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25 de febrero de 2024

El 'estafador del amor', Albert Cavallé, durante el juicio

El 'estafador del amor', Albert Cavallé, durante el juicioEuropa Press

Sucesos

Así actuaba Albert Cavallé, el estafador del amor, que pasa sus primeros días en prisión

Permanecía escondido tras ser condenado, pero esta semana se ha entregado

Es un absoluto seductor: rey de la mentira y embaucador profesional. Para enamorar a mujeres y sacarles el dinero se postulaba en redes sociales como abogado, inversor, cirujano e hijo de los dueños de una reconocida y prestigiosa clínica de Barcelona. De aspecto agradable, flequillo rebelde y cuerpo trabajado, las iba conquistando de una en una o a pares, no despreciaba a ninguna potencial víctima.
En noviembre de 2015 conoció a María (nombre ficticio). Siempre a través de una red social. Albert logró arrancarle una cita. Sonrió y la envolvió en palabras. Ella se traga que estaba ante un letrado e hijo de empresarios millonarios. A María el corazón le palpitó. No se podía imaginar como podía haber tenido tanta suerte. Ella le confesó que vivía en España de forma irregular y él, solicitó, se ofreció enseguida a ayudarla. Su primer encargo fue abrirle una cuenta en un banco. Albert le guiño un ojo y le dijo que con los contactos de su madre estaba chupado. Ella feliz le acompañó a una sucursal y le entregó en mano mil euros. Le esperó fuera y cuando salió se creyó que el dinero estaba en su cuenta nueva, en lugar de en el bolsillo del joven estafador del amor que era en realidad donde se escondía.

Problemas de residencia

Días después Albert Cavalle le ofreció a María la posibilidad de solucionarle sus problemas de residencia. Ella enamorada hasta el tuétano le cedió los dos mil euros que le explicó que necesitaba para regularizarla. El tiempo descubrió sus mentiras. El amor se debilitó y los ojos se fueron abriendo. María comenzó a pedirle explicaciones. Él dejó de cogerle el teléfono y la bloqueó para que no le mandase mensajes tampoco.
Poco después conoció a Cristina (nombre ficticio). A ella le dijo que era inversor e hijo de empresarios. Se citó con ella y poco a poco comenzó a acariciar su corazón, pues el joven y su contexto le gustaron. Tanto que cuando la besó por primera vez ella le recibió encantada. Y cuando le pidió que fuesen pareja, respondió que sí con los ojos brillándole de felicidad. Cuando estaba bien macerado el engaño le tendió la trampa. Le confesó que tenía problemas financieros: se trataba de un problema de tesorería. Su dinero estaba en cuentas de Panamá y no podía acceder a él.
Cristina le creyó cuando le prometió que se lo devolvería: por eso le entregó 10.500 euros. Para que se siguiese tragando el embuste y mantener la sensación de solvencia, Albert invitó a Cristina a pasar dos noches románticas en el hotel Barcelona Princess: un lujoso hotel de cuatro estrellas en plena Diagonal. No lo pagó él, sino que se hizo pasar por otra persona y le cargó los gastos a su cuenta.
No siempre les prometía amor eterno y ser el padre de sus hijos. Otras veces simplemente se trataba de una noche de amor. Le pasó a Julia que se lo llevó a casa y cuando a la mañana siguiente se fue a trabajar por educación lo dejó allí durmiendo: error. Albert, cutre hurtador, le hizo una foto a su DNI y tarjeta de crédito que después usó para hacer una reserva en el hotel Catalonia Paseo de Gracia.

Supuestas cuentas en Panamá

En esa época sedujo a otra mujer a la que, con el cuento de las cuentas en Panamá bloqueadas, le sacó 49.000 euros. Cuando ella empezó a reclamarle él le dio la espalda. La lista de víctimas siguió creciendo, pero, de momento, no podrá seducir a más mujeres: Albert está en la cárcel. Fue condenado en un juicio como autor continuado de un delito de estafa a un año y nueve meses de prisión y otro delito de hurto a seis meses de prisión. Además deberá devolver todas las cantidades que las mujeres le entregaron. Le costó aceptar la sentencia y se escondió, pero esta semana se ha entregado y ha ingresado en prisión: él, su chulería y sus mentiras.

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