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Pedro Sánchez este miércoles, accediendo al hemiciclo del Congreso

Pedro Sánchez accediendo al hemiciclo del Congreso, en una imagen de archivoEFE

A la desesperada

Sánchez intenta ganar tiempo hasta febrero cerrando el Congreso y dejando Moncloa al ralentí

Quiere comerse las semanas de diciembre y enero como fichas del parchís y plantarse en la segunda semana de febrero. Para no tener que responder ante sus socios, ya no digamos ante la oposición

Tras la entrada de José Luis Ábalos en prisión, el bloqueo de Junts a la legislatura y la pérdida de cualquier opción de sumar mayoría parlamentaria para el Gobierno sin el voto del exministro y sin los de Carles Puigdemont en la ecuación, toda la estrategia de Pedro Sánchez se basa en ganar tiempo. En mantenerse en la Moncloa al ralentí, pero mantenerse, al fin y al cabo.

Para ello es vital que el Congreso tenga actividad mínima, y los socialistas ya han atado ese cabo suelto. Tras el Pleno de esta semana, en el que la senda de estabilidad de María Jesús Montero fue derrotada por un contundente 165-178 en la votación, solo habrá un Pleno más en las próximas diez semanas: el de la semana del 9 de diciembre. A partir de entonces, cerrojazo a la Cámara Baja hasta la segunda semana de febrero.

La intención del Gobierno es llevar nuevamente los objetivos de deuda y déficit al Congreso en esa segunda semana de diciembre, puesto que la ley establece que deben someterse a votación dos veces antes de darlos por decaídos y poder elaborar los Presupuestos con los que estén en vigor. En este caso, los de 2022. Y, luego ya, si te he visto, no me acuerdo hasta febrero, cuando el Consejo de Ministros tiene pensado aprobar las cuentas públicas de 2026 y llevarlas a la Cámara Baja, aun sin tener ninguna posibilidad de prosperar. Al menos, no hoy por hoy. Febrero es también el mes que se ha fijado Montero públicamente para presentar a las comunidades un nuevo modelo de financiación autonómica y aprobar en el Consejo de Ministros en segunda lectura la quita de la deuda a las autonomías del régimen común.

Armengol, siempre presta

El calendario y Francina Armengol -mitad y mitad- se han aliado con Pedro Sánchez. En diciembre siempre hay dos plenos, los de la segunda y la tercera semana. Y generalmente van muy cargados, porque son los plenos escoba de fin de año. Siempre y cuando haya un Gobierno que legisle. Sin embargo, en esta ocasión, como hay elecciones en Extremadura el 21 de diciembre, la Mesa del Congreso decidió a mediados de noviembre eliminar ese Pleno del calendario ordinario. Es normal cuando hay comicios en cualquier autonomía. Pero lo anormal es que ese Pleno no se haya fijado otra semana en compensación, como reclamó la oposición en vano.

Francina Armengol y su vicepresidente, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis

Francina Armengol y su vicepresidente, Alfonso Rodríguez Gómez de CelisEFE

El PP y Vox pidieron en la Junta de Portavoces que, a cambio, hubiera Pleno la primera semana diciembre (las primeras semanas de mes no suele haberlo), como lo habrá en el Senado, donde los populares tienen mayoría absoluta. Armengol se opuso. Después solicitaron a la presidenta del Congreso que, al menos, habilitara una semana de enero para un Pleno. Enero es un mes inhábil en el calendario ordinario de sesiones, pero si al Gobierno de turno le interesa es muy común fijar un Pleno extraordinario, o incluso dos. Por ejemplo, para convalidar algún real decreto ley que el Consejo de Ministros hubiera aprobado en los últimos compases del año (el Gobierno siempre dispone de 30 días para someterlo a su convalidación en la Cámara Baja). Armengol tampoco aceptó.

Si no hay plenos, no hay actividad legislativa del Gobierno; no hay proposiciones de ley, proposiciones no de ley, mociones ni interpelaciones de los grupos parlamentarios; no hay sesiones de control de la oposición al presidente y su Ejecutivo… Ojos que no ven.

De esta manera, a la chita callando, el presidente quiere comerse las semanas de diciembre y enero, como quien come fichas del parchís y plantarse en la segunda semana de febrero. Para no tener siquiera que responder ante sus socios. Y ya no digamos ante la oposición, que le reclama insistentemente que convoque elecciones. Más aún después de que este jueves ingresaran en Soto del Real, Ábalos y Koldo García, solo ocho días después de que el tercer ocupante del Peugeot, Santos Cerdán, abandonara esa misma prisión.

No obstante, entre medias hay citas y circunstancias al margen del Parlamento que van a seguir provocando vías de agua en el barco sanchista. Una es la posibilidad de que José Luis Ábalos y Koldo García se avengan a contar al juez lo que han venido callando. Otra es la inminente publicación de la sentencia contra el aún en funciones fiscal general del Estado, después de que la izquierda haya criticado con vehemencia el fallo del Tribunal Supremo sin conocer sus fundamentos.

También están las elecciones extremeñas del 21 de diciembre, a las que el PSOE concurre con un candidato que en febrero se sentará en el banquillo junto al hermano de Sánchez. Sin olvidar la investigación del juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno sobre la contabilidad del PSOE, partido al que el miércoles dio diez días de plazo para que le detalle todos sus pagos en efectivo entre 2017 y 2024. Y las instrucciones del caso Begoña, el de Leire Díez y el caso de las mascarillas y el de hidrocarburos.

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