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16 de abril de 2024

El escritor noruego Jon Fosse

El escritor noruego Jon Fosse

Lo que sucede cuando uno se queda atascado en un bosque, en mitad de la nieve y al caer la noche

Novela más reciente del Nobel de Literatura 2023, en la que se aprecian varios de sus rasgos más notables, junto con una ambivalente capacidad alegórica y reflexiva que sugiere esperanza y confianza

Lleva cuatro décadas publicando libros –novela, ensayo, teatro, poesía– y treinta años recibiendo galardones en reconocimiento a su labor literaria. El premio más reciente y más conocido es el Nobel, concedido hace unos meses. Y uno de sus últimos libros –editado en su lengua original durante la primavera del año pasado– es precisamente este: Blancura. Es el católico noruego Jon Fosse (nacido en 1959), cuya calidad como autor ya comentaba en este periódico Fernando Bonete durante las «quinielas» del Nobel: Bonete apostaba por Fosse y acertó. El Nobel ha provocado que varias editoriales españolas se hayan puesto a toda velocidad a traducir su obra. En Sexto Piso reúnen en dos volúmenes su labor poética, y en Penguin están sacando a la venta un ingente número de novelas suyas.
Portada de 'Blancura', de Jon Fosse

Random House (Penguin, 2023). 96 páginas

Kvitleik (Blancura)

Jon Fosse

Blancura es buen título para conocer a Fosse. En primer lugar, porque es una novela –novela corta, o relato largo– recién sacada del horno, por decir de alguna manera, pero antes aún de recoger el Nobel. En segundo lugar –y siendo redundantes– por su brevedad. Hay que tener en cuenta que la brevedad es un rasgo de Fosse, si bien, en bastantes casos, sus libros se editan englobando varias historias en un único volumen. Aquí no: Blancura es una sola historia. Por otra parte, en Blancura hallamos muy subrayada una de las características de Fosse: su estilo de apariencia no literaria. Vamos a explicarlo: los relatos de Fosse, que suelen apoyarse en la primera persona como narradora no omnisciente, reproducen una suerte de monólogo que a algunos lectores españoles les podrá recordar aquella obra atípica de Miguel Delibes: Cinco horas con Mario. En este tipo de formato, el narrador no sigue un hilo cronológico exacto, sino que va avanzando mediante la incorporación de algunas reflexiones, o de divagaciones. En Blancura, por ejemplo, localizamos esta: «Probablemente nunca haya cometido un error como este, dejar mi coche atascado y luego ir a buscar ayuda al bosque, ¿cómo he llegado a pensar que iba a hallar ayuda en el bosque, en la profundidad y oscuridad del bosque?». En bastantes momentos, el lector se sentirá identificado con el narrador. No sólo con sus errores inconscientes y su insistencia en tal y cual detalle, sino, por ejemplo, cuando dice que hace días que no come caliente, porque, al vivir solo, al final uno deja de cuidarse, de cocinar, y se contenta con tomar algo de pan con fiambre. Entre narración en presente y en tiempos pasados, el narrador nos va contando de todo a lo largo de decenas de páginas que constituyen un único párrafo.
Como acabamos de señalar, el protagonista se queda atascado con su coche en el extremo de una pista forestal, cuando comienza a nevar y caer la tarde. ¿Por qué ha insistido en ir hasta allá, en vez de dar antes media vuelta? ¿Qué hacer entonces: dormir ahí, dentro del coche; salir a la aventura; ir andando hasta la carretera? ¿Qué pintamos en esta vida? La opción del narrador –una opción intuitiva, más bien, en la que la esperanza y la confianza no dejan solo al protagonista– lo conducirá a una serie de encuentros, recuerdos y experiencias donde la linde entre la vida y la muerte –o la noche y la alborada–, y lo que exista más allá de la muerte, no queda clara. Donde el silencio es elocuente, al contrario de lo que nos sucede fuera del bosque. Aparecen sus padres y dos presencias tan distintas como misteriosas, pero sugestivas. Sobre todo, la presencia de una agradable blancura que seduce y se antoja acogedora. Como asegura Lauren Groff en The Guardian, «Blancura puede leerse de muchas maneras: como un monólogo realista; como una fábula; como una alegoría reflexiva cristiana; como una pesadilla contada minuciosamente a la mañana siguiente … el pequeño milagro diario de la luz del día … Según avanza la lectura, el relato se convierte en un acorde con todas las posibles interpretaciones resonando a la vez».
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