Tony Curtis, Marilyn Monroe y Jack Lemmon protagonizaron Con faldas y a lo loco
Historias de película
Billy Wilder, a Jack Lemmon en el tenso rodaje de 'Con faldas y a lo loco': «No necesito tus ideas»
La primera película en la que colaboraron director y actor estuvo marcada por un rodaje complicado que dio por resultado la mejor comedia de todos los tiempos
Billy Wilder dirigió a Jack Lemmon en siete ocasiones. El actor de Massachusetts era relativamente conocido a mediados de la década de los 50. Había realizado con cierto éxito La rubia fenómeno, Operación gran baile, Me enamoré de una bruja y Escala en Hawai por la que ganó el Oscar al mejor actor secundario. Y es que, aunque había hecho algunos protagonistas, Lemmon era, sobre todo, un grandísimo secundario. Por eso, cuando en 1957 Billy Wilder le llama para protagonizar su siguiente película, apenas diciéndole «eres un músico que presencias junto a tu amigo la Matanza de san Valentín y tenéis que escapar y estar el 85 por ciento del tiempo corriendo y vestidos de mujer», Lemmon le dijo que sí. A ciegas.
Con faldas y lo loco se estrenó en 1959 y la protagonizó junto a Marilyn Monroe y Tony Curtis. Fue un éxito total de crítica y público, el mayor en la vida de Billy Wilder que, con el tiempo, ha acabado considerándose la mejor comedia de la historia del cine. Pero el rodaje fue una pesadilla. Una Marilyn Monroe deprimida, alcoholizada y enganchada a toda clase de pastillas para dormir por la noche y para mantenerse despierta durante el día, perturbaron el día a día de un equipo inmenso de personas.
De sobra es conocido que se presentaba al rodaje cinco y seis horas tarde, que olvidaba sus frases y que se quedaba ausente entre toma y toma. Wilder, Curtis y Lemmon hablaron de ello en infinidad de ocasiones. El director diría: «Después de ver las escenas con Marilyn en Con faldas y a lo loco todo valía la pena, sus retrasos o las cincuenta veces que teníamos que rodar una toma tras otra. El material era único, irrepetible. Nunca tuve ningún problema con ella, lo tenía ella consigo misma». Curtis explicó sobre aquello: «Era una mujer dulce y vulnerable que estaba enferma cuando hicimos la película, física y emocionalmente». Y, por su parte, Lemmon añadiría: «Era una actriz cómica talentosa, pero tenía demasiadas luchas internas. Nunca vi a Billy quedarse sin palabras, solo con Marilyn, que le desesperaba».
Y aunque es innegable que lo más complicado de Con faldas y a lo loco para todo el equipo fue trabajar con una brillante e inestable Marilyn Monroe, Wilder contó también en varias ocasiones, pero entre risas, lo que supuso trabajar con un joven y emocionado Lemmon que se enfrentó con éste al primer gran papel de su carrera: «Teníamos que empezar a rodar a las 9 de la mañana. Y todos los días tenía a Jack en mi despacho a las ocho y cuarto diciéndome: 'Tengo una grandísima idea. ¿Qué te parece si hacemos esto o esto o esto otro?'. Yo le miraba en silencio y él mismo se contestaba: 'Vale, a mí tampoco me gusta'. Y se iba. Y así todos los días». Al cabo de varias semanas de ir a su despacho con nuevas ideas sobre el personaje de Joe que se disfraza de Dafne y que le valió la nominación al Oscar al mejor actor principal, Wilder le diría: «Mira, Jack, eres un actor extraordinario y seguro que hacemos muchas películas juntos. Pero llevo un año escribiendo este guion y no necesito tus ideas. Necesito que vayas al set y digas tus frases».
El resultado no pudo ser más extraordinario, porque Lemmon que tenía unas dotes innegables para la comedia, nunca estuvo más desmelenado ni más desinhibido que en Con faldas y a lo loco, «el mejor guion», según dijo, que había leído jamás. Y es que, a lo largo de los años, Lemmon solo tuvo palabras de agradecimiento para Wilder: «Estuve a su lado durante casi 25 años. Trajo una cantidad enorme de alegría y felicidad a todos los que tuvieron la suerte de trabajar con él. Es la persona que ha influido más profundamente en mi carrera».
Wilder contó con Lemmon en otras seis ocasiones. Después del éxito incontestable de Con faldas y a lo loco llegarían El apartamento (1960), un drama cómico sobre un hombre que deja su piso a sus jefes para sus aventuras extramatrimoniales; Irma la dulce (1963), en la que hace de policía enamorado de una prostituta en el París del XIX; En bandeja de plata (1966), hilarante comedia con Walter Matthau sobre un timo a una aseguradora; ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre? (1972), una comedia algo amarga de nuevo sobre la infidelidad y el amor; Primera plana (1974), la más hilarante y vitriólica comedia que se ha hecho sobre el mundo de la prensa y Aquí, un amigo (1981), en la que da vida a un anciano deprimido a punto de suicidarse.
Lo cierto es que, casi 45 años después de su última película y 66 después de la primera, el binomio Wilder-Lemmon sigue siendo uno de los más fructíferos, eficaces, divertidos e irrepetibles que ha dado la historia del cine.