Un padre con su bebé recién nacido
Diez consejos para padres primerizos respaldados por la ciencia (y la experiencia)
La llegada del primer hijo transforma profundamente la vida de los padres. Y con algunas claves prácticas y bien fundamentadas, el desconcierto de los primeros días puede dar lugar a una etapa inolvidable de crecimiento personal y familiar
Sostener por primera vez el cuerpecito, tierno e indefenso, de un primer hijo recién nacido, sentir su olor y la inmensa necesidad que a partir de ese momento tendrá de ti, es una experiencia abrumadora, plena, transformadora y radicalmente diferente de cualquier otra que pueda vivirse. Pero también es el inicio de un modo de vida nuevo, lleno de amor, de dudas, miedos, alegrías y aprendizajes, para los que no siempre los padres primerizos se encuentran preparados.
Y aunque el primer impacto de la paternidad suele estar marcado por el agotamiento, las dudas y un sinfín de consejos contradictorios, no todo es caos: hay prácticas probadas que pueden ayudar de forma real y concreta.
Lo más importante: tu presencia
Porque el factor determinante no es tanto qué se hace, como quién lo hace: «Lo más importante para el desarrollo del bebé no es hacer todo perfecto, sino que sus cuidadores estén disponibles emocionalmente y aprendan a reparar sus errores», afirma la psicóloga norteamericana Becky Kennedy, autora de Good Inside: Educar sin miedo.
Así, más allá de las recomendaciones que dan –a veces con más buena intención que acierto– las abuelas, madres y suegras, varios expertos y estudios recientes señalan las principales pautas que pueden ayudar a los padres primerizos a navegar esta nueva etapa con mayor seguridad.
1. Confía en tu instinto, pero infórmate
Tu hijo es, ante todo, responsabilidad de su padre y de su madre. Por eso, como señala el reconocido neuropediatra Daniel Siegel, aunque los consejos ajenos pueden ser útiles, «la intuición natural es un recurso muy valioso». Sin embargo, conviene acompañarla de conocimientos sólidos. Puedes apoyarte en fuentes fiables como el blog En Familia de la Asociación Española de Pediatría, que ofrece información práctica y actualizada para cada etapa.
2. Cuida tu relación de pareja
Aunque el cuerpo os pida a ambos volcaros en el bebé, es mejor hacerlo con la certeza de que el otro está ahí para cuidarte también a ti. Porque la llegada de un hijo puede desgastar mucho el matrimonio. Reservar tiempo en pareja para hablar, compartir, desahogarse, reírse de uno mismo y escucharse mutuamente ayuda a evitar distancias emocionales. La Universidad de Denver destaca que cuidar la comunicación en pareja durante el primer año de vida del bebé mejora la satisfacción conyugal y la salud física y mental tanto del recién nacido como de sus padres.
3. No todo llanto es hambre
El llanto no siempre significa que el bebé tenga hambre. Puede tener frío, sueño, estar incómodo, necesitar un cambio de pañal o simplemente sentirse desamparado y necesitar contacto. Y el oído atento de un padre, también de uno primerizo, puede llegar a identificar los tipos de llanto. De ahí que un estudio de la británica Universidad de Durham haya demostrado que la sensibilidad del cuidador al interpretar estos signos favorece el vínculo de apego seguro.
4. El sueño también se entrena
No existe una fórmula mágica, pero la regularidad en las rutinas y la paciencia ayudan. Y no hablamos sólo del sueño del bebé, sino del tuyo. Según la Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos, establecer horarios, rituales (como canciones o paseos) y condiciones similares cada día favorece la consolidación del ritmo circadiano desde las primeras semanas del pequeño. Y cuando las tomas de leche o los cólicos te impiden dormir por la noche, es esencial crear momentos para descansar: usar antifaz (nunca tapones), o practicar ejercicios de respiración relajante puede ayudarte a dormir en cualquier momento del día.
5. Crea vínculo piel con piel
Desde el nacimiento, el contacto piel con piel reduce el llanto, estabiliza el ritmo cardíaco y favorece la lactancia, incluso en bebés muy prematuros. Así lo indica un análisis publicado en la revista científica Acta Pediátrica, de Noruega. Una práctica que no es sólo recomendable justo después del parto, sino durante todo el primer año de vida del bebé... y que brinda momentos preciosos de conexión emocional entre padres e hijos.
6. Divide tareas desde el principio
El reparto de trabajo doméstico y la división de tareas no es solo un asunto práctico, sino también emocional. Porque «la corresponsabilidad desde el inicio favorece la conexión con el bebé, y también entre los padres, al tiempo que reduce el riesgo de depresión posparto en ambos progenitores», apunta un metaanálisis publicado en Jama Pediatrics y coordinado por la psiquiatra Daisy Rada Singla.
7. Pide ayuda sin vergüenza
Los padres primerizos tienen «permiso especial» para parecer inexpertos, histéricos y exagerados. Y no hay que temer parecer novatos ante la familia, los amigos, los compañeros de trabajo o los médicos. Querer hacerlo todo solos, o tratar de minusvalorar un problema con un recién nacido puede agravar la situación rápidamente.
Por eso, contar con una red de apoyo mejora el bienestar familiar, e incluso, según un paper de la Universidad de Harvard, las madres que se sienten acompañadas emocionalmente durante la crianza presentan menores niveles de ansiedad, depresión y alteraciones cerebrales.
8. No compares a tu bebé con otros
Cada niño sigue su propio ritmo. La Asociación Española de Pediatría insiste en que incluso las tablas de desarrollo (percentiles) son orientativas y que la variabilidad es completamente normal.
9. Filtra las redes sociales
Las imágenes idealizadas de la paternidad que muestran las redes sociales pueden generar una presión innecesaria. Un estudio multidisciplinar publicado en Papeles de Psicología advierte de los efectos del «síndrome de la madre perfecta», que afectan también al padre y pueden generar ansiedad, depresión posparto e incluso riesgo de suicidio.
10. Disfruta del momento
Con los niños pequeños, las tardes se hacen largos pero los años se hacen cortos. Y como escribe la pediatra norteamericana Meg Meeker, «los padres no están llamados a controlarlo todo, sino a amar sin medida». Dormir en brazos al bebé, reír juntos, bañar al pequeño, incluso cambiarle el pañal o darle la papilla son momentos que, aunque puedan ser cansados, sólo duran uno o dos años, y brindan momentos irrepetibles.
Porque, como enseña la evidencia científica, y sobre todo la experiencia y el sentido común, en la paternidad no se trata de hacerlo todo bien, sino de aprender a amar en lo cotidiano... como sólo un padre primerizo puede hacer.