Arbeloa. Muy interesante. Muy atrevido. Muy excitante
Que es cosa de las sensaciones, dicen. O sea que el equipo jugaba muy mal y es verdad. Y no se apreciaba mejoría ni por donde podía llegar. Bien ha jugado el Madrid sólo a fogonazos. Ratitos. Pero te cargas un proyecto de tres años.
Ojiplático estoy. Caminaba rapidito, a dos, tres grados y con viento de cara cuando sonó el teléfono. ¿En serio? ¿Pero no salió Xabi reforzado de la Supercopa?
Es lo que nos contaban ayer, en menos de 24 horas salimos de dudas. Su «dimos la cara» tras la final juraría que fue la puntilla. Que ya tenía el maestro en la mano. Hace días. Meses. Desde el 5-2 en el Metropolitano, septiembre.
Que es cosa de las sensaciones, dicen. O sea que el equipo jugaba muy mal y es verdad. Y no se apreciaba mejoría ni por donde podía llegar. Bien ha jugado el Madrid sólo a fogonazos. Ratitos. Pero te cargas un proyecto de tres años.
Mucha lesión, mucha baja, mucha cuesta arriba por ahí y también la certeza de que el equipo no mejoró en lo individual ni en lo colectivo. El último mal año no mostraba mejora. Estamos ante una de las peores versiones del Madrid en mucho tiempo. No puede extrañar el cambio.
Así termina pues uno de sus proyectos de banquillo más ilusionantes. Xabi Alonso era eso, la ilusión, la ruptura, el nuevo mundo que se abría después de Ancelotti y Zidane.
Y de que con el adiós de Modric se cerrara la segunda etapa más gloriosa en la historia del club. Seis copas de Europa en once años, una cada año y medio.
Llegaba una nueva etapa y el elegido gustaba. Era además, eso que se ha dado en llamar uno de los nuestros. La modernidad me suena a cursi, pero sí llegaba el entrenador joven más cotizado en Europa.
El entrenador capaz de ganarle al Bayern la Bundesliga y todo, cosa que así, a ojo, sucede una vez cada diez años. Y jugando muy bien con el Bayer Leverkusen.
¿Qué no es el Madrid? Ya. Xabi no acertó, tampoco quienes confeccionaron la plantilla, un lugar especial que en cosa de meses despidió a Kroos y a Luka. Los jugadores tienen lo suyo, claro. Es un fracaso colectivo muy gordo que ponen ahora en manos de Arbeloa. Muy interesante. Muy atrevido. Muy excitante.