial para su estrategia de caza. Además, después de sumergirse en agua helada, sacuden el exceso de agua y ruedan sobre la nieve, lo que permite que el hielo se desprenda con facilidad.

Más allá del ámbito biológico, este descubrimiento abre la puerta a aplicaciones tecnológicas. Los investigadores están explorando el desarrollo de recubrimientos antihielo inspirados en el pelaje del oso polar para infraestructuras como turbinas eólicas, aviones y equipamiento deportivo. Manish K. Tiwari, de la University College London, destaca que este hallazgo no solo amplía el conocimiento sobre los osos polares, sino que también podría impulsar el diseño de materiales innovadores con propiedades antihielo más eficientes y ecológicas.

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