Miguel Ángel Noceda, periodista económico y autor de Fiascos S.A. Los grandes fracasos empresariales de la democracia
Entrevista
Miguel Ángel Noceda: «La corrupción es un problema enquistado en todos los países»
Miguel Ángel Noceda es un periodista económico referente en nuestro país. Tras pasar por las redacciones de Cinco Días y El País, fundar La Gaceta de los Negocios y presidir la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE). Actualmente, es el presidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) y ha escrito su tercer libro: Fiascos S.A. Los grandes fracasos empresariales de la democracia.
Noceda atiende a El Debate para hablar sobre esta obra que recoge una selección de los casos que más huella han dejado en nuestro país desde la llegada de la democracia. Algunos son los mayores casos de corrupción, que han desembocado en procesos judiciales y que aún siguen sin resolverse.
— ¿Cuál cree que ha sido el mayor fiasco empresarial de todos los que narra en el libro?
— No me atrevería a elegir solo uno, porque todos los casos, con sus particularidades, tuvieron una gran repercusión. Por ejemplo, Rumasa, Banca Catalana y Banesto marcaron un antes y un después. Los dos primeros venían de la etapa franquista y estallaron en los primeros años de la democracia, cuando se empezaron a destapar muchas irregularidades. Banesto, por su parte, es especialmente significativo por su protagonista, Mario Conde, que apareció como un mesías financiero y terminó siendo condenado por enriquecerse mediante operaciones de ingeniería financiera.
Otro caso importante es el de Ibercorp, que, aunque movió menos dinero, tuvo un enorme impacto por las personas implicadas: el gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, y el síndico de la Bolsa de Madrid. También está el caso Terra. Muchos inversores destinaron su dinero para salir a Bolsa y en dos o tres meses colapsó.
Libro Fiascos S.A. Los grandes fracasos empresariales de la democracia
Ya en el siglo XXI, destaca el escándalo de Gescartera, que estuvo a punto de cargarse el segundo gobierno de Aznar y se saldó con la salida de la presidenta de la CNMV, Pilar Valiente, y del responsable de la Agencia Tributaria, Enrique Giménez-Reyna.
Otro ejemplo importante es Bankia, que fue creada por deseo expreso del Gobierno del PP de tener un gran banco aprovechando la restructuración de las cajas de ahorros. Después se llevaron a cabo operaciones que fueron juzgadas y por las cuales, el que era su presidente, Rodrigo Rato, acabó siendo juzgado y condenado. Más recientemente están Abengoa, que teniendo un potencial enorme en energía verde terminó en la nada por las malas decisiones de su dirigente, Felipe Benjumea; y el Banco Popular, que fue la entidad bancaria más rentable del mundo y se desmoronó por una mala inmobiliaria, y durante la crisis de 2008 se hundió, teniendo que intervenir la Unión Europea. Después acabó siendo adquirido por el Santander por un euro.
En el sector inmobiliario, casos como Martinsa-Fadesa, que nació con el objetivo de crear una gran inmobiliaria europea, pero ese crecimiento desmesurado no fue bien digerido por sus gestores y acabó yéndose a pique.
— Muchos de los protagonistas de estos casos han acabado condenados por corrupción. ¿Es este un problema enquistado en España?
— La corrupción es un problema enquistado en todos los países, no solo en España. Cuando hay oportunidades de enriquecimiento fácil, mucha gente cae en la tentación. Afortunadamente, no todos los empresarios ni todos los políticos son corruptos. La mayoría cumplen con sus obligaciones y actúan de manera ética.
Tarde o temprano, los responsables acaban siendo juzgados. Es una señal de que el sistema, aunque tarde, funciona
El problema es que los controles no han funcionado como deberían. Y cada vez que se hacen más estrictos, aparecen métodos más sofisticados para eludirlos. Es un círculo vicioso difícil de romper. Aun así, lo importante es que tarde o temprano, los responsables acaban siendo juzgados. Es una señal de que el sistema, aunque tarde, funciona.
— ¿Habría alguna manera de evitar que estos casos que cuenta en su libro se repitan?
— No soy experto en temas jurídicos, ni mucho menos, simplemente me limito a contar lo que ha pasado, y muchos casos son de ciencia ficción. No hay una fórmula mágica, porque cuando hay personas decididas a saltarse las normas, siempre encontrarán formas de hacerlo. Lo que vemos es que, pese a todo, los corruptos acaban siendo identificados y juzgados. Pero hay que seguir mejorando los controles, hacerlos más eficaces y adaptarlos a los nuevos tiempos.
— ¿Qué ha aprendido con este libro y qué cree que aprenderán los lectores?
— Con este libro yo he tratado de agrupar todos estos casos para que el lector, y sobre todo los más jóvenes, conozcan la historia de España en el mundo económico. Además, voy contando al mismo tiempo lo que iba pasando en España: la modernización del sistema bancario tras la entrada en la UE, la internacionalización de las empresas españolas, la profesionalización de la gestión empresarial.
El libro se centra en los fracasos, también hay que reconocer que muchas empresas han sabido adaptarse, han crecido, se han internacionalizado y hoy son referentes en Europa y en el mundo. Esa también es parte de la historia empresarial de España y debe reconocerse. Y el objetivo es ese: que los lectores conozcan la situación de lo que no se debe hacer y también de lo que se debe hacer.