09 de diciembre de 2022

Augusto Ferrer-Dalmau durante su participación en el Congreso Católicos y Vida Pública organizado por el CEU

Augusto Ferrer-Dalmau durante su participación en el Congreso Católicos y Vida Pública organizado por el CEU

Congreso Católicos y Vida Pública

Augusto Ferrer-Dalmau: «Me apetece pintar historia contemporánea; retrataré un atentado de ETA»

El pintor de batallas repasa su carrera en el 24º Congreso Católicos y Vida Pública y lamenta la politización de la Guerra Civil: «No me interesa»

¿No te has planteado pintar más escenas de la Guerra Civil?, le preguntaban. «¿Para qué? Ya no me interesa, el tema se ha complicado demasiado», respondía este sábado el pintor Augusto Ferrer-Dalmau, autor de obras como Rocroi, el último tercio o El milagro de Empel, durante su intervención en el 24º Congreso Católicos y Vida Pública. «Me apetece pintar más la historia contemporánea», aseguró el artista catalán.
Ferrer-Dalmau adelantó en el evento algunos de sus próximos proyectos, como una escena de un atentado de ETA en Madrid, la batalla de Covadonga o la defensa de Puerto Rico contra la flota de Francis Drake. «Yo no voy a contracorriente, voy a lo mío, y seguiré haciéndolo aunque me censuren», señaló el pintor, en un acto conducido por el escritor Jorge Soley, dentro del evento organizado por la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y la Fundación CEU.

«¿Qué más da la leyenda negra?»

Soley y Ferrer-Dalmau departieron sobre la trayectoria del pintor y sobre su rol como retratista de la historia de España. «No es casualidad que España sea uno de los mejores países del mundo, y esto hay que imaginarlo y hay que pintarlo», aseguraba Ferrer-Dalmau, que despreció el impacto de la leyenda negra. «¿Qué más me da? La realidad es que todo un continente hoy habla español, y comparte la misma lengua y religión: a mí me enorgullece».
En el evento también se repasó la trayectoria vital y artística del protagonista. «Yo era el niño que pintarrajeaba los libros», recordaba Ferrer-Dalmau, que creció dibujando al Capitán Trueno y las cargas de las películas del Oeste. Relató cómo en su familia, ligada al carlismo, se vivía un ambiente muy tradicionalista, y explicó cómo dejó de trabajar en la industria textil para ser pintor. «Cogí la moda de Antonio López, yo era fan», señala.
De pintar paisajes urbanos y marinas dio un nuevo salto al vacío cuando decidió pasar a pintar escenas históricas y militares. «Jamás imaginé que a la gente le gustaría tanto», sonrió, y añadió que en aquel momento se dio cuenta de un «vacío enorme» en la iconografía española: no encontraba obras, por ejemplo, que pusieran imágenes a las guerras carlistas. «Creo que hoy ya se ha convertido en tendencia artística», decía, y comentaba que su pasión actual son sus estudiantes, los futuros pintores de batallas.

El relato inexistente

La historiadora María Fidalgo, estrecha colaboradora de Ferrer-Dalmau, presentó el acto loando el trabajo del pintor de batallas: se trata –dijo– de «una labor ímproba» en la definición de la identidad española y cristiana. Fidalgo lamentó que «España nunca ha tenido relato», y que es el país con menos pintura histórica militar, tal vez, planteó, porque no le ha hecho falta.
«Ferrer-Dalmau comenzó su carrera en circunstancias hostiles: tanto por el mundo del arte –donde un pintor académico no tiene nada que hacer frente a la vanguardia– como por la tergiversación de la historia», añadió Fidalgo, para quien «la gente está harta de que el arte contemporáneo le tome el pelo». «En su pintura hay siempre una reivindicación patriota», apuntó, y destacó la «extraordinaria» documentación histórica que hay en sus obras: «Sus cuadros se convierten en documentos».
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