Se masca la tensión en los Presupuestos: el Gobierno aprueba 20.000 millones más en gastos hasta julio
Me da la impresión que el 1 de enero de 2026 quedarán de nuevo prorrogados los del 2023, con lo cual estaremos en otra excepcionalidad política: un gobierno que funcionará cuatro ejercicios con el mismo presupuesto: 2023, 2024, 2025 y 2026
Cuando todas las negociaciones para la presentación a las Cortes de nuevos Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2026 parecen abocadas a un fracaso absoluto, el Gobierno sigue aprobando, semana a semana en los Consejos de Ministros de los martes, nuevos créditos presupuestarios, que obviamente conducen a un mayor gasto anual.
El Gobierno ha dicho que este año presentará Presupuesto Generales del Estado a las Cortes para su aprobación, pero para ello, según el artículo 15 de la Ley Orgánica 2/2012 de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, «el límite de gasto no financiero del Estado será aprobado por el Gobierno al inicio del procedimiento de elaboración de los Presupuestos Generales del Estado y este límite de gasto tiene que ser aprobado por el Congreso.»
Este límite de gasto o techo de gasto es condición previa y necesaria para iniciar la elaboración y tramitación del Proyecto de PGE. Sin esa aprobación parlamentaria, el Gobierno no puede enviar al Congreso el proyecto de Presupuestos, pero es que ni siquiera se ha llevado al Consejo de Ministros.
Y tal como se están sucediendo todos los acontecimientos parlamentarios, en los que el Gobierno no consigue aprobar nada de lo que tiene comprometido con Junts, me da la impresión que el 1 de enero de 2026 quedarán de nuevo prorrogados los del 2023, con lo cual estaremos en otra excepcionalidad política: un gobierno que funcionará cuatro ejercicios con el mismo presupuesto: 2023, 2024, 2025 y 2026.
Por eso es tan importante, mes a mes, denunciar lo que está pasando con nuestra Contabilidad Nacional y con nuestros Presupuestos Generales prorrogados, porque se está abusando, semana a semana, de la posibilidad de que el Gobierno apruebe sin ningún control nuevos créditos extraordinarios de gasto que suman, a 31 de julio, 20.000 millones más de gasto y cambios sustanciales entre las partidas aprobadas en el PGE de 2023.
Para que a todos nos quede muy claro, con los datos obtenidos del Ministerio de Hacienda, he elaborado este cuadro que nos lo explica con detalle:
Cómo podemos ver, el presupuesto cargado por Hacienda para el 2025, sin contar ni Activos, ni Pasivos Financieros, es decir, las Operaciones No Financieras, sumaban 249.330 millones. Siete meses después, en los sucesivos Consejos de Ministros se han aprobado créditos extraordinarios por importe de 19.976 millones y así el gasto no autorizado por el Congreso suma 269.305 millones.
Con cambios sustanciales en partidas, porque a parte de reducir el Fondo de Contingencia en 3.778 millones y las Transferencias de Capital para inversiones en 3.419 millones, se han tenido que subir en 13.781 millones las Transferencias Corrientes, en 5.638 millones las Inversiones Reales, fundamentalmente para Rearme, en 4.532 millones los gastos financieros, en 2.031 los gastos corrientes y 1.192 millones los de personal.
A cierre de julio se debería llevar contabilizado el 58,3 % de los créditos definitivos aprobados, pero solo se han contabilizado el 54,3 % y, eso sí, el déficit contable se ha disparado. El déficit contable se multiplica por dos en un solo mes y ha llegado a 39.420 millones que representan en solo 7 meses el 2,4 % de déficit, que extrapolado nos llevaría al 4,6 % a final de año.
En cuanto a los gastos en sí, hay muchas alarmas encendidas. La primera y más preocupante, los gastos financieros que iban muy por debajo del objetivo se han disparado ya hasta los 23.086 millones y supone el 64,4 % del crédito ampliado.
En cambio, en Inversiones Reales llevamos sólo contabilizados 3.793 millones, el 22,3 % de los créditos ampliados, y en Transferencias de Capital, que las hemos reducido, estamos solo al 35 %. Entre estas 2 partidas nos faltan a julio 15.000 millones que, de haberse ejecutado, hubiesen llevado el déficit contable a casi 55.000 millones y colocaría el déficit contable en un 3,3 %.
Todo lo que está pasando es consecuencia de que tenemos una brújula de la economía desimantada, que no apunta al norte, porque no sabemos lo que queremos, no hay un plan, no hay una estrategia, se vive al momento, no se planifica nada, con cambios de objetivos todos los días y nadie sabe a donde queremos llegar. Lo que está muy claro con estos números es de que vamos a un desastre mayúsculo.
Nadie conoce lo que se va a aprobar en el próximo Consejo de Ministros, ni cuanto va a ser, ni para que ministerio, ni en que partida de gasto. Que alguien me explique cómo, con una información así, alguien puede preparar de forma correcta un techo de gasto y unos presupuestos generales.
Estamos desnortados, sin brújula y, eso si, con unos gastos que no paran de crecer y que no tenemos ni idea de como va a terminar el año y, peor, que vamos a hacer en el 2026.