Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, antes de su reunión en el Congreso
Con los papeles cambiados
Sánchez y Feijóo no se han dicho la última palabra: volverán a reunirse en octubre
El líder del PSOE está esperando a que su rival fracase en la investidura, el Rey abra nuevas consultas y le designe como candidato. Entonces, Sánchez comenzará su propia ronda de contactos
Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo se despidieron este miércoles después de una hora de reunión, pero por poco tiempo esta vez. Habrá partido de vuelta entre ambos más pronto que tarde, aunque con los papeles cambiados. Y entonces Sánchez jugará a la ofensiva, dicen los suyos, con algo más que poner en la mesa que la renovación del CGPJ. Ocurrirá cuando el candidato del PSOE inicie su propia ronda de contactos para la investidura y llame al líder popular para reunirse. Será a lo largo de octubre, tras una fecha tan simbólica para el independentismo como el aniversario del referéndum ilegal del 1-O.
El PSOE está esperando, sin demasiada paciencia, a que Feijóo fracase en su intento de ser investido presidente los días 26 y 27 de septiembre para que llegue el turno de Sánchez. Una vez que la doble votación se produzca en el Congreso, el Rey abrirá nuevas consultas con los partidos y designará al candidato socialista.
Entonces, será Sánchez el que cite a Feijóo a una reunión de «normalidad institucional» y éste el que acuda; Sánchez el que hable y Feijóo el que responda. Entonces, el presidente en funciones podrá proponer al líder del PP que se abstenga, si tanto preocupa a los populares que la gobernabilidad dependa de Carles Puigdemont.
No sería la primera. Fue exactamente lo que hizo en diciembre de 2019, durante las negociaciones para su anterior investidura. El día 16 de ese mes se reunió en el Congreso con Pablo Casado y pidió al que fuera jefe de los populares que no se opusiera a su designación por la Cámara. La respuesta que obtuvo de Casado fue la misma que obtendrá de Feijóo si insiste en lo mismo: no.
Pedro Sánchez y Pablo Casado, en una reunión con motivo de la investidura del primero
También entonces, como candidato a la investidura, Sánchez abrió una ronda de contactos telefónicos con los presidentes de las comunidades, incluido el catalán Quim Torra. E incluso con el de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), el vigués Abel Caballero.
Ahora, por el contrario, que Feijóo quiera hablar con los presidentes regionales que deseen hacerlo es una de las críticas que los socialistas vienen haciendo al candidato del PP. «No hay que convencer a la sociedad civil. La ciudadanía ya ha hablado. A los que hay que convencer es a los grupos parlamentarios», señalan desde el equipo de Sánchez.
El PSOE no ahorró en calificativos antes del encuentro entre Sánchez y Feijóo –«paripé», «folclore», «pérdida de tiempo»– y tampoco después. La portavoz del partido, Pilar Alegría, se mofó de que quien venía a derogar el sanchismo ahora ruegue al sanchismo que le deje gobernar. Al menos no llamó al líder popular «babosa», como sí lo hizo el coportavoz de Podemos, Pablo Fernández, que tildó de «dantesco y patético» que se arrastre así para intentar gobernar.
Los socialistas están difundiendo la teoría de que la oferta de una legislatura de dos años por parte de Feijóo es la prueba palmaria de que está preocupado por su futuro. Porque sabe –siempre según el PSOE– que el melón del liderazgo del PP va a abrirse en cuanto Sánchez y Yolanda Díaz logren reeditar su coalición de gobierno. Y que ya hay dirigentes del PP calentando «en boxes».
El martes, la portavoz del Ejecutivo señaló que el deseo del Gobierno es que haya un Gobierno a pleno funcionamiento, y no en funciones, «cuanto antes». No obstante, desde el entorno de Sánchez no quieren hablar de plazos porque argumentan que eso es «adelantar acontecimientos». Dado que falta que Feijóo pierda la votación, que Felipe VI designe a Sánchez y, luego ya, llegará su turno.
Eso en lo oficial. Porque, extraoficialmente, los contactos del PSOE y Sumar entre ellos, y de ambos partidos con el resto de los socios actuales y potenciales, llevan todo el verano produciéndose. Con la amnistía como piedra angular de las negociaciones, como ya reconocen abiertamente todas las partes.
Este jueves, Junts inicia el curso político con una reunión de su Ejecutiva en Altafulla, Tarragona. Se celebrará a puerta cerrada y sus participantes tendrán que dejar los móviles fuera obligatoriamente. El secretismo es máximo, aunque el partido seguirá deshojando la margarita durante aún muchas semanas.
Como ya contó El Debate el domingo, la jugada de Sánchez pasa por ofrecer a Puigdemont ese borrado penal a cambio de que facilite la investidura, pero en este momento no transigirá con ningún tipo de consulta de autodeterminación. Si el líder de Junts se empeña en exigir un referéndum, Sánchez irá a una repetición electoral el 14 de enero con –según los suyos– media campaña hecha. Se presentaría como el presidente que fue magnánimo con el independentismo catalán y estuvo dispuesto a borrar la página del 1 de octubre y sus consecuencias penales, pero que a su vez no cedió en la integridad de la nación española.