La literatura ha mostrado los muchos matices de la figura paterna
Padres de libro: cuatro obras imprescindibles de la literatura para valorar la paternidad
La filóloga Mar Velasco ha publicado en el último número de La Antorcha –la revista gratuita de la ACdP– cuatro modos de aproximarse a los padres a través de obras inmortales
Paternidades hay casi tantas como hijos, y la literatura ha dado buena cuenta de ello a lo largo de los siglos. Para descubrir, disfrutar y profundizar en ellas, a fin de poder rescatar para nuestra propia paternidad –o filiación– cuanto de bueno y aprovechable encontremos, la filóloga Mar Velasco ha publicado en La Antorcha –la revista de suscripción gratuita que edita la ACdP– cuatro indispensables «padres de libro».
Como explica Velasco, «la literatura, que no puede sustraerse a las necesidades del hombre, como tampoco puede hacerlo el propio hombre (recordemos lo que escribió Publio Terencio Africano en el año 165 a.C: 'Soy un hombre, nada de lo humano me resulta ajeno'), ha abordado el tema de la paternidad en infinidad de ocasiones».
Desde «los padres fatídicos de profundos dilemas morales en la tragedia griega», pasando por «la traición y vulnerabilidad de los padres en las obras de Shakespeare», hasta llegar a «los padres protectores y moralmente íntegros como el de Cormac McCarthy en La carretera o Henry Nouwen en El regreso del hijo pródigo», sin olvidar «el trayecto demoledor de Willy Loman en La muerte de un viajante de Arthur Miller», la figura paterna «ha evolucionado a lo largo de los siglos para mostrar una amplia gama de emociones y responsabilidades», apunta la autora.
Y de entre los muchos libros a los que se podría acudir, Velasco selecciona cuatro, muy diferentes entre sí, en los que «encontramos distintas perspectivas y enfoques en torno a la cuestión de la paternidad. Porque paternidades hay muchas –quizá casi tan diversas como hijos haya en el mundo– aunque al final lleguemos a la conclusión de que, en el fondo, todas ellas confluyen en el amor».
Matar a un ruiseñor (Harper Lee)
«Si citamos Matar a un ruiseñor, la mayoría de los lectores recordará la famosa película homónima (Robert Mulligan, 1962), interpretada por Gregory Peck. Pero esta película no habría sido posible sin la novela en que está basada, escrita por Harper Lee y publicada en 1960. Cualquier momento es bueno para regresar a esa pequeña ciudad del sur de Estados Unidos y conocer el caso de un hombre negro acusado (sin pruebas) de violar a una mujer blanca. Aquí emerge la figura de Atticus Finch, que se hace cargo de la defensa del hombre, pese a los muchos problemas que deberá soportar por ello. Nuestro foco está en Atticus, padre de la pequeña Scott –la voz narrativa de la historia– y Jem. La madre de los niños falleció cuando Scout era muy pequeña y Atticus cría a sus hijos con la ayuda de Calpurnia, el ama de llaves de la familia, que también juega un papel importante en su educación y cuidado. Finch se muestra ante sus hijos, y de paso ante los lectores y espectadores, como una figura honorable que defiende la verdad y la justicia ante cualquier otra consideración. Un padre honesto que no duda en ser ejemplo de amor al prójimo y de la defensa del más vulnerable», recomienda Velasco.
El Padre Brown (G.K. Chesterton)
«¿Quién a estas alturas no conoce al genial padre Brown? Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) es uno de los escritores católicos más universales, creador de este gran personaje protagonista de más de cincuenta relatos, recopilados en cinco volúmenes que fueron publicados entre 1911 y 1935. El padre Brown es un sacerdote católico rural, inteligente, humilde y perspicaz, que oficia como detective aficionado. Es observador y compasivo, y como buen sacerdote, a diferencia del habitual detective, no solo persigue al culpable, sino que además se preocupa por él, intenta comprender su motivación y reconducirlo hacia el buen sentido. Si lo rescatamos para esta selección es porque, aun no siendo un padre biológico, el padre Brown es sin duda padre espiritual y moral, un hombre sabio que ilumina al lector (religioso o no) en la búsqueda de la virtud y del bien. En estas historias destacan, además, otras figuras paternas muy diversas que dejan una huella positiva en sus hijos. El padre Brown es, en fin, uno de esos personajes redondos y carismáticos que no se olvidan», explica.
Padres destronados (María Calvo)
Mar Velasco apunta en La Antorcha que «María Calvo aborda en este ensayo el nuevo paradigma en que vivimos, marcado por la crisis de la paternidad. Calvo analiza y denuncia el problema del padre que va perdiendo importancia a la hora de guiar a sus hijos en el equilibrio personal, un efecto secundario de la emancipación de la mujer de hoy. La autora de obras como La masculinidad robada o Alteridad sexual se enfrenta aquí a las consecuencias de lo que ella define como 'una sociedad confusa', en la que se vive 'una especie de confabulación de lo maternal contra el varón de manera que el hombre se ve obligado a adoptar modelos femeninos y solo se ve aceptado en la medida en que adopte el papel de mamá bis'. El hombre, en definitiva, está siendo relegado a un segundo plano, cuando no se presenta como 'prescindible' en ciertos entornos. Un análisis controvertido que la autora enfoca con empatía hacia esos padres que se sienten desplazados en la educación de sus hijos, para menoscabo de su autoestima. Los hijos, concluye Calvo, han de verse representados en la figura de un padre que les aporte equilibrio y participe de lleno en su educación».
El Diario Down (Francisco R. Criado)
«¿Qué ocurre cuando en una familia, de forma inesperada, hace aparición la discapacidad en el primer hijo que viene al mundo? Este es el relato descarnado, en forma de diario y a corazón abierto –tanto como el de su pequeño en la mesa de operaciones– de un padre sobrecogido por el misterio de la vulnerabilidad de un hijo con síndrome de Down. Un hombre frente a una vida que no esperaba, que nunca supo imaginar. Porque mientras uno espera a su primer hijo, quién es capaz de proyectar una discapacidad, quién es capaz de amar a ciegas, quién es capaz de aceptar. Esta es la voz de un hombre que escribe para salvarse. Un padre que descubre que, como decíamos antes, al final, todo confluye en el amor», explica Velasco a propósito de este libro del colaborador de El Debate, Francisco Rodríguez Criado.
Y concluye con unas palabras del propio autor: «Ojalá los lectores encuentren en estos escritos, al margen de su mayor o menor proximidad al síndrome de Down, un pequeño motivo de alegría, una ayuda, cierta compañía, una minúscula pero incesante luz, algo. Si hallan en estas líneas la mitad de lo que a mí me aportan, daré mi tiempo por bien empleado».