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18 de abril de 2024

Conde-Pumpido, el candidato de Moncloa a presidir el TC: una toga marcada por el polvo del camino

Paula Andrade

Perfil

Conde-Pumpido, el cenit de la carrera de una toga marcada por el polvo del camino

El exfiscal general del Estado en la era de Zapatero ha sido elegido presidente del TC, tras imponerse a su compañera María Luisa Balaguer

«He procurado y seguiré procurando que la ley se aplique con rigor porque es la materialización de los valores democráticos. Pero también precisamente por eso, el vuelo de las togas de los fiscales no eludirá el contacto con el polvo del camino. Nuestra aproximación a la realidad social debe ser imparcial. Pero no ajena a esa realidad, sino profundamente comprometida en su transformación, de acuerdo con los objetivos de seguridad jurídica, democracia y paz social que establece la Constitución y concreta la ley», aseguraba el de 9 de junio de 2006 en Vitoria el entonces fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, durante el XXI Congreso de la asociación profesional Juezas y Jueces para la Democracia de la que él mismo había sido miembro fundador en 1984.
Desde entonces, la frase sobre las togas, su contacto con el polvo de camino y la convicción personal del jurista gallego sobre cómo el papel de jueces y fiscales pasa por interpretar la ley para transformar la realidad, circunscrita entonces al alto al fuego de la banda terrorista ETA, ha marcado su trayectoria posterior. No en vano, su carrera profesional como juez se fraguó durante «los años de plomo» en el País Vasco, como magistrado de la Audiencia Provincial de San Sebastián, entre los años 1981 y 1985.
Fue en dicha etapa cuando redactó la primera y polémica sentencia condenatoria a varios funcionarios de la Policía Nacional por un delito de torturas por los presuntos golpes propinados por estos a una sospechosa etarra, durante su detención en la Jefatura Superior de Bilbao. Durante este tiempo aprovechó para desarrollar su faceta más activista y fundar, junto al también magistrado y político Juan Alberto Belloch –nombrado ministro de Justicia del Gobierno de Felipe González, en 1993–, la Asociación pro Derechos Humanos en el País Vasco, la de Magistrados Europeos por las Libertades, y la actual asociación profesional Juezas y Jueces para la Democracia.

Afán de protagonismo

Cándido Conde-Pumpido Tourón (La Coruña, 1949) es hijo del prestigioso fiscal Cándido Conde-Pumpido Ferreiro y se licenció en Derecho, en Ciencias Económicas y Empresariales en la Universidad de Santiago de Compostela. Sus inicios como juez de primera instancia e instrucción se dividieron entre la localidad zamorana de Puebla de Sanabria y, posteriormente, de regreso a su tierra, en O Carballino, provincia de Orense.
Sin embargo, aquel juez de provincias comprometido con la Carrera, alimentó a su propio personaje desde su llegada a la Sala Segunda del Tribunal Supremo donde, haciendo gala de su formación como economista, optó por especializarse en delitos fiscales contra la Hacienda Pública y blanqueo de capitales que le llevarían a formar parte del grupo de magistrados que sentenciaron la intoxicación por el aceite de colza o el derrumbamiento de la presa de Tous. Si bien los casos más mediáticos llegaron de la mano de la «guerra sucia» contra ETA: como la condena al ex director general de la Guardia Civil Luis Roldán y al ex ministro del Interior José Barrionuevo por el secuestro de Segundo Marey.
Así las cosas, Conde-Pumpido alcanzó su máxima proyección profesional en abril de 2004 cuando, tras ser nombrado Fiscal General del Estado, durante dos mandatos, se convirtió en un defensor a ultranza de la cuestionada política antiterrorista del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, no sólo por el modo en que se condujo la tregua sino por cómo se relató el posterior abandono de las armas de ETA. Una posición que le granjeó importantísimas críticas y ataques. De esos polvos, estos lodos. Conde-Pumpido no ha demostrado nunca ser un magistrado afable, ni un jurista moderado.

No oculta su simpatía por el PSOE

Era el candidato de Moncloa a presidir el recién renovado Tribunal Constitucional que tendrá que decidir sobre las causas más polémicas del Gobierno. Se ha forjado la animadversión de un amplio sector de la Judicatura de nuestro país, y no sólo del ala conservadora, por sus desafortunados pronunciamientos en los que no ha ocultado su más que afinidad con el PSOE.
Cándido ha tejido su red de apoyos para asumir el cargo, desde principios del año pasado, y contando para ello con, al menos, un par de visitas a la Moncloa para lograrlo. Así las cosas, la entrada en escena de su compañera María Luisa Balaguer le complicó bastante sus aspiraciones, ya que la también veterana magistrada podía contar con el respaldo del bloque conservador de la Corte de Garantías. Pero se acabó imponiendo a ella.
Todavía resuenan con demasiada fuerza sus inoportunos comentarios hacia la sentencia de su compañero y, por entonces presidente, Pedro González-Trevijano, con la que el TC anuló el primer estado de alarma decretado por el Gobierno de Pedro Sánchez en la pandemia. «Es extravagante, propia de un lego y un jurista de salón», calificó Conde-Pumpido en unas anotaciones a pie de página en el borrador de su voto particular que se filtraron a la opinión pública a través de diversos medios de comunicación.
El magistrado y exfiscal general del Estado, no tuvo más remedio que disculpase y eliminar los comentarios de los que no había ni rastro cuando, finalmente, se conoció el contenido íntegro de su voto particular.
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