06 de febrero de 2023

Rosa López, este martes en 'Días de tele'

Rosa López, este martes en Días de teleRTVE

Días de tele

Las dos mentiras que Rosa de España contó para entrar en 'Operación Triunfo'

La granadina y Chanel, mano a mano en el programa de Julia Otero

El 11 de febrero de 2002, Rosa López pasó a ser Rosa de España. Fue el día de la final de Operación Triunfo. Del primero. Del original. Se recibieron 1,8 millones de votos en TVE, que fue la televisión que confió en aquel concurso que combinaba el reality con la música. Todo un acierto: la gala definitiva fue la emisión no deportiva más vista desde que hay cadena privadas: la media de espectadores fue de 12.873.000. Para llegar a ese momento estelar, Rosa recorrió un largo camino, que empezó con un par de mentiras, del tipo piadosa.
La cantante granadina fue la invitada de Días de tele, el programa de Julia Otero, cuya primera parte giró en torno a aquel OT y a la última edición de Eurovisión, por lo que también compareció en la mesa del programa Chanel, que tenía 11 años cuando Bustamante, Chenoa, Bisbal y el resto de los triunfitos se hicieron famosos.
En el programa se emitieron de nuevo las imágenes en las que Rosa cruza por última vez la pasarela, y lo hace para abrazar a sus progenitores: «Ese día no me esperaba que me trajeran a mis padres», contó tras emocionarse con el viejo vídeo.
Noemí Galera, que fue la directora de casting de aquel Operación Triunfo fundacional, compareció vía vídeo, pero en directo. Recordó lo que sintió al escuchar por primera vez a Rosa, en la prueba de selección que realizaron en Granada: «Perdón, ¿esta voz de dónde sale? Era la hos.… Era difícil de encontrar. Recuerdo quedarme muy impactada».
Sin embargo, Rosa se sintió pequeña en aquel casting. Pensó que sin un buen currículo no lograría su objetivo. Así que soltó dos mentiras en los papeles que le hicieron rellenar: «Que sabía inglés, que tocaba el piano…». «No hace falta mentir en los castings. Su currículo es su voz», replicó Galera. Pero la Rosa de 2002 no pensaba lo mismo: «La sensación era: 'Si no pongo eso, no entro'», recordó.
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