21 de enero de 2022

Imagen panorámica del Sector 6 de la Cañada, el epicentro de la droga en Madrid

Imagen panorámica del Sector 6 de la Cañada, en MadridR.M.

Madrid

¿La última noche?

El gitano corre que se las pela en la moto robada. Se estrella contra una furgoneta. Entra en el hospital y en coma. Su comunidad decide que la culpa la tiene la furgoneta y el conductor. Los propietarios de ésta deben abandonar su casa en la Cañada. Cuando la vuelvan a ver será un erial, arrasado y quemado, la venganza ciega.
Tienen dos alternativas, volverse a su tierra portuguesa o plantar cara. Uno ha sido paracaidista; otro, hombre de campo que para comer carne tenía que cazarla. Se juntan cinco, ni uno más. En la fiesta de Nochevieja de la comunidad gitana de la Cañada del Real se plantan en la nave donde los gitanos celebran su fiesta. Dos junto al guardarropa donde reposan las cacharras en los abrigos, dos en la puerta y otro en la barra. Éste pide una copa, la que sirve le mira sorprendida, otra raza, y se la pone. La tira y le pide otra. Así, tres veces. La provocación está servida. Más de doscientas personas en silencio, se oye respirar al vecino, la mirada fija en la barra.
El jefe del clan se acerca y pregunta qué pasa. El luso le contesta que la chica no sabe servir copas. El viejo sí sabe mirar, dos en el guardarropa impiden el paso a los que buscan sus hierros, dos en la puerta evitan la salida para solicitar refuerzos y uno en la barra es el interlocutor, o el primer muerto.
Hablan de la furgoneta, de la moto, los hijos del Preste Juan tienen las manos en las culatas y sus destinos en manos del Altísimo. El patriarca comprende y da su palabra de que el asunto se ha terminado ahí. No pasará nada más. Así es, cinco hombres abandonan la nave y la fiesta renace entre los gitanos de la Cañada del Real. Tras los cinco marchan las sombras orgullosas de los conquistadores de Cantón, de Brasil, de los estrechos de Ormuz y de Magallanes, del Preste Juan y la Isla de los Ángeles, de Angola y Mozambique.
Ningún periódico publicará la historia, es el encuentro de hombres de coraje, cinco contra doscientos, cien balas contra mil, cinco cuchillos contra dos centenares, el coraje ha vencido al número. Los bardos no cantan su heroísmo, los anales no recogen su hazaña, sencillamente una familia vuelve a su casa en la Cañada y la vida sigue.
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